UNA PRESENTACIÓN (MUY PERSONAL) DE MIS ESCRITOS

 

Contenido:

PRIMERA PARTE - VIVENCIAS, MOTIVACIONES Y EXPERIENCIAS

       Por qué esta presentación.

       Algo sobre mi infancia, adolescencia y formación.

       Estudios e intensa actividad social.

       Mi relación con el pensamiento marxista.

       Cómo viví el golpe militar.

       La necesidad de volver a comenzar y la decisión de repensarlo todo.

       Regreso a Chile y encuentro con la economía popular y solidaria.

SEGUNDA PARTE – LAS OBRAS

- Secuencias, Niveles y Sentidos.

LA ECONOMÍA SOLIDARIA Y LA TEORÍA ECONÓMICA COMPRENSIVA.

Introducción.

El comienzo de la investigación: los dos primeros libros.

Tres libros de análisis, reflexión y debate.

El descubrimiento del Factor C.

Cursos y libros de formación y capacitación.

La estructura y la lógica de la investigación teórica.

Los libros que desarrollan y exponen la "teoría económica comprensiva".

De la ciencia económica a la estructura del conocimiento que denomino ‘teórico comprensivo’.

CIENCIA DE LA HISTORIA Y DE LA POLÍTICA.

Introducción

Dos libros escritos en Italia “a partir de Gramsci”.

Desarrollo temático y difusión de la Ciencia de la Historia y de la Política.

Dos Libros, un Curso y un Programa de Formación.

FILOSOFÍA – HACIA NUEVAS ESTRUCTURAS DEL CONOCIMIENTO.

Introducción.

Cuatro libros de Filosofía.

La obra literaria (o de ficción)

 

                                                                       * * * * *


Por qué esta presentación.

 

Me es difícil realizar esta presentación porque en ella debo exponer vivencias, experiencias y pensamientos íntimos, necesarios para explicar el sentido de la búsqueda teórica y práctica que realizo desde hace 50 años. Si alguien creyera ver auto-referencia y complacencia desmedidas en el hecho de escribir sobre ‘mi obra’ tal como la veo, valoro y aprecio, me importa aclarar que me mueve la intención de facilitar las búsquedas que quieran hacer en ella quienes se interesen por conocerla mejor de lo que ha sido hasta ahora.

En todos estos años he evitado en cuanto me ha sido posible la exposición pública o cualquier forma de notoriedad, negándome habitualmente a conceder entrevistas, a hacer 'lanzamientos' de mis libros, a buscar quienes los reseñen y comenten, a participar en concursos y a realizar otras actividades y costumbres normales y convenientes para que un trabajo intelectual pueda difundirse ampliamente. Las publicaciones y cursos los he realizado con la máxima autonomía, en las pequeñas entidades en que yo mismo he sido organizador: el Programa de Economía del Trabajo, la Universidad Bolivariana de Chile y Univérsitas Nueva Civilización, y en consecuencia fuera de los circuitos académicos, editoriales y comerciales.

No estoy seguro de que esta opción por la autonomía en la difusión de mis trabajos haya sido la mejor; pero fue una opción consciente y que seguí con coherencia, sacrificando las que pudieran haber sido mejores instancias de difusión. Pero sé que ha sido una opción importante en función de la obra misma, en cuanto el hecho de que mis libros y cursos no hayan sido muy reconocidos y difundidos me ha permitido concentrarme en escribirlos y realizarlos, exigiéndome alcanzar en ellos la más alta calidad de la que fuera capaz. Pienso que si hubieran sido apreciados y alabados hubiera probablemente creído que estaban ya al nivel en que eran necesarios. Y los resultados hubieran sido ciertamente inferiores. Y quizás me hubiera desviado de la tarea que me había impuesto, cuya realización requería concentración y dedicación intensas.

Escribo ahora esta Presentación pensando que he completado la obra que me propuse realizar hace casi medio siglo, cuando tuve la intuición intelectual, y diría que también espiritual, de que la tarea histórica del presente era (y sigue siendo) la de iniciar la creación de, y el tránsito hacia, una nueva civilización. Tarea gigantesca, la más fantástica y magnífica que podamos plantearnos los seres humanos, y cuya realización involucra a varias generaciones. Tarea que implica repensar y reorganizar la economía, la política, la educación, la ciencia, inventando y desarrollando un nuevo modo de vivir, de pensar, de sentir, de relacionarnos, de actuar; un nuevo modo de ser humanos. Tarea creativa por excelencia, que si bien se fundamenta y construye sobre todo lo que ha realizado antes la sociedad, bien merece ser entendida como creación de una nueva economía, de una nueva política, de nuevas ciencias, de una nueva educación.

Una nueva civilización requiere una nueva estructura del conocimiento, de la comunicación y de la proyectación. Por tanto, debe ser concebida a partir de nuevas ciencias; e implica, también, una nueva concepción del mundo, de la vida y del propio ser humano; y supone el progresivo despliegue de una ética y de una espiritualidad renovadas profundamente.

Procesos, todos estos, que se convierten en tareas que debemos realizar nosotros mismos, porque no caen del cielo ni responden a un diseño prefijado por el destino o por la historia.

Cuando comprendí que era necesario crear una nueva civilización, me puse a cumplir la tarea, sin prestar atención a la desproporción absoluta entre la magnitud de la obra y la limitación de mis capacidades y medios. Pero habiendo leído cuando era muy joven Ciudadela de Antoine de Saint Exupéry, sabía que lo importante es el sentido – significado y dirección – de lo que uno hace, y que una civilización no se cumple en la vida de un hombre sino que requiere muchas generaciones y el trabajo de muchísimas personas. Y si se trataba de la ‘tarea histórica del presente’, podía confiar en que muchas otras personas estarían ya trabajando en ello, y muchas más se pondrían pronto a hacerlo.

Así, siendo joven y con espíritu juvenil, comprendí que me competía realizar mi parte en esta obra colectiva que engloba a la humanidad entera. Y desde entonces, mientras he venido realizando mi parte, he podido comprobar cómo el mundo avanzaba y avanza en un proceso multifacético y magnífico de transformaciones a través de las cuales percibía y percibo que, mientras por un lado se están agotando y entrando en agonía las ya viejas estructuras de la civilización moderna, se están por otro lado construyendo las bases materiales y tecnológicas necesarias para que pueda crearse y surgir esa nueva civilización, que abra a la humanidad nuevos horizontes.

 

Ese proyecto intelectual me atreví a expresarlo en 1984, en el primer párrafo de un libro en que expliqué la tarea que me había propuesto: “Este Libro Primero de la obra Economía de Solidaridad y Mercado Democrático es la continuación de un estudio iniciado en Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado, tendiente a analizar críticamente las potencialidades que tengan distintas formas de acción y organización de la sociedad civil, para desarrollar fuerzas propias y autónomas de respuesta a la crisis económico-social contemporánea, y de transformación histórico-política. Ello enmarcado en un proyecto intelectual más vasto, orientado a la búsqueda de una nueva estructura de la acción transformadora, capaz de integrar un sistema coherente de actividades tendientes a la democratización de la economía y del mercado, de la política y el Estado, del conocimiento y de la ciencia”. Ocho años antes nos habíamos ya planteado e iniciado esta tarea con Pasquale Misuraca, en la investigación que quedó registrada en los libros que después publicamos con el título La Travesía, Libros Primero y Segundo.

Hoy creo haber completado en lo esencial esa obra intelectual que me propuse, lo mejor que me fue posible. Ha sido una elaboración que me atrevo a calificar de ‘orgánica’, y que he expuesto en diferentes medios – libros, ensayos, artículos, cursos, conferencias, videos, notas breves, novelas - y para públicos con distintas capacidades de comprensión.

Al sentir y pensar que la he completado, siento la necesidad de su mejor y más amplia comunicación y difusión, poniendo la obra completa a disposición de quienes quieran conocerla y puedan desplegarla, ampliarla, profundizarla, perfeccionarla, criticarla, desarrollarla.

Debo decir, además, que siempre he estado consciente de que existe una dificultad de comunicación que es inherente a la propia obra que he elaborado y que propongo al conocimiento público. Sucede que es demasiado distinta de lo existente y circulante en el actual mundo académico y cultural. En efecto, mis elaboraciones no se enmarcan en ninguna disciplina académica en cuya institucionalidad pudieran haber sido integradas y acogidas. He planteado la Economía de Solidaridad y la Teoría Económica Comprensiva como una nueva ciencia; lo mismo en cuanto a mis trabajos sobre la que llamamos “Ciencia de la Historia y de la Política”; y en cuanto a los temas filosóficos, los entiendo como una nueva estructura del conocimiento, como una concepción comprensiva y un pensamiento complejo.

No podía ser de otro modo, porque cada civilización se funda y se desarrolla sobre sus propias estructuras cognitivas, sus propias fiosofías y sus propias ciencias, como lo explico ampliamente en varios de mis escritos. De igual modo, unas concepciones como las que he formulado no podían enmarcarse en previas concepciones y organizaciones ideológicas, políticas ni religiosas, que son las que normalmente hacen de soporte y de pantalla difusiva a la mayoría de los autores que trabajan desde el interior de esas organizaciones, disciplinas, ideologías y religiones.

Si a la autonomía del pensamiento que lo hace difícil de comprender por quienes están inmersos en la cultura predominante (Gramsci decía que la autonomía intelectual es haber alcanzado “un vértice inaccesible a los adversarios, y que a veces el adversario es toda la cultura anterior”), se suma la opción por la independencia en cuanto a los medios empleados en su difusión, se me hace enteramente explicable la dificultad para encontrar a quienes compartan mis modos de pensar. En este sentido, hago mías las sentidas expresiones con las que Teilhard de Chardin confiesa a su prima Marguerite Teilhard su soledad intelectual: “Paralelamente a tantas luces que creo discernir (...) a veces me siento dominado por la impotencia en que me hallo para  hacerla ver a los otros y para propagarla. ¿Dónde encontrar las personas que vean? ¿Cómo conseguir que surjan y se agrupen? Hasta ahora, ninguno de mis mejores amigos me comprende a fondo. Debo tener el aspecto absurdo y vanidoso de quien se considera incomprendido. Sin embargo (sin el menor asomo de vanidad), creo que realmente veo algo; yo quisiera que este algo fuese visto. ¡No te imaginas qué deseos tan intensos siento a este respecto, y qué impotencia también! Lo que me tranquiliza es la confianza absoluta en que, si en mi ‘buena nueva’ hay un rayo de luz, ese rayo de luz brillará de una manera u otra. En el peor de los casos, tengo la convicción de que volverá a nacer en otro corazón – enriquecido, espero, por haber estado fielmente conservado en mí”. Y me apropio también de esto que dijo Antoine de Saint-Exupéry en Ciudadela: “Para hacer nacer un tipo de hombre son necesarias varias generaciones. (...) He lanzado la semilla de una civilización, pero se necesita más de lo que dura un hombre para que eche sus ramas, sus hojas y sus frutos”.

Pero sería torpe de mi parte no reconocer que mis enfoques han tenido una significativa acogida e impacto en diversos ambientes sociales e intelectuales. La economía solidaria es una realidad económica que ha venido creciendo y perfeccionándose hasta llegar a ser todo un movimiento social, económico, cultural e intelectual. La necesidad de transitar hacia una nueva civilización, con todo lo que implica, también está siendo asumida por un significativo y creciente conjunto de personas y de grupos. Aunque en ambos casos – que en realidad constituyen un mismo proceso – no puedo sino lamentar que  sus dinámicas sean demasiado lentas y precarias, en gran parte debido a la insuficiente claridad y profundidad analítica y teórica con que piensan y actúan quienes participan en ellas y las promueven.

En fin, aquí están mis obras, a disposición y al alcance de quien quiera conocerlas, difundirlas, trabajar sobre ellas. Las dejo en la internet y en diversas plataformas, porque considero que son actualmente el principal medio de comunicación de ideas que existe y que existirá en el futuro. Y he pensado que si quiero ofrecer a nuestro aproblemado mundo el que pueda ser el aporte de mis estudios e investigaciones, es el momento de hacerlo bien y en la forma más completa posible, entregando también ciertas claves personales que ayuden a quien quiera recoger algo de este aporte, los elementos necesarios para su mejor aprovechamiento.

Así pues, con esta presentación de mis escritos intento ofrecer una orientación general a quienes quieran conocerlos y estudiarlos, que ayude a comprender el sentido de la búsqueda en que me encuentro empeñado, y que facilite encontrar - en la gran cantidad de textos, cursos y videos, de distinto nivel y variada temática, destinada a diferentes tipos de lectores -, aquello que pueda interesar a cada uno.

Es natural que un autor tenga conciencia de lo que ha pretendido hacer y de lo que ha realizado; pero es inevitable que la visión de su propia obra sea sesgada, parcial y subjetiva. Lo que puede exponer es siempre un punto de vista, el suyo propio, y es probable que lo efectivamente logrado no corresponda exactamente a los propósitos perseguidos. Con todo, conocer sus propósitos y los modos en que buscó alcanzarlos es útil, no solamente para comprender mejor los textos sino también para evaluar la obra y apreciar sus limitaciones y logros.

 

Algo sobre mi infancia, adolescencia y formación.

 

La construcción de pensamiento filosófico y de teorías científicas trasciende las experiencias personales, se orienta a identificar racionalidades inherentes a realidades que son en gran medida independientes de la conciencia y la voluntad del investigador, y se traduce en conceptualizaciones y análisis que se sostienen sobre bases epistemológicas y racionales autónomas; pero toda búsqueda intelectual se efectúa desde un tiempo y un lugar definidos, tiene en su base una experiencia de vida, y afronta una problemática asumida como propia por quien la realiza. Por eso, tal vez el mejor modo de comenzar la explicación de mi trabajo sea exponiendo algunos aspectos biográficos que podrían ser importantes para la mejor comprensión de lo que busco y del camino recorrido.

¿Qué me ha llevado a plantearme las preguntas que guían mi trabajo? ¿Cuáles problemas me he propuesto abordar, y porqué he llegado a pensarlos de un cierto modo y a proponer determinadas maneras de enfrentarlos? ¿Qué experiencias, qué circunstancias, qué realidades conocidas y sentidas puedo confesar que han estado a la base de mi búsqueda intelectual?

Habiendo decidido abrir y ofrecer en internet el acceso al recorrido completo del pensamiento que he venido plasmando en mis escritos, conferencias y presentaciones, considero oportuno y casi un deber exponer también algunos aspectos de mi experiencia personal, e incluso ciertas íntimas vivencias, que creo han influido en mi trabajo intelectual y que -en alguna medida difícil de precisar- lo explican y sirven a su mejor comprensión.

¿Cuánto me marcó, y cuánto influyó en mi dedicación a la economía de solidaridad y trabajo, y cuánto incide en la convicción que tengo respecto a su capacidad de proporcionar una buena vida a quienes participan en ella, y en mi inconmovible convicción de que no es una utopía, el hogar en cuyo seno se gestaron en mi infancia y adolescencia las vivencias que -según explica la psicología- marcan indeleblemente la vida de una persona? Mi padre, italiano, emigrante, y mi madre, chilena hija de italianos, formaron en una parcela agrícola junto a la ciudad de Los Andes, Chile, una familia de siete hijos varones, siendo yo el tercero, hermanos entrañables hasta el presente. ¿Cómo describirla? Una familia de trabajo -cultivos, riego, cosechas, conservación de alimentos, confección de ropa, crianza de animales, elaboración de conservas, mermeladas, vino, etc. Una familia de estudio, donde se leía mucho y se aprendía compartiendo saberes, y que llevó a los sietes hermanos a ser profesionales universitarios destacados. Una familia donde se vivía una religiosidad tranquila, natural, sin beaterías, sin retórica. Una familia en que se practicaban deportes que nos conectaban con la naturaleza y generaban espacios de convivencia social.

Mi familia natal constituía una unidad económica solidaria, que podría ser descrita como un caso singular de economía agraria autosuficiente, en la que todos comparten las tareas según su edad y rasgos personales, en que se controla las propias condiciones de vida, en que se depende de sí mismos. Una parcela agrícola organizada con los más puros criterios de la bio-diversidad, el policultivo, el respeto de la naturaleza y sus ciclos, fertilizantes orgánicos, ausencia de pesticidas. En síntesis, economía ecológica, sin que ello fuera el resultado de un conocimiento y estudio de la ecología -que en esos años no era un tema conocido-, sino el fruto del amor por la tierra y la vida, y de un trabajo que buscaba lograr los mejores productos para el consumo familiar y para ofrecer al mercado. En la producción, además del trabajo familiar, participaban dos o tres trabajadores pagados que vivían en la parcela con sus familias. Nuestras relaciones con ellos eran de amistad, mutuamente respetuosas, amables, siempre atentas a las necesidades y preocupaciones de la vida cotidiana. Nunca supe de un conflicto laboral. Con los vecinos, con las amistades de mis padres y las nuestras, jamás malentendidos y dificultades serias; personas necesitadas eran acogidas, se les ayudaba. Lo más cercano a un ideal de vida familiar y de vecindad solidaria que haya conocido.

Pero esa experiencia y vivencia familiar no se armonizaba con la realidad externa que tenía también que vivir. Ante todo, el colegio, exigente en el estudio y la formación personal, pero que experimenté como un lugar de relaciones difíciles, conflictivo, autoritario, con mínimos espacios de libertad y creatividad. Y a doscientos metros del colegio, y a pocas cuadras de la casa, la pobreza, la miseria aglomerada en poblaciones marginales que por entonces se formaban a orillas del río Aconcagua y en sitios eriazos colindantes con la ciudad, donde llegaban día a día -nunca supe de dónde- familias misérrimas que se instalaban con sus casuchas de cartón y maderas de desecho, al aire libre, en el barro, sin los servicios básicos de agua, electricidad, salud, educación, y donde proliferaban enfermedades, delincuencia, hambre, sufrimientos.

Allí íbamos periódicamente con el grupo de Acción Católica del colegio, llevando alimentos y consuelo religioso; y entendí desde el comienzo que lo que hacíamos no era nada frente a la magnitud de la miseria y la gravedad de los problemas. Pero lo más importante es que mientras todo estaba bien en mi hogar, me parecía que éste era una isla en medio de un mundo que estaba mal, muy mal.

Nuestro colegio, por ser el único colegio católico para hombres de la ciudad, tenía la muy particular característica de que en él se juntaban los hijos de las familias ricas, de terratenientes y profesionales exitosos, que ostentaban su riqueza y seguridad, y los de familias que evidenciaban carencias básicas, dificultades económicas cotidianas. Un anciano profesor de historia, religioso español, no perdía ocasión de hacernos notar las diferencias del comportamiento de unos y otros, repitiendo sin cesar que para él, todos éramos iguales. "No acepto privilegios -decía-, ni por todo el oro del mundo". Se grabó en mi conciencia la idea de que algo estaba mal en nuestra sociedad.

Pero el colegio, para mí, fue siempre una experiencia desagradable, por la falta de libertad en que se desenvolvía la actividad cotidiana. Horarios estrictos, profesores autoritarios, compañeros conflictivos, exámenes constantes para verificar lo aprendido y lo olvidado. En ese contexto, sin embargo, encontré una salida liberadora: la lectura de obras literarias y de poesías, a las que aprendí a buscar y amar con verdadera pasión. Así conocí y me llené de imágenes, historias y personajes, de autores y obras de la literatura española de todos los tiempos, y de la literatura chilena de la época moderna.

Terminada la educación secundaria (media) a los 16 años ingresé al Seminario Pontificio de Santiago con la idea de ser sacerdote, que traía desde que era niño. Fueron tres años dedicados intensamente al estudio y la reflexión, donde tuve el privilegio de tener excelentes profesores, y compañeros con una muy fuerte inquietud social e intelectual. Dos aspectos fueron para mi muy importantes de esa experiencia.

La primera fue la del estudio intenso y concentrado, sin distracciones, y realizado en forma muy libre. Pues además de las clases en las diferentes asignaturas filosóficas del Programa de Formación, tuve la suerte de ser nombrado por el entonces Director de Estudios Monseñor Jorge Hourton, como su secretario para llevar los libros de calificaciones, una actividad que me ocupaba apenas un par de horas a la semana. Eso significó que tuve a disposición, durante los tres años, una oficina para estudiar y escribir, con acceso a la biblioteca de filosofía de don Jorge Hourton, recibiendo su orientación en las ocasiones en que quería preguntarle algo, y sobre todo, que esa tarea me liberaba de todas las otras que realizaban cotidianamente y por turnos los demás seminaristas: aseo de pasillos y baños, lavado de lozas, trabajos en la construcción de una capilla, etc. Mi actividad era solamente leer y estudiar.

El otro aspecto que considero importante de destacar de esos tres años fue el conocimiento y la vivencia personal de una vida religiosa auténtica, en un ambiente comunitario de extraordinaria fraternidad, donde se buscaba vivir las enseñanzas del Evangelio con la más plena libertad interior.

En el seminario tuve, así, una suerte de prolongación del sentido que había vivido en mi familia. Vida de estudio y de trabajo, todo en un ambiente de gran fraternidad, de ayuda mutua, de compartir saberes y bienes. Pero a diferencia de lo vivido hasta entonces en mi familia, se trataba de una comunidad de estudio, de trabajo y de vida evidentemente artificial, fuera de la realidad. Al terminar los estudios de filosofía, movidos por la crítica que hacíamos muchos a la separación respecto a los problemas reales de la sociedad en que estábamos, atraídos por las luchas sociales que empezaban a manifestarse en el país, un grupo numeroso de compañeros dejaron el seminario con la idea de ir a cambiar el mundo mediante la actividad política.

En lo personal, la decisión de retirarme del seminario la tomé en un momento de intensa oración, en que tuve la vivencia de una comunicación espiritual. Una comunicación que me indicaba una vocación distinta a la del sacerdocio, de servicio a la humanidad a través del estudio y el conocimiento, y en particular, a través de la elaboración de una nueva ciencia, no religiosa sino autónoma, que debía concebir siguiendo fielmente a mi conciencia y manteniéndome en contacto con la vida cotidiana de las gentes humildes de la tierra y participando en los procesos sociales.

 

Estudios e intensa actividad social.

 

Saliendo del seminario estuve trabajando durante un año y medio como profesor en un Colegio Particular del sector de altos ingresos, y  compartiendo al mismo tiempo con un muy simpático grupo de estudiantes secundarios de los Liceos Públicos de Santiago organizados en la Juventud Estudiantil Católica, donde tuve el privilegio de convivir con jóvenes entusiastas que aspiraban a vivir comunitariamente el espíritu del Evangelio. Tuve ahí mi primera experiencia con un taller de trabajo grupal: uno de los curas asesores de la JEC organizó con un grupo de estudiantes un taller laboral donde producíamos biombos reciclando materiales de desechos industriales.

Al año siguiente entré a la Universidad Católica de Valparaíso para completar los estudios de Licenciatura de Filosofía y Educación y de Pedagogía. En la Universidad combinaba los estudios con el trabajo. Un trabajo que realicé, primero en un Instituto de Estudios Políticos de orientación social cristiana dedicado a pensar el "comunitarismo", y luego en un Instituto de Educación Popular comprometido en procesos de "concientización" y organización popular. En el primero de esos trabajo tuve ocasión de colaborar con Jaime Castillo, un original filósofo social-cristiano que me orientó a estudiar a Jacques Maritain y a otros pensadores cristianos modernos; en el segundo trabajo pude conocer y participar en actividades organizadas por el educador chileno Gustavo Canihuante y por el brasileño Paulo Freire, que estaba entonces exiliado en Chile. Esas actividades me permitieron y facilitaron mantener una experiencia bastante intensa de la realidad de los sectores más pobres de los cerros de Valparaíso y de algunas poblaciones marginales de Santiago.

Mi Tesis de Licenciatura en Filosofía y Educación la hice sobre la Educación Comunitaria, recogiendo la experiencia de esos años en que participé en actividades de educación popular.

Eran años de ferviente agitación estudiantil y popular. Se gestaban cambios profundos, una revolución social y política, en la que había que participar. Junto a un grupo numeroso de estudiantes, creamos en la misma Universidad una Escuela de Capacitación Obrera. A ella llegaban diariamente después del trabajo, a estudiar especialidades técnicas y a formarse como dirigentes sociales, más de cuatrocientos obreros de fábricas. Con el movimiento estudiantil nos 'tomamos' la Universidad durante seis meses. Con la juventud católica organizamos el movimiento que denominamos "Iglesia Junto al Pueblo y su Lucha", vinculado al de "Iglesia Joven". Al calor de estas luchas estudiantiles y juveniles establecimos estrecho contactos con los sindicatos y el movimiento obrero y campesino.

Durante las vacaciones conviví en empresas autogestionadas de trabajadores que reivindicaban autonomía ideológica y se basaban en una extraordinaria cohesión interna. Experiencias que fueron emblemáticas en un incipiente proceso de autogestión de trabajadores, como Cootralaco, una fábrica de pilares y tubos de cemento que había sido traspasada a los trabajadores luego de un conflicto laboral con los antiguos propietarios, y la mina de cobre El Carmen, que habiendo estado por años abandonada por sus dueños fue reactivada y gestionada por una organización sindical de pirquineros.

En esas actividades estudiantiles dedicadas a la promoción social, conocí a Priscilla, la mujer con la que nos casamos al terminar mis estudios de filosofía, y que ha sido y es mi compañera en todas las vicisitudes de la vida, y con la que hemos formado una familia, con cuatro hijos, diez nietos y una bisnieta.

Nos trasladamos a Santiago, donde realicé mis estudios de Magister en Sociología, en la FLACSO, en los que tuve como profesores a destacadas personalidades intelectuales y políticas que después han cumplido importantes funciones de Gobierno en varios países latinoamericanos. Entre ellos, Ricardo Lagos Escobar, Fernando Henrique Cardoso, José Serra, además de destacados representantes de las Teorías de la Dependencia y de la CEPAL.  También la Tesis del Magister la escribí  sobre educación, pero esta vez desarrollando un enfoque teórico original que denominé “estructural”.

Junto con estudiar de día trabajaba como profesor en horario vespertino, en la Universidad Técnica del Estado, donde al terminar mi Maestría y asumir un trabajo de dedicación exclusiva, asumí teniendo sólo 26 años, como Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ingeniería, y como miembro del Consejo Superior de la Universidad en representación de los profesores de la Sede de Santiago. 

En la Universidad implementamos un Convenio de colaboración con la Central Única de Trabajadores, que me permitió tomar contacto con numerosas organizaciones sindicales, y realizar con ellas cursos de formación que versaban sobre la empresa, el sentido del trabajo y la realidad nacional. Era Rector de la Universidad don Enrique Kirberg, quién me nombró su representante ante el Consejo de Rectores y me encargó reemplazarlo en los Actos de Inauguración del año académico en varias Sedes de provincia que tenía entonces la Universidad.

Tratando de ser fiel a aquello de participar en los procesos sociales, ingresé al Partido Comunista, que gestaba junto a los otros partidos de izquierda el movimiento de Unidad Popular que pronto llegaría al Gobierno con Salvador Allende. No percibía incompatibilidad entre esta opción política y mi fe cristiana, ni con la validez que atribuía a la autogestión y el comunitarismo. En los hechos, la acción política la realicé en dos 'frentes' que articulaban mis distintas preocupaciones: "el diálogo cristiano - marxista" en que estaban interesados la Iglesia y el Partido Comunista, y el proceso de "participación de los trabajadores en las Empresas del Área Social", en el que efectuábamos actividades de capacitación y asesoría en base al Convenio entre la Universidad Técnica del Estado y la Central Única de Trabajadores.

Vale la pena consignar que esas actividades me permitieron también participar en un pequeño grupo de jóvenes que nos reuníamos semanalmente en la casa de don Alejandro Lipchutz, un científico y filósofo ruso de avanzada edad, que nos compartía sus saberes en tertulias muy amenas y profundas. Uno de los consejos que nos daba era que para alcanzar verdadera sabiduría era necesario “combinar el aprendizaje de muchas cosas con la abundante meditación sobre ellas”.

 

Mi relación con el pensamiento marxista.

 

Considero necesario decir aquí algo más específico sobre lo que representó para mí el marxismo, en la teoría y en la práctica, y cómo se articulaba entonces con mi formación y fe cristiana y con la valoración que hacía del comunitarismo y de la autogestión autónoma de los trabajadores.

En el Seminario y en la Universidad había estudiado ampliamente la Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento de pensadores sociales cristianos como Maritain, Lebret, Mounier. Doctrina social convincente en general, sustentada en una ética superior; pero siempre tuve la sensación de que no era suficiente para orientar procesos profundos de transformación social, porque enseñaba el 'deber ser' de las relaciones sociales y de la convivencia humana, pero no el 'cómo' se podía transitar desde la realidad establecida hasta aquella que se proponía como ideal.

Eran años de gran difusión del marxismo, que a diferencia del pensamiento cristiano, ponía todo el énfasis en la crítica de las estructuras económicas y sociales existentes y en la indicación de un método de lucha y de acción transformadora: la revolución social. El ideal de sociedad que postulaba el marxismo -la sociedad comunista- me parecía entonces similar al que habían propuesto diversos pensadores cristianos del pasado y del presente, aunque más radical en sus tesis de abolición de la propiedad privada, de la sociedad de clases y del Estado. No presté por entonces mucha atención a la diferencia de los fines y a la diversidad de filosofías, y tampoco profundicé críticamente el modo en que el marxismo planteaba la cuestión del poder político, pues lo que importaba, donde se jugaba la posibilidad del cambio, me parecía ser la cuestión de la organización del sujeto transformador y de la estrategia a desplegar en la acción social y política.

El marxismo se presentaba a sí mismo como una ideología "científica", y se ofrecía como camino realista para terminar con las injusticias y construir una sociedad nueva, de algún modo similar en cuanto a los valores propuestos a aquella prefigurada utópicamente por los pensadores socialistas precedentes y por el propio pensamiento comunitarista cristiano. El rápido crecimiento del movimiento popular organizado en toda América Latina, su fuerza y sus movilizaciones, y el ascenso final de la Unidad Popular al gobierno de Chile, parecían confirmar la cientificidad de la propuesta marxista.

Entonces, efectué un estudio del marxismo en profundidad y escribí un libro de Historia del Pensamiento Marxista, cuya publicación por capítulos en la Revista de la Universidad Técnica del Estado quedaría inconclusa al sobrevenir el golpe militar de 1973. En estos escritos me esforcé sistemáticamente por ofrecer una 'lectura' abierta, no dogmática y con elementos explícitamente críticos, del pensamiento marxista. En efecto, encontraba que las formulaciones prevalecientes en la cultura marxista, asociadas a las experiencias del 'socialismo real', lo habían reducido a un materialismo histórico y a una filosofía 'dialéctica' rigidizadas, de carácter escolástico y con una evidente intencionalidad justificatoria de unas experiencias políticas cuya distancia respecto a los ideales de una sociedad justa y libre eran demasiado evidentes.

Entendiendo que las distintas escuelas de pensamiento hacen aportes válidos al conocimiento de la historia y de la sociedad, y que proponen modos de acción que pueden complementarse en la construcción de una sociedad más justa y humana, fui integrando conocimientos de distintas fuentes, aspirando a una síntesis personal.

En la Universidad escribí también un pequeño libro de Introducción a las Ciencias Sociales que utilizaba en mis lecciones. Después supe que una Segunda Edición de 5.000 ejemplares, recién publicada, fue quemada en los patios de la Universidad días después del golpe militar de Pinochet.

Yo era uno de los pocos integrantes de la Unidad Popular que pensaba que el Gobierno de Allende estaba fracasando en su intento de transformar la economía y el Estado, y me parecía inminente el final de ese proceso político, aunque no imaginaba que ocurriera en la forma de un golpe militar tan violento. Mientras percibía el fracaso de ese proceso revolucionario iba yo comprendiendo que el gran error del marxismo era fundarse en una errónea concepción del ser humano y de la historia.

El golpe militar de 1973 interrumpió todos mis trabajos y estudios. No sé si lo vivido durante los 40 días que estuve detenido hayan influido en mi pensamiento y disposición intelectual y mental; pero lo relataré aquí por primera vez, porque lo considero digno de ser conocido.

 

Cómo viví el golpe militar.

 

El 11 de septiembre me levanté como todos los días para ir a la Universidad, ya informado de que el ‘golpe’ había comenzado. La ‘micro’ (bus de locomoción colectiva) que me llevaría a la Universidad, cruzando por el centro de Santiago, iba repleta de obreros en silencio y con el seño fruncido, duros y dispuestos a enfrentar culquier situación. La micro, que debía pasar por la Alameda Bernardo O’Higgins frente a La Moneda, fue desviada de su recorrido para atravesar Santiago por la calle 10 de Julio, y finalmente fue detenida a la altura de La Moneda. Todos nos bajamos, y aunque yo estaba consciente de que debía dirigirme hacia la Universidad Técnica del Estado, de modo inconsciente e inmerso en la masa seguí al grupo que avanzaba decidido hacia La Moneda, con la intención de defender al Gobierno democrático. Las balas de armas de guerra pasaban sobre nuestras cabezas y nos hacían retroceder, obligándonos a intentar avanzar por calles laterales, con igual resultado.

Me fui entonces caminando hasta la Universidad, donde encontré numerosos estudiantes y profesores. No estaban los principales dirigentes políticos y había una situación de completa desorganización y confusión sobre lo que debía hacerse. Por ello, como yo tenía alguna responsabilidad directiva en la Universidad, junto a algunos compañeros en condiciones similares decidimos asumir y tomar decisiones que en las circunstancias nos parecían necesarias. Lo primero fue decir a los que preguntaban con la intención de defender al Gobierno, que en la Universidad no había armas. (Un revólver que había llevado un amigo comunista y del que no quería desprenderse, quedó finalmente guardado en mi locker, lo que sería después motivo de gran preocupación de mi parte, pues era una evidencia que pudiera haberme afectado gravísimamente). Nos esforzamos por convencer a muchos, de que lo mejor era retirarse y volver a sus casas, porque era probable que la Universidad fuera objeto de algún ataque militar. Al atardecer, decidimos trasladarnos todos a los antiguos edificios de la Escuela de Artes y Oficios, que era una construcción más sólida que el resto de la Universidad. Allí nos distribuimos, los varios cientos de estudiantes y profesores que quedaban, en varias salas de clases.

Durante la noche, el cantautor Víctor Jara, acompañado por un pequeño grupo de amigos entre los que me encontraba, fuimos recorriendo las distintas salas, Víctor con la guitarra y todos cantando varias de sus canciones. En la madrugada tropas del Ejército entraron a la Escuela de Artes y Oficios y a toda la Universidad, deteniendo a varios cientos de personas que habíamos permanecido. Sentía las balas pasar sobre mi cabeza y golpear los muros de la sala donde yo estaba.

Nos juntaron a todos los detenidos en un patio, tirados en el suelo boca abajo. Allí los militares liberaron a todas las mujeres diciéndoles que debían llegar a sus casas antes de que se inciara el ‘toque de queda’ que había sido decretado. A los varones nos condujeron en camiones hasta el Estado Chile (que después recibió el nombre de Estadio Víctor Jara). El ambiente en el estadio Chile era  tenebroso, con metralletas que apuntaban en todas las direcciones, soldados armados recorriendo cada lugar, y un parlante que repetía nombres y llamaba a presentarse. Yo estuve sentado junto a Víctor Jara durante horas, conversando y haciendo comentarios sobre la situación, hasta que finalmente él fue identificado y obligado a seguir a dos soldados que lo tomaron de los brazos y se lo llevaron. Nunca más lo volví a ver. Después supe que lo habían asesinado vilmente.

Después de varios días en el Estadio Chile nos llevaron prisioneros al Estadio Nacional, donde nos encerraron en los camarines en grupos de 100 personas. Algunos días nos llevaban hasta las graderías, y después de más de un semana sin comer empezaron a repartirnos algunos alimentos. Por cierto, pasé mucha hambre.

Durante los 40 días en que estuve prisionero ocurrieron muchas cosas; pero me importa narrar dos de ellas. La primera fue que, en la relación que allí establecimos los profesores universitarios con los obreros de las empresas, realizamos muchas actividades de enseñanza y aprendizaje recíprocos. Yo recuerdo haber disertado varias veces, en el camarín donde estaba, sobre historia de la humanidad; y haber aprendido Teoría de Conjuntos, que un profesor de matemáticas nos enseñaba, y de las cuales yo tomaba apuntes en papeles de cajetillas de cigarrillos que recogía en las graderías del Estadio.

La otra cosa que tal vez vale la pena describir fue el interrogatorio al que fui sometido, poco antes de que me dejaran liberado. Al entrar a la sala del interrogatorio me empujaron contra la pared y mi hicieron sacar la camisa, los zapatos y los pantalones. Me taparon los ojos cubriéndome la cara con la camisa, y me sentaron en una silla, amarrándome las manos por detrás, Ahí me identificaron con mi nombre y por la Universidad en que trabajaba, lo que no dejó de sorprenderme porque no portaba documento de identidad y había sido detenido junto a muchos, sin que en todo ese tiempo hubiera sucedido nada que me identificara personalmente. Comenzó un interrogatorio en que me preguntaban por mis “actividades subversivas”, las que naturalmente yo negaba sin necesidad de mentir, aunque estaba nervioso por el temor de que, conociendo mi nombre y trabajo en la UTE, pudieran haber descubierto el revólver de mi colega en mi locker. Nada particularmente duro y violento, hasta que se presentó en la sala alguien que dijo que había descubierto en mis bolsillos la prueba de que yo era uno que manajeba las claves de una organización subversiva.

Comenzaron a gritar y amenazarme con el fusilamiento, me golpearon, me pusieron un fusil a la garganta diciéndome que si no confesaba todo dispararían, dándome para ello 30 segundos. Yo no entendía nada de lo que pasaba, hasta que recordé que en mi bolsillo había guardado los apuntes en las cajetillas de cigarrillo, sobre la Teoría de Conjuntos que me había enseñado en el camarín un profesor. Les expliqué que era eso, y no signos en clave con las que daba instrucciones a nadie; que era matemática, que era teoría de conjuntos, que se enseñaba en la Universidad.

Me costó convencerlos. El interrogador le daba órdenes al soldado encargado de torturar, diciéndole que me golpeara con más fuerza, más duro. Finalmente se me ocurrió decirles que yo podía probar que esos papeles no tenían nada de subversivo. Que bastaba que consultaran a cualquier profesor de matemáticas. Así dejaron de golpearme y amenazarme, hasta que llegó alguien que explicó que lo habían comprobado y que se trataba de inocentes ejercicios de matemáticas.

Inmediatamente todo cambió. Me retiraron la camisa con la que me impedían ver a los interrogadores, y poniéndose frente a mí, el que me interrogó y amenazó me dijo que me vistiera, y que se disculpaba conmigo, explicándome que él solamente estaba cumpliendo con su deber militar que era poner fin a la subversión.

Me había dado cuenta de que cuando me interrogaban y golpeaban, el soldado lo hacía sin fuerza, como deteniendo el golpe para que no me afectara; él actuaba así, y por eso quien lo mandaba le pedía que lo hiciera con más fuerza, pero él no lo hacía. Al darme cuenta, yo alardeaba de dolor, para hacer creer que realmente me estaban dando muy duro. Cuando después del interrogatorio me llevaron a un lugar donde estaban los prisioneros que ya habían sido interrogados, el joven soldado se me acercó y me preguntó si yo era hijo de don Mario Razeto de Los Andes. Me dijo que él conocía a mi padre, que era una gran persona que en alguna ocasión lo había ayudado, y que por eso no había querido golpearme como le exigían. Le dí las gracias, pensando en mi padre y en que esos dos hombres que habían participado en el interrogatorio eran buenas personas, víctimas de las circunstancias. Había tenido suerte.

Nunca he sabido cual fuera el destino del revólver que quedó en mi locker de la Universidad. Pero saber que él pudiera todavía ser encontrado, significando un grave peligro para mí, me llevó a tomar la decisión de salir del país lo antes posible. Lo hice en el tren que en ese tiempo unía Los Andes con Mendoza. Argentina.

Antes de viajar fui hasta la Universidad con la intención de retirar mis pertenencias y saber de mi situación laboral. Recibí la notificación de que había sido exonerado, me aconsejaron que no me acercara a la Univesidad, y pensé que era prudente no intentar recuperar mis cosas, ni menos el revólver en cuestión.

Luego fui a la FLACSO pensando que me sería útil llevar conmigo un Certificado del Magister. Estaba allí solamente una secretaria y el Rector Ricardo Lagos Escobar, sin ninguna protección y con las puertas de la Sede abiertas. Esto me sorprendió mucho porque en esos días después del golpe militar los dirigentes políticos e intelectuales de izquierda se estaban exiliando, escondiendo o al menos tomando extremas medidas de protección y seguridad. Le expliqué a Ricardo Lagos que debía viajar a Argentina. Él pidió a la secretaria que preparara inmediatamente el Certificado, que firmó quince minutos después y me lo entregó personalmente. También me proporcionó información sobre la Sede de la CLACSO en Buenos Aires para que me contactara al llegar.

 

La necesidad volver a comenzar y la decisión de repensarlo todo.

 

El golpe militar interrumpió todos mis estudios, trabajos y relaciones humanas y sociales. Fue necesario salir de Chile y encontrar otro modo de vivir en un país que no era el mío.

Estuve un año viviendo en Argentina, ganándome la vida corrigiendo traducciones y realizando trabajos de edición para la CLACSO, hasta que recibí la confirmación de la Universidad de Roma, a la que había postulado en un concurso para profesor de un curso de Sociología Latinoamericana. En Italia trabajé durante cinco años en la Facoltà di Scienze Statistiche ed Attuariali de la Università degli Studi di Roma, como profesor invitado, donde enseñé y publiqué diversos papers y realicé una investigación sobre la historia y las perspectivas de las Cooperativas de Vivienda.

La derrota histórica del movimiento popular de Chile me llevó a plantearme la necesidad de repensarlo todo, desde el comienzo y sin dar nada por cierto. En ello fue importante el hecho de haberme establecido con mi esposa e hijos en Italia, donde tuve ocasión de estudiar a fondo el pensamiento de Antonio Gramsci, y sobre el cual escribí junto a Pasquale Misuraca dos libros cuyos títulos expresan bien el significado profundo de la búsqueda intelectual en la que estuve concentrado por cinco años: "Sociología y marxismo en la crítica de Gramsci", y "Política y Partidos en la Crítica de Gransci".

Comenzamos a leer a Gramsci en la recién publicada Edición Crítica de los Cuadernos de la Cárcel a cargo de Valentino Gerratana; una edición que por primera vez permitía conocer el verdadero desarrollo del pensamiento de Gramsci. Fue sorprendente comprobar que sus escritos habían sido notoriamente falsificados y distorsionados en las ediciones anteriores realizadas por el Partido Comunista Italiano, en las cuáles se habían suprimido numerosos párrafos, reordenado otros con criterios ‘temáticos’ que impedían seguir la evolución del pensamiento del autor, y que inducían a erróneas interpretaciones.

Lo que descubrimos y consignamos en esos libros, fue que Gramsci en la cárcel había realizado una profunda crítica del marxismo en sus fundamentos teóricos, así como de sus aplicaciones prácticas en la sociedad comunista soviética, a la que había calificado como “hipocresía social totalitaria”. Gramsci sugiere la necesidad de una nueva ciencia de la historia y de la política, y un nuevo proyecto de sociedad que denomina”nueva civilización integral”.

Esta investigación, acompañada de un retorno al estudio y reflexión sobre las cuestiones filosóficas del conocimiento, de las ciencias, del hombre y de la sociedad, me permitieron profundizar la crítica al positivismo cientificista e iniciar la búsqueda de un nuevo paradigma epistemológico. Un primer resultado de esta búsqueda fue la postulación de la que, en los escritos en colaboración con Misuraca, denominamos "una nueva ciencia de la historia y de la política" adoptando la sugerencia gramciana.

En el marco de las elaboraciones críticas sobre el pensamiento social, político y económico que entonces orientaban (y que habían guiado durante más de un siglo y medio) los intentos de transformar la sociedad para acceder a formas de vida y a relaciones humanas y sociales más justas y solidarias, desarrollamos una nueva comprensión de la 'crisis orgánica' de la civilización moderna, y a partir de ello llegamos a postular que la transformación social necesaria debía plantearse en la perspectiva de construir una nueva civilización, superior a la existente.

Esta temática sobre la nueva civilización ha venido cada vez más concentrando mis estudios y elaboraciones, y la he desarrollado en una serie de trabajos, vinculándola primero a las formulaciones relativas a la economía solidaria y a la construcción de una 'teoría económica comprensiva'. Varios años después (primavera de 2009), en un trabajo conjunto con Pasquale Misuraca, retomé el estudio y elaboración de la 'ciencia de la historia y de la política', en la preparación de una edición crítica y actualizada de los dos libros mencionados, que escribimos juntos treinta años antes, y que republicamos con un nuevo título: La Travesía, subtitulándolos, el Libro Primero: De la crítica del marxismo y las sociologías a la propuesta de una nueva ciencia de la historia y de la política, y el Libro Segundo: De la crítica de los partidos y del Estado a los inicios de una nueva civilización.

Esos estudios y trabajos realizados inicialmente en Italia, se complementaron con otros que realicé como investigador en la Universitá di Roma: uno sobre la historia del subdesarrollo de América Latina, y una investigación sobre la experiencia del cooperativismo italiano. Escribí además una serie de artículos orientados a repensar la política como actividad transformadora, los que fueron publicados en la Revista Chile-América y en varias revistas académicas italianas.

Si era necesario ‘repensarlo todo’, me pareció que debía comenzarse por la economía, lo que me llevó en primera instancia a profundizar el estudio de la ciencia económica, lo que hice en forma autodidacta pero sistemáticamente, y con la orientación de un importante especialista italiano. Con ello amplié mi conocimiento y profundicé la problemática teórica del cooperativismo, el mutualismo y la autogestión, movimientos que habían alcanzado un extraordinario desarrollo en Italia, y que suscitaban un debate y una significativa elaboración tendiente a adecuar el pensamiento cooperativo y autogestionario a las exigencias de su funcionamiento en el mercado moderno. Nuestra casa en Roma era parte de un gran barrio residencial cuya creación y desarrollo paulatino por una Cooperativa de Vivienda coincidió con los seis años de nuestra permanencia, lo que me permitió interiorizarme en la racionalidad y las prácticas cooperativas, cuya vitalidad y limitaciones conocí y experimenté personalmente.

En Italia me retiré del Partido Comunista, habiendo comprendido la estrechez y limitaciones de sus posiciones teóricas y políticas, y considerando que mi búsqueda requería desenvolverse con la más completa libertad de pensamiento y de acción. Lo hice publicando mi carta de renuncia en la Revista Chile-América, en la que expuse las razones teóricas que me alejaban definitivamente de esa orientación ideológica y política. El asunto provocó algún revuelo entre los exilados, motivando unos escritos de respuesta de los señores Sergio Vuscovic, Orlando Millas y Volodia Teitelboim. Después supe que mi ‘caso’ había sido analizado en un Congreso del Partido Comunista, pero yo no tenía ya mayor interés en el asunto.

 

Regreso a Chile y encuentro con la economía popular y solidaria.

 

Volví a Chile (1980) con mi familia cuando arreciaba la crisis económica provocada por la implantación autoritaria del modelo neoliberal, y la desocupación alcanzaba niveles dramáticos. Comencé a trabajar en el PET (Programa de Economía del Trabajo), un centro de investigación y de servicios al "movimiento laboral" patrocinado por el Arzobispado de Santiago, que realizaba estudios sobre la coyuntura económica y se esforzaba en apoyar a los pocos sindicatos que permanecían activos.

Me parece interesante dejar constancia de lo que motivó mi acercamiento a las organizaciones económicas populares y a la economía solidaria, pocos días después de que comencé a trabajar en el PET. En una visita que hizo el Cardenal Silva Henríquez a nuestras oficinas, reunidos con él un grupo de economistas y sociólogos, no planteó la siguiente inquietud, más o menos textualmente: “Tengo una pregunta que quisiera pedirles que me ayuden a responder. En el marco de esta crisis económica en que estamos, y de la reorganización neo-liberal de la economía, la información que tenemos es que en las poblaciones populares de Santiago existe desde hace ya varios meses una enorme desocupación, que alcanza en alguna zonas hasta el 60 y 70 % de los trabajadores. Sabemos, además, que el Estado ha dejado de prestar servicios que antes beneficiaban a los más pobres. La pregunta que me hago es, ¿cómo se explica que en esas poblaciones no exista una hambruna generalizada, un gravísimo problema humanitario? Yo creo saber, creo tener alguna respuesta, en base a lo que me cuentan los sacerdotes y otras personas de la pastoral; pero quisiera que ustedes realicen una investigación seria, yendo a esas poblaciones, y buscando de manera científica y rigurosa la respuesta a mi pregunta”.

Como yo era el investigador recién llegado y no tenía asignada todavía una tarea especial, me fue encargada la responsabilidad de atender la pregunta del Cardenal organizando una ‘investigación de campo’. En ella colaboraron Apolonia Ramirez, economista, Arno Klenner, administrador de empresas, y Roberto Urmeneta, sociólogo. Organizamos un plan de trabajo que nos llevó a recorrer las principales poblaciones marginales de Santiago y sus alrededores, tomando contacto con parroquias y capillas, iglesia evangélicas, ONGs, juntas de vecinos y centros de madres, clubes deportivos y todo tipo de instancias en que hubiera personas que se reunieran por alguna actividad o motivo que los agrupara.

Esa investigación quedó consignada en el libro Las Organizaciones Económicas Populares, del que se publicaron tres ediciones actualizadas a diferentes años.

Creamos en el PET un Área de estudio y servicios a las organizaciones económicas populares, cooperativas y microempresas. Durante quince años me relacioné directamente con muchas y muy variadas experiencias asociativas de base y de segundo y tercer grado, organicé y participé en innumerables actividades de capacitación y asesoría, accediendo al conocimiento directo de su realidad, situaciones, logros y dificultades. Participé en procesos de sistematización, difusión y promoción. Me vinculé a diversas ONGs y grupos de apoyo, y entré a formar parte de varios Directorios de Instituciones abocadas también al servicio de la economía popular y solidaria, entre ellas la 'Fundación Solidaridad' y 'Trabajo para un Hermano'.

Entre las iniciativas que organizamos en conjunto varias instituciones, destacan los Encuentros anuales de Talleres Laborales, que derivaron posteriormente en las Ferias-Encuentro de Talleres y Microempresas de la Economía Solidaria (FESOL), el Programa de Formación y Especialización en Economía Popular y de Solidaridad (FACES), La Red Integrando, el Boletín La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares, y diversas instancias de Coordinación entre ONGs e instituciones de apoyo a la economía popular y solidaria.

Casi desde el comienzo de estos trabajos me pareció que el concepto que mejor expresaba la identidad, el modo de ser y la racionalidad económica con que operaban estas experiencias, era el de economía de solidaridad, o economía solidaria, que adopté y propuse decididamente en 1981, desarrollando en base a él mis elaboraciones teóricas y analíticas, así como las actividades académicas y de docencia que realicé por más de quince años desde el Programa de Economía del Trabajo, la Universidad Bolivariana de Chile y también en otras instituciones de educación superior, y que continúo hasta hoy empleando las metodologías del e-learning y la educación a distancia, desde Univérsitas Nueva Civilización.

Se me ha atribuido ser el fundador de la concepción de la economía solidaria, y haber ‘acuñado’ el término. Si por ‘acuñar’ se entiende ser el primero en poner por escrito la expresión, puede ser cierto, al menos hasta donde yo conozco. Pero la expresión “economía solidaria” la escuché de una mujer integrante de una organización económica popular. Fue en un “Encuentro de Talleres Laborales” que organizamos desde el PET y otras organizaciones, en 1981, en que participaban también organizaciones de ‘Comprando Juntos’, Centros de Abastecimiento y Servicios a la Comunidad, Comedores Populares, Cocinando Juntos, Grupos de Salud y otros. Se reflexionaba sobre la identidad común que tuvieran organizaciones tan diversas, que adoptaban nombres diferentes, pero que por algo nos encontrábamos reunidos en ese evento para reflexionar y encontrar juntos soluciones a los problemas que todas enfrentaban. Se generó un debate en que se plantearon dos enfoques. Unos decían que lo que los unía a todos era el ser “organizaciones solidarias”, creadas para solidarizar frente a los problemas y las agresiones de que eran objeto los ‘pobladores’ en el contexto de la dictadura militar. Otros enfatizaban el caracter de “organizaciones económicas” creadas por grupos populares para enfrentar los problemas de la subsistencia y la satisfacción de necesidades básicas, en un contexto en que había gran desocupación y el estado no ofrecía soluciones.

Fue allí que una mujer de una organización popular dijo que las dos posiciones tenían razón, que ellas eran organizaciones económicas y organizaciones solidarias, y que lo que las identificaba a todas era, entonces, es ser organizaciones de economía solidaria. Eso clarificó la cuestión de la identidad compartida por tantas organizaciones que buscaban resolver los problemas económicos actuando con solidaridad. A mí me pareció que era el nombre apropiado para un movimiento y un proceso en gestación, y comencé a hablar y escribir sobre la “economía Solidaria” y la “Economía popular de Solidaridad.

El trabajo directo con las organizaciones de economía solidaria lo he continuado hasta hoy, y se fue extendiendo en el conocimiento de siempre más experiencias económicas y solidarias en los distintos países de América Latina y en algunos de Europa. Naturalmente, el campo se ha venido ampliando hacia procesos y problemáticas afines que se muestran relacionadas de múltiples modos tanto en la realidad como a nivel del conocimiento y la reflexión: el desarrollo local, las búsquedas de tecnologías alternativas y socialmente apropiadas, la economía campesina, la cuestión ambiental y la economía ecológica, la agroecología y la agricultura orgánica, las economías de los pueblos indígenas originarios, las comunidades autónomas, la sustentabilidad social y ambiental del desarrollo, etc.

En términos de aproximación práctica a estas temáticas, menciono mi participación como co-fundador del Instituto para el Estudio de las Culturas y Tecnologías Andinas (IECTA), mi pertenencia a la Comunidad Ecológica de Peñalolén (en la que viví con mi familia más de 10 años), y en la organización de una pequeña Cooperativa familiar 'Cooperativa Trabajo en Amistad', de un Museo Campesino y de los Antiguos Oficios, y de un Centro de Desarrollo Sustentable.

Estos trabajos de investigación teórica, de formación y enseñanza, y de promoción y organización de organizaciones, los he desarrollado paralelamente, pero estrechamente vinculados, a una amplia actividad académica de carácter universitario. La experiencia académica -realizada sucesivamente en la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Técnica del Estado de Chile, la Università degli Studi di Roma, la Universidad Alberto Hurtado, la Universidad Bolivariana (Chile) y Univérsitas Nueva Civilización- ha sido de gran importancia en el desarrollo de mis estudios y trabajos intelectuales.

La Universidad y los estudios e investigaciones desarrollados en ella, me han ido llevando a una progresiva ampliación de la temática sobre la que se concentra mi interés. Así, de la economía solidaria accedí a la cuestión del desarrollo sustentable, y de éste a la consideración de la economía en su conjunto, que me esfuerzo en 'comprender' en su diversidad y pluralidad de sus racionalidades, y en sus procesos de desarrollo, transformación y perfeccionamiento en el tiempo.

En dicho proceso investigativo se ha mantenido presente como central, la perspectiva de la creación de una nueva civilización, lo que a su vez me lleva a retornar a las cuestiones filosóficas del conocimiento, de la 'naturaleza humana', y del ser y la verdad, que estuvieron al comienzo de mis estudios y cuyas interrogantes fundamentales siempre me han acompañado.

Cada vez más mi trabajo intelectual se viene centrando en esta problemática filosófica, en la que descubro los orígenes últimos y más profundos de los errores teóricos y las distorsiones prácticas que se observan en la economía, la política y la sociedad modernas, y que por consiguiente requieren ser corregidos o superados en y desde este nivel del pensamiento.

Todas estas vivencias y experiencias han estado de algún modo influyendo y haciéndose presentes en mi trabajo intelectual. Por cierto, uno trabaja en la realidad inmediata pensando en el mundo, y piensa en el mundo trabajando en la realidad inmediata. La reflexión se alimenta de innumerables experiencias directas e indirectas de distintos niveles, de múltiples fuentes de conocimiento e información, y de los variados aportes de muchos autores y textos diferentes. Cómo todo aquello llega a combinarse, a integrarse y a elaborarse creativamente en la mente de cada uno, es un misterio.

Un hecho que me limito a registrar es que rechacé la ‘pensión de reparación a las víctimas de la dictadura’, a que tenía pleno derecho por haber estado detenido y haber sido despedido de mi trabajo de dedicación exclusiva en la Universidad Técnica del Estado. Solicitar esa pensión y demás beneficios asociados me hubiera permitido disponer de ingresos permanentes y suficientes de por vida, conforme a la ley; pero nunca quise sentirme psicológicamente, ni asumirme socialmente, como ‘víctima’; ni tampoco vivir en dependencia de dineros del Estado. Pienso que me hubieran limitado en mi libertad interior. Quien se concibe como ‘víctima’ está condicionado por el victimario, al que ‘le debe’ rechazo e incluso odio; quien se concibe como beneficiario está condicionado por el benefactor, al que ‘le debe’ agradecimiento. (Conceptos que aplico exclusivamente a mí mismo y en mi condición de intelectual que quiere ser plenamente autónomo, y que no extiendo a otras personas que legítimamente accedieron a la mencionada reparación).

Dejando hasta aquí el asunto de las vivencias, motivaciones y contextos, procedo ahora a exponer algo sobre la secuencia o desarrollo en el tiempo, los niveles analíticos, el sentido y los objetivos, de los diferentes escritos y obras en que he venido vertiendo mis experiencias, estudios y reflexiones, y a explicar el lugar que creo ocupa cada trabajo en el desarrollo de todos ellos.

 

SEGUNDA PARTE – LAS OBRAS

 

Secuencias, Niveles y Sentidos.

Las publicaciones tienen fecha y ello permite su ordenamiento cronológico y situar cada trabajo en el contexto histórico-político en que fueron escritos. Un estudio acucioso permitiría apreciar también la evolución de la investigación; pero ese trabajo no me parece que aporte mayormente a la comprensión de mis escritos. Aunque han ocurrido en el mundo y en Chile muchas transformaciones en los casi 50 años que han transcurrido desde que inicié esta investigación, tiempo en que además han ido surgiendo diferentes problemáticas, enfoques, debates y conceptos relacionados con los temas que abordo, todo lo cual debe ciertamente haber influido en su desarrollo, pienso que la investigación que ha dado lugar a los distintos libros, conferencias, cursos y videos se despliega, en lo esencial, a un nivel teórico que intenta ser sistemático, que pretende trascender las coyunturas y que se plantea en una perspectiva de tiempos largos. Dicho de otro modo, en mi personal entender, lo que he venido elaborando está marcado menos por las circunstancias y procesos externos que por la lógica de un desarrollo conceptual y analítico que se despliega con autonomía y coherencia interna, conforme a un proyecto intelectual que ha ido determinando en su propio desarrollo sus etapas y momentos.

Lo que quiero decir de este modo es que tengo la pretensión -no menor-, de que si bien algunos de mis libros y obras tengan más de 40 años de haber sido concebidos, son actuales y tendrán vigencia prolongada. Esta es -lo digo en mi descargo-, una pretensión compartida por cualquier formulación que se despliegue a nivel teórico, entendiendo por tal la conceptualización de racionalidades internas de procesos estructurales. En todo caso, tienen para mí la coherencia y mantienen la actualidad que me lleva a decir que hoy suscribo lo que escribí hace años, y que si algo no lo hubiera escrito tendría que escribirlo ahora. Esto último lo afirmo para los trabajos insertos en la perspectiva teórica de la economía de solidaridad, de la teoría económica comprensiva, de la ciencia de la historia y de la política, de la búsqueda filosófica de nuevas estructuras del conocimiento, y de la temática concerniente al tránsito hacia una nueva civilización; no respecto a aquellos anteriores al momento en que pensé que era necesario pensarlo todo de nuevo, desde el comienzo.

Pero la investigación se ha desenvuelto en distintos niveles de análisis, ha dado lugar a obras destinadas a diferentes tipos de lectores, expuestos con diversa amplitud y profundidad. Están aquellas que se refieren a procesos propios de mi país, los que se extienden a experiencias latinoamericanas, y otros que abarcan temáticas y problemas económicos, políticos e históricos globales. Algunos abordan temas muy específicos y de interés acotado, y otros extienden el campo de la reflexión a grandes cuestiones históricas, epocales y de civilización. Se diferencian también por sus diferentes períodos de maduración, desde aquellos que se escriben velozmente en ocasión de un evento, de una conferencia o a solicitud de una revista, hasta la obra teórica que se despliega ininterrumpidamente durante décadas. Algunas exponen analítica y minuciosamente los conceptos, mientras otras sintetizan y presentan en grandes trazos las ideas principales.

Estas diferencias de amplitud, profundidad y complejidad responden también a una convicción sobre la necesidad de elaboraciones intelectuales de diferentes niveles, en función de distintos objetivos y para diversos tipos de lectores y públicos, en orden a la creación de una nueva civilización. Lo he expresado así:

"El estudio de la política y de la historia enseña que los fundamentos intelectuales de una nueva civilización deben ser elaborados y expuestos en  tres niveles:

1.   Por un lado, es preciso alcanzar en la formulación de sus propios principios, valores y fundamentos conceptuales, un ‘vértice inaccesible’, un punto de vista superior, desde el cual sea posible asimilar y superar los más altos niveles de comprensión, complejidad y universalidad propios del pensamiento y las ciencias que han sustentado a la civilización que se comienza a dejar atrás.

 

     Dicho de otro modo, la creación de una nueva civilización necesita una superior filosofía y concepción del ser humano; una más profunda teoría del conocimiento y de sus fuentes; un paradigma científico más comprensivo y complejo; unas ciencias de la materia, de la vida y de la conciencia más rigurosas; una superior comprensión de la economía, de la historia y de la política, del derecho y de la educación; en síntesis, se necesitan conocimientos que superen en amplitud y profundidad, en complejidad y comprensividad, a las filosofías y ciencias naturales y sociales que guiaron y sustentaron a la civilización moderna.

 

2.    Por otro lado, es necesario elaborar y difundir esos principios, valores y fundamentos conceptuales superiores - los principales de ellos - en formas muy simples y sintéticas, para que estén al alcance de las personas que en la civilización moderna han sido dejadas en niveles culturales y cognitivos inferiores.

 

      La elaboración sintética y sencilla de los principios, los valores y las ideas de la nueva civilización es tarea intelectual delicada y difícil, pues deben ser formulados de manera que no se pierda en ellos lo esencial de la elaboración superior, y se mantenga la coherencia con sus racionalidades plenamente desplegadas. Es porque han comprendido la necesidad de dicha coherencia que a menudo son los mismos grandes intelectuales quienes formulan en formas sencillas los contenidos esenciales de sus elaboraciones complejas.

 

La elaboración compleja, comprensiva y universal, desarrollada por grandes intelectuales, hace posible que esas ideas y conocimientos trasciendan el tiempo, que se proyecten en los periodos largos de la historia de la civilización, y que sus contenidos se desplieguen en todos los ámbitos y especializaciones del saber. En esas elaboraciones superiores podrán nutrirse y encontrar siempre nuevos elementos, varias generaciones de intelectuales, científicos, pensadores y personas de alta cultura, que son las que irán marcando en cada fase las direcciones de los procesos históricos en el largo plazo. Pocas pero grandes obras de alto contenido teórico pueden ser suficientes para que se cumpla este objetivo.

 

La exposición simple y sintética de lo esencial permite que las ideas centrales lleguen y sean comprendidas y acogidas por las personas sencillas, y que el contenido del proyecto civilizatorio, sus principios, valores y conceptos, convertidos en ‘ideas fuerza’, en sentencias de sabiduría, en versos y dibujos, en cartillas y manuales, en videos y presentaciones multimedia, se difundan fácil y ampliamente entre las multitudes. El objetivo a lograr es que los fundamentos intelectuales de la nueva civilización lleguen a convertirse en ‘sentido común’, en sabiduría popular asimilada, lo cual es resultado de procesos persistentes y multifacéticos de comunicación, difusión y formación.

 

3. Y como tercer componente, es indispensable que entre los intelectuales, pensadores y científicos de alta cultura que elaboran el pensamiento en sus máximos niveles de complejidad y universalidad, y las multitudes que son movidas por las ‘ideas fuerza’, se establezca un nexo que los mantenga enlazados, para que no se pierda la dirección general del proceso, y para que el conocimiento avanzado se difunda progresivamente hacia toda la sociedad.

 

Ese nexo lo establecen los organizadores, los educadores y los dirigentes intermedios. Son los profesores, periodistas, comentaristas, divulgadores y otras personas que, formados en el conocimiento de las complejas elaboraciones de los grandes intelectuales, han de estar también en contacto con las multitudes a quienes les trasmiten las ‘ideas fuerza’ y les traducen a lenguajes más sencillos los contenidos de las elaboraciones cultas. Y en sentido inverso, ellos recogen las aspiraciones, los problemas y los sentires de las multitudes, y las transmiten a los grandes intelectuales para que éstos los procesen con rigor intelectual y los universalicen".

 

Estos ‘niveles’ de la elaboración intelectual, en cuanto con ellos se busca llegar a personas con distintas capacidades y hábitos de aprendizaje, hacen necesario el empleo de diferentes lenguajes y de distintos medios de comunicación. En mi caso particular, el esfuerzo que he hecho y que mantengo, por aportar con todos los modos posibles a la creación de una economía solidaria, de una nueva política, de unas nuevas estructuras del conocimiento y de la acción transformadora, en síntesis, de una nueva civilización, me han llevado a escribir libros en que expongo conjuntos sistemáticos de teorías y análisis, y artículos para revistas académicas, en que profundizo temas y problemáticas específicas; a dictar conferencias destinadas a introducir a las personas en las grandes preguntas y propuestas; a organizar cursos que buscan formar a grupos de personas en los fundamentos e ideas centrales de las disciplinas teóricas; a realizar grabaciones de videos orientados a proponer ideas generales a un público más amplio; a escribir y difundir en las redes sociales ‘ideas fuerza’, conceptos, apuntes y notas que intentan abrir las conciencias a nuevos enfoques y miradas sobre los hechos inmediatos. Y recientemente, a escribir novelas y obras de ficción, en que entremezclando la ficción con el pensamiento he buscado llevar la problemática económica, política, cultural, filosófica y espiritual, a quienes no tienen un interés especial por el estudio pero enriquecen su cultura a través de la literatura.

 

Son todas estas diferencias, que responden a esos distintos objetivos y destinatarios de los trabajos, y también a la singular cualidad de desenvolverse mis investigaciones y estudios tanto en conexión con búsquedas y procesos organizativos prácticos como en referencia al desarrollo del pensamiento filosófico y científico, las que hacen oportuna esta presentación. Pero en razón de su misma diversidad, no cabe sino efectuarla a partir de los textos y de las obras mismas.

Presentaré los diferentes libros, cursos y obras diferenciando sus tres grandes áreas temáticas: 1. La Economía Solidaria, el Desarrollo Sustentable y la Teoría Económica Comprensiva. 2. La Ciencia de la Historia y de la Política, y las elaboraciones sobre el tránsito a una Nueva Civilización. 3. La Filosofía, como búsqueda de una nueva estructura del conocimiento y como esfuerzo de comprensión del hombre y del ser.

Espero que pueda apreciarse, sin embargo, el nexo interno que las une, en cuanto forman parte de una misma búsqueda intelectual, de modo que su distinción corresponde más a la adscripción de cada obra a las áreas disciplinarias del conocimiento que a una subdivisión interna de la investigación misma. De hecho, en casi todos los textos podrá advertirse la presencia de análisis y reflexiones que integran esas distintas temáticas.

 

 

LA ECONOMÍA SOLIDARIA Y LA TEORÍA ECONÓMICA COMPRENSIVA.

 

 

Introducción.

 

 

Unas explicaciones iniciales sobre la Teoría Económica Comprensiva pueden servir para comprender el significado y el alcance teórico de esta parte de mis trabajos. Las tomo del Prefacio de la publicación Tópicos de Economía Comprensiva en la que recojo una serie de escritos sobre el tema.

 

La ‘economía comprensiva’ busca, precisamente, comprender la economía. Entenderla en su complejidad, en la pluralidad de sus componentes, en la diversidad de sus formas. Por eso no se limita, como hacen las distintas corrientes de pensamiento económico moderno, a considerar una de sus formas particulares - la economía de mercado, o la economía de planificación central, o alguna modalidad de economía mixta - y proponerla como expresión de la racionalidad económica general,  sino que examina cada una de las formas que han asumido la producción, la distribución, el consumo y la acumulación a lo largo de la historia y en el presente, considerando a cada una de ellas como una racionalidad económica particular, constitutiva de una parte o de un sector de la economía general, y siendo en consecuencia necesario entender sus interacciones y relaciones recíprocas con los otros sectores, los que en su conjunto configuran las estructuras y los procesos de la economía real.

Economía ‘comprensiva’, entonces, en la doble acepción de la palabra comprender: en cuanto comprende, o sea, incluye e integra todas las formas y modos de la economía, y en cuanto no se queda en la descripción, cuantificación y análisis de las interrelaciones entre las variables económicas, sino que va más al fondo, para identificar las estructuras y los procesos económicos en su complejidad, buscando identificar sus causas y procesos configurantes a partir de sus actores, de las actividades que estos realizan, de sus objetivos, intereses, conocimientos, proyectos y comportamientos.

Para tal comprensión integral de la economía se requiere un paradigma epistemológico muy distinto al que, fundado en el cientismo positivista, ha caracterizado a la disciplina económica moderna en sus diversas corrientes. La nueva estrucura del conociento que funda la economía comprensiva parte de la conciencia de que la historia, y la economía, y la política y la cultura, las hacemos y las guiamos los individuos, las organizaciones y los grupos humanos, y de ello tomamos conciencia real sólo cuando nos sabemos protagonistas y actores autónomos de la historia. Entonces nos es posible comprender que las ciencias de la economía, de la política y de la cultura no pueden ser disciplinas que conciban la realidad como procesos naturales y objetivos, independientes de la conciencia, de la voluntad, de las emociones, de las éticas y de los valores propios de quienes sean los organizadores, protagonistas y guías de esa economía, política y cultura.

La creencia en la objetividad de la ciencia económica se funda en una concepción positivista y naturalista de la realidad social, que por un lado es un error teórico y filosófico, y por otro lado es un ardid de las clases dominantes y de los sectores dirigentes, que de hecho dominan y dirigen conscientemente la economía, pero que la presentan como si lo que ellos han organizado fuera una ‘necesidad’ histórica, un proceso objetivo e ineludible, expresión de ‘la’ racionalidad, como si el actual estado de la economía fuera independiente de sus propios intereses y objetivos. Los dominados y subordinados, incluyendo entre ellos a los economistas, adoptan fácilmente dicho paradigma naturalista puesto que ellos experimentan pasivamente las condiciones históricas, económicas y políticas, y no son actores de los procesos, que los conduzcan con su conciencia y su voluntad.

Incluso el marxismo, crítico de la dominación y postulador de transformaciones revolucionarias, incurre en el mismo error de suponer una economía naturalizada, sujeta a leyes objetivas e independientes de la voluntad de los hombres. Cae en el error porque teóricamente no logra superar el horizonte teórico del positivismo y del naturalismo materialista. Y cae en el error porque no llega a concebir a los individuos humanos como hacedores de la historia, proponiendo en cambio que ellos deben simplemente sumarse a fuerzas supuestamente objetivas, parteras de la historia, que actuarían conforme a dichas leyes objetivas, a aquella necesidad histórica. Esto incluso es teorizado en la idea de que la libertad no es sino la conciencia de la necesidad, esto es, actuar conforme a un supuesto dinamismo objetivo inherente a la historia, e independiente de la conciencia y de la voluntad, de las decisiones y de las opciones que puedan realizar los individuos y los grupos.

Pero los iniciadores de la economía solidaria, enmarcados en el proyecto de creación de una nueva civilización superior, estando liberados de la subordinación a los poderes y a los modos consolidados de hacer las cosas, conquistada la propia autonomía en base a la cual cada uno es guía de sí mismo y, junto con los demás, creador de cultura, de economía y de política, estamos en condiciones de superar el naturalismo y el positivismo en el conocimiento. Para los creadores de cultura, que la construyen consciente y libremente, las ciencias y las artes y la cultura toda, ya no son mera superestructura determinada por estructuras supuestamente objetivas, necesarias y que proceden conforme a leyes ineluctables.

Entonces, abandonamos la idea de una disciplina económica objetiva, porque hemos descubierto que toda la realidad histórica, económica y social, es realidad concebida, construida, guiada y coordinada por personas y grupos humanos. Personas y grupos que las crean y organizan, y que al crearlas y organizarlas ponen en esa realidad que construyen, su propia subjetividad, sus valores, sus éticas, sus objetivos, sus ideales, y también sus engaños, sus ambiciones, sus intereses, sus maldades, sus contravalores. Todo eso es parte de la realidad, y por tanto, todo eso debe ser comprendido por la ciencia de la economía, y reconocido como parte esencial de la explicación de los procesos históricos.

Por eso, la predicción científica ya no es una mera predicción de lo que ocurrirá si los comportamientos humanos continúan siendo automáticos y regulares, guiados por los objetivos y por la racionalidad dominante, o sea una simple proyección de las tendencias en curso. La predicción será en cambio el enunciado de los resultados que se espera y que se sabe que ocurrirán como efecto de la acción de todos los constructores de las realidades nuevas, económicas, políticas y culturales.

Sintetizando, podemos concluir que la nueva estructura del conocimiento que funda la economía comprensiva, presenta profundas diferencias respecto de las disciplinas económicas llamadas ‘modernas’.

Mientras la disciplina económica moderna se ha institucionalizado y burocratizado, procediendo a conocer mediante la aplicación mecánica de métodos y técnicas formalizadas, las elaboraciones de la economía comprensiva son conocimientos vivos, que se gestan en el diálogo y la comunicación intersubjetiva entre todos los sujetos activos, creadores de la historia y constructores de la economía, la política y la cultura.

Mientras la disciplina económica moderna procesa ‘datos’ e ‘informaciones’ recolectadas mediante procedimientos técnicos de los que se espera la validación de las hipótesis formuladas en base a la propia teoría preconstituída, la economía comprensiva procede a través de la experiencia multifacética configurada como una ‘filología viviente’ en la que todos participamos.

Mientras la disciplina económica moderna se centra en la cuantificación de la realidad, privilegiando las dimensiones mensurables y aquellas que pueden ser procesadas matemática y estadísticamente, la economía comprensiva se centra en la comprensión de la realidad y de sus procesos, prestando especial atención a los aspectos cualitativos, y especialmente a las novedades históricas.

Mientras la disciplina económica moderna busca en las estructuras las causas del presente, la economía comprensiva analiza las estructuras presentes como resultado de procesos históricos complejos, y busca explicar los hechos y procesos por sus actores.

Mientras la disciplina económica moderna trata de ocultar la subjetividad tanto del ‘objeto’ que estudia como del sujeto cognoscente, para que la sub jetividad no interfiera en la dinámica de lo real por conocer, la economía comprensiva pone de manifiesto la subjetividad, precisamente con la intención de intervenir en la historia, de construirla consciente y libremente.

Mientras la disciplina económica moderna considera a los hechos y las dinámicas económicas como resultado de variables y de parámetros, separando cuidadosamente los juicios sobre hechos de los juicios de valor y de las apreciaciones éticas, la economía comprensiva considera las realidades económicas como resultado de opciones y de acciones, y en consecuencia incorpora los valores y la ética en el conocimiento, sea en cuanto se las reconoce presentes y activas en la realidad de las empresas, del mercado, del consumo y de la acumulación, sea con la intención de abrir camino a realidades nuevas, superiores a las de la actual economía en crisis.

Mientras la disciplina económica moderna construye y determina, como resultado de todo lo anterior, la pasividad histórica de las multitudes, y sirve al control de las masas y de los procesos para que no se desvíen de las racionalidades imperantes y dominantes, la economía comprensiva pretende la activación de todos, en orden a la liberación de las energías conscientes y libres de las personas, y el potenciamiento de las racionalidades emergentes de las que son portadores los creadores de las nuevas economía, política y cultura.

Es de estos modos que la economía comprensiva busca comprender lo que está sucediendo, y proyectar soluciones eficaces a los problemas reales y actuales.”

 

El comienzo de la investigación: los dos primeros libros.

 

 

Mis primeros estudios, y los más acuciosos y extensos en el marco de la economía comprensiva, han versado sobre la economía solidaria o economía de solidaridad. De hecho, el estudio de ésta y de su especial racionalidad fue lo que me llevó progresivamente a una visión nueva - comprensiva - de la economía considerada en su conjunto.

El primero de los libros relacionados con la economía solidaria, escrito en colaboración con un equipo de investigadores que dirigí en el PET - Las Organizaciones Económicas Populares (1983) -, es un estudio referido a experiencias y procesos organizativos situados en un período y en un lugar precisos, y en sus tres ediciones sucesivas fui actualizando y complementando los análisis conforme al despliegue de los hechos. Los años están expresamente indicados en el mismo título de cada edición; siendo así, la realidad que allí se expone es pasado, y lo escrito conserva vigencia en cuanto testimonio histórico de los orígenes de una experiencia social que ha continuado su propio proceso, y en cuanto proporciona aprendizajes útiles para otras experiencias similares.

Más allá de esto, debo decir que fue en el desarrollo de aquella investigación "de campo" (en su conexión con una investigación teórica que realizaba paralelamente y a la cual me referiré luego) donde y cuando se formaron en mi mente las intuiciones e ideas básicas sobre las que he continuado a trabajar hasta ahora en el campo económico, o sea la perspectiva teórica de la economía de solidaridad y del mercado democrático. Pero en aquél libro -obra colectiva sujeta a una metodología predefinida y limitada en su exposición a lo establecido en el proyecto- se encuentra solamente implícita la concepción teórica que venía escribiendo paralelamente en otro libro - Empresas de trabajadores y economía de mercado (1982)- que fue publicado cuando preparábamos la primera edición del libro sobre las organizaciones económicas populares.

Si hago notar esta contemporaneidad es para mostrar que, mientras por un lado estaba sumergido en el conocimiento de las organizaciones económicas populares muy precarias abocadas a garantizar la "subsistencia" de los más pobres y excluidos, en un contexto de transformación neoliberal del mercado y del Estado, mi pensamiento tenía en la mira el desarrollo cooperativo, cuyo potencial económico había conocido en Italia y cuyo examen teórico me llevaba a descubrir tanto su eficiente racionalidad económica como la necesidad de su renovación o refundación. Me preguntaba acaso las pequeñas y precarias organizaciones económicas populares fueran ya el germen de un nuevo desarrollo cooperativo, a desplegarse en la perspectiva y con la coherencia que empezaba a concebir en términos de economía de solidaridad y trabajo.

Puedo agregar que, como estudio "de campo" que sistematiza experiencias que hacen parte de un proceso social multifacético, la investigación sobre las organizaciones económicas populares ofrece una propuesta metodológica interesante en varios sentidos. Una primera característica de la investigación es que busca satisfacer la demanda de conocimientos que surge de los propios protagonistas del proceso estudiado, o sea de organizaciones sociales de base que requieren entender mejor lo que son y lo que hacen, precisar su identidad y sus proyecciones, individualizar sus potencialidades y limitaciones. La segunda es el carácter colectivo del sujeto investigador, en cuanto compuesto por un grupo de especialistas en distintas disciplinas científicas, y en cuanto participaron en las distintas fases de la investigación numerosas personas y organizaciones sociales que aportaron no solamente información empírica sino también muchas ideas, hipótesis, reflexiones y conocimientos de distintos niveles, que contribuyeron decisivamente a la comprensión del fenómeno estudiado. La tercera consiste en la singular combinación entre las dimensiones empírica y teórica de la investigación, no siendo esta última un marco teórico asumido previamente sino elaborado creativamente en el proceso de reflexión sobre la información empírica recogida. Y finalmente, la peculiar circunstancia que la investigación terminada se prolonga luego y se actualiza, tanto empírica como teóricamente, en tres sucesivos momentos a lo largo de diez años, constituyendo un proceso de acompañamiento reflexivo del proceso social estudiado, y dando lugar a sus tres ediciones "actualizadas".

Así presentado el primer libro, presento ahora el segundo ya mencionado, que en su primera edición se llamó Empresa de Trabajadores y Economía de Mercado (1982), y en la segunda mereció el plural - Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado (1991) - en razón de cierta ampliación efectuada. En el subtítulo, "Para una teoría del fenómeno cooperativo y de la democratización del mercado" se precisan el tema y el objetivo de la obra, que se propone desarrollar una nueva forma de concebir las empresas cooperativas, y el nivel en que se despliega la elaboración, de carácter decididamente teórico.

Este libro es el primero de una elaboración teórica que continúa en la obra de cuatro volúmenes que agrupo bajo el título general de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático, los que al estar numerados desde el Libro Primero al Libro Cuarto, implican que el referido a las Empresas de Trabajadores pueda considerarse como su Libro Cero.

Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado se plantea como la exposición de "una teoría científica del fenómeno cooperativo", partiendo de la constatación de que el cooperativismo, si bien ha experimentado en su historia bicentenaria un notable desarrollo y diversificación en todo el mundo, ha manifestado límites y crisis en su expansión, y no ha llegado a imponerse como sujeto autónomo dotado de efectiva capacidad de dirección de los cambios económicos y políticos, manteniéndose en un plano subordinado respecto a las grandes tendencias tanto del mercado como de la economía pública. Dificultades de acceso al capital, problemas de gestión, escaso dinamismo de innovación tecnológica, problemas en el tratamiento del trabajo, tendencias a la burocratización, pérdidas de identidad y asimilación de prácticas capitalistas, dependencias respecto al Estado y los apoyos públicos, dificultades en su inserción en los mercados, configuran un cuadro de problemas que son recurrentes en el movimiento cooperativo. Estas limitaciones requieren una explicación rigurosa, a partir de la cual se puedan también identificar las potencialidades que subsisten de que este sujeto organizado desarrolle fuerzas propias de respuesta a la crisis económico-social y de transformación histórico-política. Todo esto es lo que examino detalladamente en el libro.

Una de las tesis que expongo es que las mencionadas limitaciones y problemas se explican en gran medida en razón de postulados doctrinarios e ideológicos asumidos por el movimiento cooperativo en sus orígenes, que en alguna medida implican cierto distanciamiento respecto a su propia racionalidad económica, y que dan lugar a inflexibilidades e ineficiencias en su participación en los mercados, y a distorsiones en su funcionamiento como consecuencia del intento de superar estos problemas adoptando prácticas ajenas a su racionalidad especial, y que terminan asimilándolo a los modos de ser de las formas económicas capitalistas y/o estatales. Es esta tesis la que me lleva a investigar la racionalidad económica de las empresas cooperativas, en el plano de la teoría económica y no de la doctrina o ideología cooperativas.

La elaboración teórica me lleva a postular, conforme a la conceptualización de la mencionada racionalidad, un nuevo modelo de empresa de trabajadores, nuevos modos de integración y asociación intercooperativa, y nuevas formas de inserción en los mercados. Esta propuesta la expreso como necesidad de una profunda renovación e incluso de refundación del cooperativismo, que debieran hacerse a partir de las experiencias actualmente existentes, integrando al movimiento las nuevas búsquedas de economías alternativas y solidarias, y orientando el proceso con una concepción económico-científica de la cooperación que corrige algunos aspectos de los postulados y principios doctrinarios e ideológicos por los que se ha guiado en su desarrollo histórico.

En la parte final del libro reflexiono algunos temas generales que interesan al cooperativismo: las fuerzas de transformación económico-social que puede desplegar un cooperativismo renovado; las relaciones entre teoría y práctica en el movimiento; la relación entre libertad individual, cooperación y Estado; y el proyecto macroeconómico del cooperativismo, respecto al cual postulo un nuevo enfoque en base al concepto de mercado democrático.

Personalmente atribuyo a este libro gran importancia, no solamente porque propone una nueva manera de comprender el cooperativismo en cuanto inserto en la perspectiva más amplia de la economía de solidaridad, sino también en cuanto da inicio a una concepción teórica sobre las búsquedas de formas de empresa alternativas centrada en la cuestión de sus racionalidades económicas especiales, poniendo las bases sobre las que se construye la teoría de la economía de solidaridad y trabajo, y contribuyendo a una nueva manera de comprender el mercado y la economía en general.

La indagación teórica sobre las racionalidades económicas "alternativas" y la exposición del nuevo modo de comprender la economía, la continúo y desarrollo en los cuatro volúmenes de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático. Pero siendo ésta la "obra mayor", más compleja y abstracta, es conveniente dejar para el final su presentación y explicación, procediendo a referirme ahora a otros tres libros en que doy continuidad a las reflexiones iniciadas en Las Organizaciones Económicas Populares, y que amplían su temática profundizando la problemática.

 

Tres libros de análisis, reflexión y debate.

 

A diferencia de los anteriores, los libros en referencia no recogen investigaciones "de campo" ni se instalan plenamente en el terreno de la teoría económica; son escritos que podría llamar "de análisis, reflexión y debate", aunque por cierto se refieren a procesos y experiencias reales, y en ellos emergen variados contenidos de carácter teórico. En cierto modo y en parte, podría también considerarlos como propuestas "ideológicas", si el término no estuviera tan cargado de contenidos ambiguos y de significados dudosos.

Economía Popular de Solidaridad. Identidad y proyecto en una visión integradora recoge la reflexión iniciada en Las organizaciones económicas populares, ampliando la temática, profundizando las cuestiones que se debatían en torno a aquél fenómeno social y económico, y desplegando análisis que en el Preludio identifico como de "teoría concreta". En él expongo, además, ideas y propuestas que fueron parte de la discusión que efectuamos en el equipo de esa investigación "de campo" que continuaba desarrollándose, pero respecto a las cuales no siempre alcanzamos acuerdo entre los investigadores y que por tanto no quedaron consignados en el libro anterior-

Me gusta el modo en que presenté Economía Popular de Solidaridad en su Preludio, y como pienso que expresa bien lo que pretende reproduzco aquí una parte:

"El sujeto de nuestro estudio es un fenómeno social, un proceso histórico, un conjunto de variadas experiencias; pero en esta ocasión apenas si nos detenemos en sus manifestaciones concretas. No expondremos aquí el resultado de una investigación empírica, ni una sistematización de la experiencia en base a estudios de casos o algún otro medio de adquisición de informaciones. Lo que aquí hemos hecho y proponemos es teoría. Las teorías suelen ser concepciones generales y abstractas, y están desprestigiadas. Como no creemos merecer tal menosprecio, nos adelantamos a decir que lo que proponemos aquí son análisis específicos en que los procesos y fenómenos reales son examinados en su desenvolvimiento particular. Pero no el desenvolvimiento de los hechos mismos -que eso sería hacer historia, o crónica- sino el despliegue de su racionalidad y lógica interna, lo que supone un desempeño eminentemente conceptual: un trabajo de construcción teórica. En otra ocasión formulamos -para algo similar a esto- la noción de teoría concreta. (...) Todas las preguntas y problemas que son aquí materia de nuestra reflexión han surgido en la práctica, como demanda de conocimiento que formulan quienes participan y colaboran en el proceso -el sujeto- que nos ocupa. (...) A esos mismos agentes pretende llegar este libro, que se propone aportar a la satisfacción de esa demanda de teoría que surge de la práctica. Dicho de otro modo, queremos servir al concreto potenciamiento y desarrollo de unas experiencias que valoramos y queremos".

La sola mención de los temas tratados en el libro proporciona un panorama de las cuestiones que surgían en aquél proceso, sobre las que se centró mi reflexión de esos años: "los orígenes, los componentes y la identidad de la economía popular solidaria", sus "perspectivas y potencialidades transformadoras", su "racionalidad económica y lógica operacional", "la cuestión de la autonomía y de las relaciones con el mercado y con las instituciones de apoyo", "la economía de solidaridad en un proyecto de democratización económica" y "en una perspectiva de desarrollo alternativo", "la proyección política del proceso", y "la civilización del amor y la economía solidaria".

El segundo de esta secuencia de escritos que comparten el mismo carácter "teórico-práctico" y que avanza en la reflexión de la problemática que surge de este tipo de experiencias, es un pequeño libro titulado De la Economía Popular a la Economía de Solidaridad en un Proyecto de Desarrollo Alternativo (1992). En él extiendo el campo de estudio para abarcar el conjunto de la economía popular, yendo más allá de la que presenta connotaciones solidarias. Propongo una tipología que permita distinguir su diversidad de formas y niveles, y examino las causas estructurales del fenómeno, a partir de las diversas interpretaciones que se le han dado, con el objeto de develar su carácter y posibles proyecciones. Entendiéndolo como "un proceso de activación y movilización económica de los sectores populares", que se verifica inserto en la dinámica histórica de los movimientos sociales latinoamericanos, profundizo la cuestión de su identidad como fenómeno económico-social, para lo cual examino las estructuras de su acción y organización, comparándolas con las que caracterizan a otros procesos de organización social. Y la cuestión más de fondo que exploro es la de las potencialidades que pueda desplegar la economía popular en la perspectiva de constituirse como economía de solidaridad, y de aportar a un nuevo tipo de desarrollo. El libro concluye con la propuesta de un "sistema de apoyo" a la economía popular y de solidaridad, que cumpla la doble función de favorecer su viabilidad y eficiencia económica, y su desarrollo y perfeccionamiento en una perspectiva de economía solidaria.

El último y más completo de estos libros que van expandiendo y profundizando la problemática teórico-práctica de la construcción histórica de la economía solidaria se titula Los Caminos de la Economía de Solidaridad (1993). Cuando lo escribo, las experiencias de economía solidaria se han difundido por toda América Latina y otras regiones, y he tenido ocasión de conocerlas e interiorizarme de su siempre renovada problemática y de los debates que suscita; han aparecido nuevas y muy variadas manifestaciones que comparten similar racionalidad económica, que se vienen a sumar a las más antiguas; por otro lado, ya he desplegado la elaboración de la teoría de la economía de solidaridad. Todo ello me permite proponer en este libro una suerte de visión panorámica de los distintos procesos y de las variadas cuestiones que abre a la reflexión teórica y a la indagación analítica.

Considero este libro como aquél en que expongo de manera madura, ordenada y sintética, los "caminos" recorridos por el proceso y por el pensamiento con que lo he acompañado, así como las perspectivas históricas que aparecen a la luz de la reflexión teórica desplegada. Pero tal vez el mayor aporte de este libro lo constituya el poner en relación el proceso de construcción de la economía de solidaridad, en su multiplicidad de formas y manifestaciones, con las grandes cuestiones y problemas del mundo contemporáneo: la pobreza y la exclusión social, el desarrollo de la sociedad civil, la cuestión del trabajo, los procesos de participación y empoderamiento social, la problemática del cambio y de la transformación de la sociedad, el deterioro del medio ambiente y la cuestión ecológica, el tema del consumo, la búsqueda de un desarrollo local y alternativo, la problemática de género y de la familia, la cuestión indígena y de las culturas originarias, el desarrollo de la espiritualidad y la conciencia, y abarcando todo lo anterior, la búsqueda de una nueva civilización a partir de la crisis de la civilización moderna, capitalista y estatista, que hoy parece encontrarse en su fase terminal.

 

El descubrimiento del Factor C.

 

Antes de continuar con la presentación de los libros y cursos, considero conveniente describir cómo descubrí el Factor C, que ha sido el más difundido de los conceptos que elaboré en el marco de la teoría económica de la economía de solidaridad y trabajo.

Fue en las primeras actividades de acompañamiento, estudio y asesoría que realicé a experiencias de economía popular solidaria en los barrios más pobres de Santiago.

En los primeros materiales que elaboré para la capacitación de los talleres laborales y las pequeñas organizaciones económicas populares, proponía un esquema de la ‘empresa’ o unidad económica, en que distinguía cinco factores productivos que cada organización debía tener, cuidar, organizar, hacer crecer y perfeccionar, a saber: la fuerza de trabajo, los medios materiales de producción, la tecnología o ‘saber hacer’, la gestión, y el financiamiento. Explicaba que cada uno de estos componentes es necesario para producir, y que cada uno hace un aporte a la producción, teniendo por tanto una ‘productividad’ que debía ser reconocida y favorecida.

En el trabajo de asesoría y capacitación con los grupos, estudiando la productividad de sus organizaciones en base a estos cinco factore, comprobé varias veces que la producción que generaban (creación de valor), era mayor a la sumatoria de la productividad esperable de cada uno de esos cinco factores productivos. Se generaba un plus de valor que no encontraba explicación, y que había que explicar.

En efecto, esas pequeñas unidades económicas operaban habitualmente con una limitada y poco calificada fuerza de trabajo, considerada técnicamente como ‘secundaria’ (mujeres y niños sin experiencia laboral, personas mayores desempleadas, etc.); con mínimos medios materiales de producción (materias primas de descarte, herramientas simples, máquinas obsoletas); muy escasos conocimientos técnicos y de gestión, y casi nula capacidad de disponer u obtener financiamientos. Pero producían con eficacia tal, que esas unidades económicas permitían a sus integrantes resolver sus necesidades económicas básicas.

Me surgió entonces la pregunta: ¿qué explica el surplus de valor y la mayor productividad respecto a la esperable, que logran crear estas tan frágiles y rudimentarias unidades económicas? Pensé que, obviamente, debía estar operando allí un factor desconocido, un fuerza productiva adicional, que en mi modelo analítico de cinco factores no es visibilizado.

Así comprendí que lo que estaba operando era la fuerza de la solidaridad, que era muy importante en esas organizaciones, y que potenciaba a las personas y al grupo, contribuyendo a que el trabajo fuera más productivo, la gestión más participativa, la tecnología y el ‘saber hacer’ más creativos al buscar solidariamente soluciones a los problemas que enfrentaban, etc.

Había, pues, que reconocer que esa fuerza de la solidaridad estaba operando como un sexto Factor económico, que tenía su propia productividad y que hacía su aporte a la creación de valor, en esas pequeñas unidads económicas.

Un aporte no solamente real y concreto, sino muy significativo y relevante, como llegué a percibirlo muy pronto aplicando al análisis de esas unidades económicas, desde entonces, un ‘modelo’ de empresa de seis y no de cinco factores.

A esa fuerza productiva hasta entonces desconocida la llamé ‘Factor C’. Factor, porque es multiplicador de la producción, y porque opera igual que los otros factores económicos. Y la letra ‘C’, porque en la economía es habitual identificar a los factores con una letra (L, de labor, K de kapital); y esa nueva fuerza productiva podía identificarse con una serie de palabras que comienzan con la letra C, a saber, cooperación, compañerismo, colaboración, comunidad, compartir, comunión, comunicación, etc.).

Habiendo de este modo reconocido a la solidaridad como un factor productivo, que debe ser integrado a la teoría de la empresa y que puede ser trabajado en términos de ciencia económica (y no solamente como un valor o virtud de significado ético), se me hacía posible avanzar en el desarrollo de la nueva teoría económica que desde antes venía trabajando en base al estudio de las cooperativas. Una teoría que expresara la racionalidad económica de la economía de solidaridad; y que, más ampliamente, abriera el campo y el horizonte teórico para el desarrollo de un a nueva teoría económica general, aquella que después llamé Teoría Económica Comprensiva.

 

 

Cursos y libros de formación y capacitación.

 

He contado que la elaboración teórica la he ido desarrollando en paralelo y en conexión con la experiencia del proceso social de formación y desarrollo de la economía popular y solidaria, y que en dicho trabajo me ha correspondido realizar variadas actividades de formación y apoyo a las experiencias de base. En este contexto, he preparado tres Cursos, de nivel universitario, de un Semestre de duración cada uno, que incluyen grabaciones de las Lecciones en Videos, Lecturas Complementarias, Ejercicios prácticos, Tareas y Evaluaciones, etc. Estos cursos están siendo actualmente ofrecidos por Univérsitas Nueva Civilización en modalidad e-learning.

Los títulos de estos Cursos son los siguientes:

- Economías y Empresas Alternativas.

- Curso de Economía Solidaria. Realidad, Teoría  Proyecto.

- Curso de Creación de Empresas Solidarias y Asociativas.

Las partes propiamente lectivas de esos Cursos, dieron lugar a la publicación de tres "Manuales" o libros de formación, que han sido empleados en numerosos cursos universitarios y en programas de capacitación en diferentes instituciones, orientados especialmente a "monitores", capacitadores o facilitadores (como se les llama ahora), aunque también espero que puedan ser estudiados por dirigentes y miembros de organizaciones de la economía solidaria.

El primero, Las Empresas Alternativas, es un texto de estudio orientado a la formación teórica, y en su nivel sintetiza los principales contenidos de la teoría microeconómica de la economía de solidaridad. Lo que quiere ser está bien dicho en la Introducción: "Este compendio considera una parte de lo que entendemos por "economía alternativa" y "economía de solidaridad"; se refiere, específicamente, a los diferentes tipos de unidades económicas alternativas y a los factores, relaciones y procesos que las configuran. Se pone, por consiguiente, en el ámbito de lo que suele denominarse microeconomía. Es un texto de divulgación, dirigido a personas y grupos interesados en la materia, cuyo estudio y comprensión no requiere una formación previa especializada.(...) Puede ser utilizado como texto básico en cursos de formación, o bien servir como material en estudios individuales o de grupos. Pensamos que algunas de las unidades que lo componen podrían ser usadas también como base para la preparación de temas específicos. Ha sido elaborado con intención pedagógica; pero hemos pretendido preservar en todo lo posible la rigurosidad del contenido. No sabemos en qué medida hayamos superado con éxito el perenne desafío de comunicar en forma sencilla y accesible unos contenidos complejos que pretenden conservar exactitud científica y profundidad teórica".

El segundo y más importante libro de formación lo constituye un Curso Teórico- Práctico de Creación de Empresas Asociativas y Solidarias". En tantos año en el campo de la economía de solidaridad y trabajo he conocido muchas empresas solidarias exitosas y también muchas que han fracasado. Por su parte, la teoría de la economía solidaria que he elaborado ofrece elementos de gran utilidad para encontrar los mejores modos de organizar y hacer funcionar esas organizaciones, en cuanto a su constitución interna, sus relaciones con el mercado, sus modos de propiedad, de gestión, de organización del trabajo, etc. En base a ambas fuentes -experiencias prácticas y elaboraciones teóricas- elaboré este curso, que es en realidad una completa metodología que orienta a las personas y a los grupos que quieren crear una empresa de economía solidaria, con coherencia y eficiencia, acompañándolos desde que se forma el grupo y elaboran el proyecto hasta que abren las puertas de la empresa y comienzan a operar en el mercado. Expongo en este libro de manera ordenada y sencilla, los principales aprendizajes que he adquirido sobre cómo pueden crearse, organizarse y desarrollarse las empresas asociativas y solidarias, de modo que los beneficios que proporcionen a sus integrantes y al entorno social en que se insertan puedan optimizarse y maximizarse, desplegando todas sus potencialidades.

El tercer libro de formación, titulado Lecciones de Economía Solidaria -  recoge los contenidos de un Curso de Formación titulado Curso de Economía Solidaria – Realidad, Teoría y Proyecto. En ellos presento una visión general de la economía solidaria en sus tres dimensiones constituyentes: como realidad, como teoría y como proyecto. En cuanto 'realidad', expongo los principales procesos que dan lugar a iniciativas, organizaciones y empresas de economía solidaria, poniendo especial énfasis en la identificación de los problemas y situaciones en que se originan, en los diversos sujetos y actores que las crean, en sus motivaciones y discursos, y en sus dinámicas y perspectivas de desarrollo. En cuanto 'teoría’, expongo los principales conceptos y elaboraciones teóricas que identifican la racionalidad económica de la economía solidaria, las lógicas operacionales de sus unidades económicas, y sus modos de inserción en los mercados, yendo así más allá de las formulaciones éticas, doctrinarias e ideológicas que son habituales en los cursos sobre el cooperativismo y otras formas de economías alternativas. Y en cuanto 'proyecto', formulo las potencialidades que a nivel micro, sectorial y macro pueden desplegar estas unidades económicas, contribuyendo a una transformación más amplia de la economía y la sociedad.

Preparé, además, un cuarto trabajo orientado a la capacitación: un brevísimo manual denominado Modelos Organizativos de Talleres Laborales. Lo escribí con el objeto muy preciso de ofrecer algunas orientaciones prácticas, derivadas de la teoría de las empresas de trabajadores, aplicada en base al conocimiento adquirido de las experiencias concretas, sobre cómo estructurar tres tipos de pequeñas empresas solidarias: el taller solidario, la microempresa familiar, y la pequeña empresa autogestionada. Lo considero una obrita de gran utilidad práctica para personas y grupos de organizaciones populares, en razón de la sencillez con que trato los distintos temas.

 

La estructura y la lógica de la investigación teórica.

 

Habiendo terminado la presentación de las obras de difusión y formación correspondientes a la economía solidaria, procedo a presentar y explicar la investigación principal, específicamente teórica, de carácter científico, que se desarrolla en los cuatro volúmenes de la obra Economía de Solidaridad y Mercado Democrático. El Libro Primero se titula Las Donaciones y la Economía de Solidaridad (Primera edición, 1984; segunda, 1994); el Libro Segundo se titula Crítica de la Economía, Mercado Democrático y Crecimiento (1984, 1994); el Libro Tercero es Fundamentos de una Teoría Económica Comprensiva (1988, 1994); y el Libro Cuarto Desarrollo, Transformación y Perfeccionamiento de la Economía en el Tiempo (2000).

Conviene advertir que en la primera edición de los tres primeros, estos títulos aparecían como subtítulos de los volúmenes correspondientes de la obra general; pero razones editoriales aconsejaron que en la segunda edición apareciera cada volumen con su propio título, especificándose en cada uno (a modo de subtítulo) el ser parte de la obra general. En realidad cada uno de estos cuatro libros constituye una unidad independiente en cuanto a su temática y puede ser leído como tal. Pero debe entenderse que constituyen en su conjunto una sola investigación teórica, que procede metódicamente de uno a otro conforme a un plan definido desde el comienzo y realizado sistemáticamente sin solución de continuidad.

Antes de presentar cada uno de estos libros me parece oportuno decir algo sobre la estructura general de la obra, para que se comprenda mejor su sentido y el lugar que en ella ocupa cada uno de los volúmenes. Lo que intentaré es una breve exposición de la que podría considerarse la lógica de la investigación, que atraviesa toda la elaboración teórica en referencia. Pero advierto que es solamente un intento, parcial y limitado desde todo punto de vista, pues aunque me esfuerzo por comprender mi propia elaboración teórica, teniendo conciencia de que en ella se despliega una lógica que va generando conceptos y análisis coherentes entre sí, debo confesar que no sé cómo se fueron combinando en mi mente esos conceptos y análisis de distinto nivel, y las realidades de diferente amplitud en el tiempo y el espacio a que se refieren, dando lugar a una concepción teórica singular en su forma y en sus contenidos.

La primera anotación que puedo hacer es que la investigación va siguiendo las que podríamos considerar como tres direcciones por las que, simultáneamente, se va abriendo y desplegando en amplitud y profundidad el campo de realidad estudiado. Conforme a la primera dirección se procede desde lo microeconómico a lo sectorial y a lo macroeconómico; conforme a la segunda se procede desde el enfoque de una forma elemental particular al reconocimiento progresivo de la diversidad de formas económicas existentes; y conforme a la tercera se procede según el ordenamiento clásico que distingue en la economía los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación o desarrollo.

Proceder desde lo microeconómico hacia lo macroeconómico lo considero esencial para evitar la ideologización del pensamiento, consistente en postular totalizaciones pre-científicas de la realidad que impiden el reconocimiento de la diversidad y pluralidad de contenidos y formas que la constituyen. El recorrido metodológico que propiciamos - que parte efectuando el reconocimiento de la composición múltiple y heterogénea de las realidades económicas que proceden conforme a lógicas operacionales particulares, y que se proyecta luego al análisis de realidades sectoriales que manifiestan racionalidades especiales -, parece ser el único apropiado para satisfacer la necesidad de diversificar la microeconomía y alcanzar una comprensión macroeconómica que integre y reconozca la pluralidad, y cuya coherencia no resulte de la absolutización de un enfoque unilateral sino del reconocimiento de la diversidad y del pluralismo de formas y contenidos, lógicas y racionalidades, que forman parte de las economías reales.

Ahora bien, el acceso al conocimiento de las lógicas y racionalidades de las unidades económicas y de sus procesos de desarrollo requiere traspasar cognitivamente los datos de la experiencia empírica para penetrar en los niveles estructurantes de la realidad. Esto supone un proceso que no es el de abstracción y generalización para descubrir lo que les sea común (procedimiento tradicional de la conceptualización teórica), sino partir identificando las formas elementales y más simples que configuran cada realidad, y que se presentan en todas ellas. Así, la elaboración teórica comienza analizando las formas constitutivas de la realidad, desde aquella que se presente como la más simple. Examinando luego las conexiones de ésta con otras formas, el análisis va descubriendo las relaciones, encadenamientos y articulaciones que se dan entre ellas, y que constituyen el entramado estructural que explica las dinámicas y racionalidades más generales. Para explicarlo con un ejemplo: para comprender el mercado es preciso partir de la forma elemental de las transferencias, identificando sus múltiples configuraciones, y en seguida, mediante el reconocimiento de las relaciones entre ellas, acceder a la comprensión de estructuras y dinámicas sectoriales, cuyas diversas racionalidades interaccionan dando lugar al funcionamiento del mercado determinado como un todo.

En fin, siendo la economía un sistema dinámico donde se encadenan los subsistemas igualmente dinámicos de la producción, la distribución, el consumo y la acumulación, cuyo entrelazamiento determina las dinámicas del crecimiento, la transformación y el perfeccionamiento de la economía en su conjunto y en el tiempo, el análisis debe recorrer esos distintos subsistemas y fases del proceso, hasta acceder a la reconstrucción teórica de sus estructuras y dinámicas generales.

El despliegue de la investigación conforme a estas tres direcciones en que avanza simultáneamente el conocimiento, es constitutivo de la lógica de investigación que se manifiesta en la que llamamos "Teoría Económica Comprensiva"; pero esas direcciones identifican solamente líneas muy generales y no implican que la investigación se haya sujetado a un esquema formal predefinido rígidamente. Son, además, direcciones que se cumplen en ciertas etapas del trabajo, y luego se retoman más adelante implicando nuevas y sucesivas aperturas y ampliaciones, en un proceso investigativo que procede como en espiral. Dicho de otro modo, no se trata de que las tres direcciones den lugar a un programa de investigación que establezca una secuencia formal de temas metódicamente tratados, constituyendo más bien una lógica implícita que guía la búsqueda y hace que el pensamiento transite en las direcciones indicadas, sabiendo desde donde se parte y hacia donde se va, pero no avanzando en línea recta para llegar rápidamente a la meta sino recorriendo a lo largo del camino los campos aledaños y los contextos que se van reconociendo. Mientras avanza en una dirección, la búsqueda se expande y va ampliando el campo, y mientras se amplía la búsqueda y el campo de estudio se expande, se avanza en una dirección.

 

Los libros que desarrollan y exponen la Teoría Económica Comprensiva.

 

Cómo se manifiestan esta lógica de la investigación y sus "tres direcciones" en el proceso de la elaboración teórica, lo podemos apreciar presentando los contenidos de cada libro, en el orden en que fueron escritos.

Siendo el comienzo y parte de esta construcción teórica, es preciso volver al y mencionado libro titulado Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado, al que hice referencia como ‘ Libro Cero’ de esta obra teórica. El estudio se plantea a nivel microeconómico y está centrado en la producción, partiendo de la empresa como su unidad elemental, y cuya pluralidad de estructuras y lógicas operacionales es descubierta en base al reconocimiento de los factores productivos (componentes básicos de la producción) y sus diferentes modos de organización posibles. El estudio de las empresa ‘alternativas’ o solidarias comienza y se concentra en una de sus formas -la empresa de trabajadores-, y se extiende luego a otros tipos de empresas cooperativas y de comunidad. Del análisis microeconómico se pasa al nivel sectorial (el movimiento cooperativo como sector y sus lógicas de integración), y del proceso de producción al de distribución (en el estudio del mercado). Se concluye a nivel macroeconómico, integrando la cuestión del Estado y los problemas de desarrollo.

De este modo este primer libro teórico, en cuanto constituye una unidad independiente, cumple cierto recorrido en las tres direcciones indicadas por la lógica de esta investigación teórica. Sin embargo, en cuanto es parte de la obra teórica general, y atendiendo a lo central de su elaboración conceptual, este primer libro establece el análisis en los puntos de partida de la teoría general: la empresa en cuanto unidad microeconómica, las formas elementales cuya concatenación permite descubrir las lógicas operacionales, y el proceso de producción como primera fase del circuito económico general.

El segundo libro teórico, Las Donaciones y la Economía de Solidaridad, que se presenta como Libro Primero aunque es continuidad del anterior, desarrolla el análisis del proceso de distribución, a nivel microeconómico y partiendo de sus formas elementales: las transferencias o "relaciones económicas", comenzando desde una de sus formas - los intercambios -, y ampliándose luego al estudio de las donaciones, sobre las que el análisis se detiene largamente. Desde la forma elemental de la donación se pasa al estudio de sus diferentes tipos, y desde ellos al examen de las "instituciones o empresas donantes", develando su lógica operacional particular. De las donaciones el análisis se extiendo al reconocimiento de las otras formas de transferencias: reciprocidad, comensalidad, cooperación, tributaciones y asignaciones jerárquicas. Ello conduce al estudio sectorial, exponiendo la racionalidad especial de la economía solidaria como sector que presenta una pluralidad de formas y lógicas operacionales. Finalmente, siempre en el marco del proceso de distribución y a nivel sectorial, se procede a la elaboración de la teoría del "mercado de donaciones".

El Libro Segundo, Crítica de la Economía, Mercado Democrático y Crecimiento, que es el tercero de la construcción teórica, deja ya el terreno propiamente microeconómico y se instala decididamente en el sectorial, con nuevas aperturas a la dimensión macroeconómica. El libro comienza, por decirlo así, haciendo un "alto en el camino" de la elaboración teórica, procediendo a hacer las cuentas con las teorías económicas (en sus diferentes tendencias) de la disciplina convencional. Lo esencial de la crítica consiste en mostrar su unilateralidad, derivada de su incapacidad para reconocer teóricamente la diversidad y pluralidad microeconómica y sectorial, sea en la teoría de la empresa como en la del mercado. Una breve reseña histórico-crítica de la evolución de la disciplina económica, seguida de una crítica particular a la teoría marxista del valor, pone las bases para acceder al estudio -ya de nivel macroeconómico- del mercado determinado y de sus formas, con especial ahondamiento en la conceptualización del mercado democrático. El libro termina con una breve e incompleta exploración del problema del crecimiento económico global, investigando algunos primeros elementos de la contribución que a él hace la economía solidaria.

El Libro Tercero (que es el cuarto), Fundamentos de una Teoría Económica Comprensiva, conduce los diferentes análisis microeconómicos y sectoriales anteriores a un nivel superior de sistematización y síntesis, con el objeto de comprender la estructura y funcionamiento de la economía en su conjunto, entendida como un proceso altamente complejo y multiforme, diversificado y plural, en permanente desarrollo y transformación. En cuanto cumple tal propósito, es una elaboración teórica de nivel macroeconómico, y examina sucesivamente los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación. Pero conforme a las exigencias de la propia lógica de la investigación, retoma y vuelve a partir de las formas elementales y microeconómicas de cada uno de aquellos procesos, y se detiene sobre las racionalidades sectoriales, de modo que la teoría macroeconómica resulta de la integración y síntesis conceptual de los diferentes elementos que componen la economía y que han sido analizados anteriormente. Constituyendo de este modo un libro de síntesis teórica, que recoge y trasciendo las precedentes elaboraciones, lo considero el más importante de toda la obra.

El Libro Cuarto (que es el quinto y el último de esta obra teórica), Desarrollo, Transformación y Perfeccionamiento de la Economía en el Tiempo, proyecta el anterior y el conjunto de la teoría al estudio de la cuestión del desarrollo económico. Respecto a la Teoría Económica Comprensiva se pone como su continuación, en cuanto procede a examinar dinámicamente e integrando la perspectiva histórica, aquello que conceptualmente había sido examinado a nivel puramente teórico y estructural. Respecto al conjunto de la obra, a la que lleva a conclusión, constituye una suerte de síntesis dinámica, estructurada siguiendo las sucesivas fases de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación, cuyas formas de expansión, transformación, perfeccionamiento y unificación son expuestas sistemáticamente. Desde otro punto de vista, este último libro aplica los diferentes conceptos y elementos de la teoría, al examen y análisis de los problemas reales y actuales de la economía y la sociedad contemporáneas, y explora los modos posibles de superación histórica, prestando especial atención a la contribución que a ello hace y potencialmente puede desplegar la economía de solidaridad.

En un reciente libro titulado Tópicos de Economía Comprensiva, recojo finalmente una serie de artículos, conferencias y trabajos menores en los que, en base al paradigma epistemológico de la economía comprensiva, examino y expongo diferentes temas y problemas reales y actuales, y profundizo algunos aspectos de la teoría económica general.

 

De la ciencia económica a la ‘estructura del conocimiento’ que denomino “teórico comprensivo”.

 

Las precedentes anotaciones sobre la lógica de la investigación y sobre cómo ella se manifiesta en los cinco libros teóricos, tienen un sesgo que resultará evidente a quienquiera se introduzca en su lectura. Y es que he expuesto la estructura y el recorrido de la elaboración en aquello que constituye su esquema y proceder abstracto y conceptual, reconducible al ámbito de la ciencia económica; pero esta elaboración teórica no es completamente reconducible a esta disciplina, cuyo formalismo, linearidad y limitación someto a constante crítica. Dicho de otro modo, mi elaboración teórica se enmarca en la búsqueda de un nuevo paradigma científico, y pretende haberse instalado en él.

No es el momento de exponer con amplitud y profundidad la cuestión epistemológica implicada en esta afirmación, que he desarrollado extensamente en mis escritos de filosofía y epistemología a los que me refiero más adelante. Pero puedo indicar aquí algunas "pistas" que podrán orientar a los lectores que quieran avanzar en el estudio de la que llamamos Teoría Económica Comprensiva.

Me permitiré abordar la cuestión de manera indirecta y entrando a ella por un ángulo anecdótico. Hace algunos ya unos treinta años se realizó en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) un seminario de dos días para analizar y discutir los Libros Primero y Segundo de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático, que habían entusiasmado a Edgar Knebel, un economista alemán que trabajaba en la CEPAL y que desplegaba una gran actividad en el campo de la cooperación al desarrollo y el servicio a las organizaciones económicas populares. No sé como logró motivar a unos veinte economistas para que leyeran mis dos libros y se decidieran a reunirse durante dos días a reflexionar sobre ellos. Si algún día encuentro el documento que recogió las ponencias y debates del seminario podré citarlo; pero como lo he perdido sólo puedo hacer referencias de memoria a algunas críticas que en esa ocasión se plantearon y que me quedaron fuertemente grabadas.

Una primera crítica se refería a lo ambicioso de la afirmación con que comienzo el primer libro, en que enmarco su tema en "un proyecto intelectual más vasto, orientado a la búsqueda de una nueva estructura de la acción transformadora, capaz de integrar un sistema coherente de actividades tendientes a la democratización de la economía y del mercado, de la política y del Estado, del conocimiento y de la ciencia". Escrita así, al comienzo del libro, la afirmación no podía sino sorprender por lo desmedido e ingenuo de la pretensión que enunciaba; pero yo la había puesto allí porque efectivamente era lo que me proponía hacer (y a ello en realidad responden todos estos escritos y los que continúo elaborando). La pregunta implícita en la crítica que se me hacía era la siguiente: ¿Desde qué disciplina científica podría realizarse aquello?

Una segunda crítica relevaba un hecho, absolutamente heterodoxo respecto a cualquier formulación científica convencional, de que en mis libros parecían combinarse en ininterrumpida secuencia, conceptos rigurosamente formulados, informaciones empíricas, elementos de experiencia, orientaciones prácticas, referencias a realidades muy particulares e igualmente a otras globales, enunciados de valor, reflexiones filosóficas, indicaciones de proyecto, análisis de procesos, consideraciones estructurales, críticas a la realidad y a las teorías, propuestas alternativas, etc. La pregunta implícita en la crítica que se me hacía era: ¿cómo puede haber coherencia en tan extraña y compleja conceptualización teórica?

Lo curioso es que, siendo sostenibles desde el paradigma científico convencional, ambas críticas que se formularon en general, no implicaron la afirmación específica de que los libros no fueran rigurosos y conceptualmente sostenibles a nivel científico, ni tampoco que hubiera en ellos incoherencias que pudieran relevarse y enunciarse, como hubiera sido obvio si las críticas fueran válidas. Ya expresé mi convicción de que no obstante haberse desarrollado a lo largo de veinte años, toda la elaboración es internamente coherente y así lo expresé al terminar el último libro de la serie: "Llegamos así al final de esta obra con perfecta coherencia con su punto de partida". No miento ni me vanaglorio si digo que entre los comentarios más reiterados que he recibido sobre mis libros, se encuentra la valoración de su interna coherencia. Pero las preguntas siguen en pié: ¿cómo puede haber coherencia en exposiciones teóricas que articulan los hechos con los valores, la filosofía con las ciencias, la teoría con la práctica, lo micro con lo macro, el análisis de realidad con la propuesta proyectual, etc.? ¿Y desde qué ciencia puede construirse una elaboración que responda al objetivo de configurar un sistema coherente de conocimientos y actividades que integren filosofía, economía, política, cultura y ciencias, en un gran proyecto de transformación?

Estas dos preguntas, implícitas en aquellas críticas, tienen para mí una única respuesta: Sólo una nueva estructura del conocimiento lo hace posible. Cinco son los elementos principales que destaco de ella: a) Una nueva relación entre filosofía y ciencia; b) El reconocimiento de la subjetividad y de los valores como dimensiones constituyentes de la realidad socio-económica; c) La integración analítica entre los niveles económico, social, político y cultural, superando la división disciplinaria del conocimiento social; d) Una nueva articulación entre el conocimiento empírico, el procedimiento metodológico y la elaboración conceptual; y e) El ya mencionado procedimiento de lo micro hacia lo sectorial para concluir en lo macro, que permite la "comprensividad" analítico-sintética, o sea el reconocimiento de la diversidad y pluralidad constituyente de la totalidad. Muy brevemente, sobre cada una de ellas.

Relación entre filosofía y ciencia. Ninguna ciencia puede prescindir de una filosofía que la sustente epistemológicamente y le proporcione una concepción general de lo que se entiende por realidad, en la cual "recorta" su campo de estudio que constituye como su objeto. Aunque las ciencias sociales modernas y entre ellas la economía pretenden prescindir de toda filosofía, de hecho se formaron y desarrollaron en dependencia respecto a una filosofía bien determinada, el positivismo, y constituyen -como afirmó Gramsci respecto a la sociología- "fragmentos subordinados" de la misma. Pero el positivismo es una mala filosofía, reductiva de la realidad, que limita el conocimiento de las causas de los fenómenos y procesos sociales, impide la penetración de sus racionalidades internas o constitutivas esenciales, y desconoce la perspectiva de los fines.

Pretendiendo prescindir de las cuestiones filosóficas, la ciencia económica se ha basado en una deficiente antropología y comprensión de la historia. Una concepción reductiva del hombre y de la sociedad le ha impedido comprender el comportamiento humano real y las dinámicas sociales, y en particular su diversidad y pluralidad. Ello ha implicado reducir las racionalidades económicas a aquellas que corresponden a un homo economicus abstracto e inexistente, y a trabajar con un concepto de necesidades (individuales y sociales) muy insatisfactorio. La misma prescindencia de la reflexión filosófica le ha significado olvidar la cuestión de los fines y objetivos de la actividad económica (en último término, la felicidad), quedando atrapada en una lógica instrumental que reduce los análisis a la identificación de los medios empleados para alcanzar "equilibrios" de crecimiento, considerados supuestamente como los "óptimos" o como funcionamientos "perfectos".

Una de las claves para comprender nuestra Teoría Económica Comprensiva consiste en desarrollar el conocimiento de la economía como comprensión de sus estructuras y procesos a nivel de las racionalidades desplegadas por las personas, las comunidades, las organizaciones y la sociedad en general, en función del logro y realización de fines diversos y complejos, cuya identificación avanza en la búsqueda y reflexión que efectúa la filosofía. De este modo la disciplina se abre a nuevas dimensiones y profundidades cognitivas, y se enriquece mediante el reconocimiento de la diversidad en la unidad.

La subjetividad y los valores como dimensiones inherentes de la realidad económica. Siempre en base al paradigma positivista, la economía convencional intenta considerar los hechos socio-económico como "cosas" (conforme al ideal propuesto por Durkheim para la sociología), reduciendo los comportamientos y las realidades subjetivas a variables y parámetros susceptibles de tratamiento matemático. La cientificidad del conocimiento es pretendida como objetividad y prescindencia de cualquier consideración de los valores, de las virtudes y los vicios, y en general de la subjetividad de la vida humana y social. Conceptos como los de solidaridad, justicia e injusticia, deberes y derechos, no tienen cabida en una disciplina así configurada.

Pero la realidad económica es construcción social, depende de los comportamientos individuales y colectivos en su multiplicidad de manifestaciones, y no son ajenos a ella los valores y contravalores, las ansias de poder y las situaciones de dependencia que generan. Si todo esto no se considera, la realidad económica permanece en gran parte fuera del conocimiento que se pretende científico sobre ella. ¿Qué sentido tiene considerar el mercado como un mecanismo objetivo que procede independientemente de la conciencia, la voluntad y las emociones de los hombres y de los grupos sociales, movido por la relación entre abstractas variables cuantitativas, si el mercado real está pleno de subjetividad, es construcción social, y depende de las relaciones de fuerzas sociales y de sus modos de interacción?

La comprensión rigurosa de la realidad económica exige descubrir la subjetividad de todos sus componentes, los valores que se manifiestan y plasman en sus estructuras, las relaciones humanas que se manifiestan en los procesos de producción, distribución y consumo, las identidades colectivas y los proyectos que buscan realizarse en los distintos grados de agregación de la vida humana. Y siendo así, la comprensión de la economía no puede prescindir de juicios éticos que pongan en evidencia la correspondencia o inadecuación de las actividades y comportamientos, de las organizaciones y estructuras, de los proyectos y procesos, con los fines definidos como convenientes y correspondientes a la búsqueda de la felicidad y la buena vida. ¿No es para conocer los modos de alcanzar una buena vida personal y colectiva que la sociedad encarga a los estudiosos de la economía los conocimientos necesarios para mejor orientarla? ¿No se automutila la ciencia misma, si se desentiende de la búsqueda de los modos de transformar y perfeccionar concretamente la economía en beneficio del hombre y de la sociedad?

La integración de las dimensiones económica, social, política, cultural y ecológica. Las ciencias sociales modernas se han configurado e institucionalizado diferenciando disciplinas particulares para conocer y explicar los supuestos "niveles" que pueden distinguirse en la realidad social: económico, social, político y cultural. (Agregar a la base de esta conceptualización el nivel ecológico es un descubrimiento reciente). Disciplinas como la ecología, la economía, la sociología, la ciencia política, la antropología cultural, la psicología, que permanecen separadas, cada una concentrada sobre su objeto propio, y con mínima interacción entre los conocimientos que producen. Pero es obvio para todos -incluso para los economistas- que la realidad humana y social no está configurada como una torta en que se distingan niveles superpuestos, unos sobre otros, los de abajo determinando a los de arriba y éstos sobredeterminando a los de abajo. No hay un solo elemento de la economía, por simple y pequeño que sea, que no constituya al mismo tiempo realidad ecológica, política, social y cultural. En el simple hecho de una relación de cambio, una compraventa o un contrato de trabajo, se hacen presente las dimensiones política, social, cultural y ecológica, interactuando y recíprocamente influyéndose. Podemos expresar esto diciendo que no se trata de "niveles" superpuestos sino de "dimensiones" inherentes y constituyentes de la realidad, co-presentes en cada uno de sus elementos y articulados en el conjunto.

Siendo así, el conocimiento de cualquier realidad económica, el enfrentamiento de cualquier problema económico, y la formulación de cualquier proyecto económico, requieren la integración de conocimientos actualmente separados y diseminados en las distintas disciplinas. De este modo ha surgido la demanda de interdisciplinariedad y de transdisciplinariedad. Pero los resultados logrados por estos caminos no han sido muy satisfactorios, pues las disciplinas permanecen externas: sus respectivos datos, métodos y conceptualizaciones no son integrables porque han sido construidos separadamente. La integración necesaria no es inter o transdisciplinaria, pudiendo sólo lograrse mediante una ciencia nueva, que sea ciencia económica y social y política y cultural y ecológica a la vez.

Pero ¿cómo construir esta integración? ¿Desde donde avanzar hacia la necesaria nueva ciencia integrada? Descartemos de plano que se trate de comenzar de cero desechando la acumulación de conocimientos científicos proporcionados por las distintas disciplinas. Descartemos también que se trate de un simple proceso de aproximación entre ellas, que conduzca a la yuxtaposición de sus respectivos datos, métodos y conceptos, pues han sido elaborados en distintos lenguajes, que no son recíprocamente traducibles. El camino que he seguido y que propongo es el de partir de una disciplina -en mi caso de la ciencia económica-, y proceder desde ella al encuentro de las otras dimensiones de la realidad (presentes en la propia realidad económica) mediante la apertura y reelaboración de sus conceptos. Es así que descubrimos las dimensiones sociológicas, políticas, culturales y ecológicas co-presentes, por ejemplo, en las realidades que la ciencia económica ha formulado restrictivamente mediante conceptos como los de recursos y factores, empresa, intercambios, mercado, consumo, y así con todos ellos.

La articulación entre el conocimiento empírico, el procedimiento metodológico y la elaboración conceptual. Los síntomas de crisis en las ciencias sociales modernas son múltiples, pero tal vez el más evidente sea el hecho que actualmente se acumulan datos e informaciones (desconectados de los métodos con que fueron elaborados y de las teorías que les hacen tener sentido), se perfeccionan los métodos (cada vez mejor formalizamos y menos empleados en la construcción de las teorías y en la recolección de datos), y se multiplican los esquemas y modelos teóricos (que pretenden constituir teorías mediante el procedimiento formal de relacionar conceptos conforme a implícitos o explícitos cuadros de doble entrada, que no surgen de la reflexión metódica sobre la experiencia y los procesos que se intenta comprender). En cada disciplina hay especialistas en datos e informaciones, expertos metodólogos, y teóricos, y sus respectivas elaboraciones permanecen exteriores, y cada cual cree poseer la clave del conocimiento de la propia disciplina. Caricaturizamos algo la realidad al expresarla de este modo, pero es indudable que en gran parte de las presentaciones científicas de lo económico y social, se evita cuidadosamente articular los datos, los métodos y las teorías, no obstante ser ello lo único que le da a cada elemento del conocimiento científico su verdadero significado. Este hecho pone de manifiesto que cada vez los tres elementos del conocimiento científico son menos articulables, porque han sido elaborados separadamente. Hay que buscar a nivel periodístico para encontrar datos (parciales, tomados aquí y allá), métodos (referencias fragmentarias) y conceptos (sueltos, recogidos de distintos autores y teorías), entremezclados en reportajes divulgativos a menudo incoherentes. Y valga decir que aparecen actualmente numerosos libros monográficos que se llaman científicos, y que no son sino más extensos, eruditos y cuidadosos reportajes periodísticos.

No es el caso de exponer aquí en forma rigurosa una nueva manera de concebir la articulación entre el conocimiento experiencial y la elaboración teórica. A lo dicho sobre el tema a lo largo de esta presentación puedo agregar una consideración general, que es ésta:

No concibo la investigación y la elaboración científica como una actividad exterior que efectúa el científico social de modo técnico, sino como un despliegue de conocimientos que se van formando y desplegando en conexión con toda la vida del sujeto que se dedica a ello. La información se recoge en la mente mediante un modo de vivir receptiva y reflexivamente la realidad experimentada y vivenciada; el método es una actitud cognitiva de concentración sobre lo que se busca conocer, y que resulta de un estado de conciencia adquirido y formado espiritualmente; y la teoría se elabora sistemáticamente, no buscando la coherencia formal de los conceptos (la coherencia es un resultado de la búsqueda de la verdad) sino la intelección de la realidad infinita y multiforme, relacionando conceptos que permanecen siempre abiertos a nuevas ampliaciones y conexiones.

Necesidad de un conocimiento holístico y del reconocimiento de la diversidad. Me referí ampliamente al recorrido metódico de la teoría que procede y avanza de lo simple a lo complejo, de lo micro a lo sectorial y a lo macro. Sobre esto sólo quiero agregar una consideración.  Actualmente es cada vez más habitual escuchar la demanda de un conocimiento "holístico", que dicho de un modo simple significa dar cuenta de la totalidad. Tal demanda surge de la cualidad de los problemas que afectan al mundo contemporáneo como un todo, y de la creciente conciencia de que todos los elementos y partes de cualquier proceso y de todos ellos muestran estar interconectados. El problema es que las disciplinas científicas avanzan en sentido inverso, en un camino de creciente especialización y particularización de sus objetos de investigación. La forma de pensamiento que en la época moderna se ha caracterizado por el intento de abarcar la totalidad de los fenómenos, estructuras y procesos buscando integrarlos en una explicación única y coherente, ha dado lugar a las llamadas ideologías. Pero éstas, que podemos concebir como "totalizaciones pre-científicas de la realidad social", tienen el defecto -puesto de manifiesto por la crítica que se ha efectuado a todas ellas-, de desconocer la diversidad y pluralidad, cuya afirmación se demanda con tanta fuerza como la del conocimiento holístico. La frase de Goethe "hay más riqueza en el mundo de cuanta contenga tu pensamiento", expresa muy bien esta limitación del pensamiento ideológico.

Es interesante observar que ambas demandas -holismo y diversidad- suelen ser planteadas juntas por quienes postulan la necesidad de nuevos paradigmas teóricos. La cuestión es ¿cómo compatibilizar en un conocimiento riguroso lo holístico y la diversidad? No me refiero a hacer compatibles en abstracto ambos conceptos, pues nada es más fácil que afirmar que la totalidad incluye la diversidad de sus componentes y que es más que la suma de todas ellas, sino elaborar teorías complejas que sean específicas en el reconocimiento de la diversidad y en la comprensión de sus articulaciones, y que accedan a una totalidad no vacía de contenidos sino integradora de innumerables conocimientos particulares diferentes. Siguiendo en esto a Hegel, pienso que se accede a la totalidad como resultado y no al comienzo, excepto en cuanto ella se postula al comienzo como el fin que se busca alcanzar mediante un largo recorrido de indagación de la diversidad. Esa ha sido, como expuesto antes, la lógica de la investigación teórica presentada. Vuelvo sobre el tema más adelante, al referirme a mis trabajos en el área de la filosofía.

Estos cinco elementos enunciados y brevemente explicados como distintivos de una nueva estructura del conocimiento científico, no constituyen gran novedad (como hace treinta años, y como tal vez lo sea todavía el hecho de considerarlos unidamente), pues hoy son demandados como exigencias que se plantean cada vez más corrientemente en relación a la denominada necesidad de un nuevo paradigma. Pero una cosa es plantear la necesidad de un nuevo paradigma, y otra comenzar a elaborarlo y proceder cognitivamente conforme a él. Creo que el mérito de esta obra que termino aquí de presentar, es haber iniciado su construcción y haber procedido, tal vez a tientas y ciertamente de modo parcial, a realizar lo que muchos hoy día formulan como demanda o necesidad.

Concluyo esta presentación de mis escritos de Teoría Económica Comprensiva con el último párrafo del Libro Cuarto, en que expongo de modo igualmente personal lo que creo haber buscado y en parte realizado:

"Llegamos así al final de esta obra con perfecta coherencia con su punto de partida. Toda esta investigación, en su largo recorrido que nos llevó del reconocimiento de la diversidad en lo microeconómico a la identificación de las diversas racionalidades sectoriales y finalmente a la comprensión integrada de la macroeconomía y su desarrollo en el tiempo, ha estado presidida por la idea de una economía para la felicidad, la realización del hombre y la vida buena.

"Pensamos que no es posible continuar pensando la economía sin abordar estas grandes cuestiones, y que tampoco puede seguirse prescindiendo de la economía en la búsqueda filosófica de la felicidad y realización humana. Podemos afirmar que la economía construye las condiciones y prerrequisitos prácticos de la felicidad, y que al mismo tiempo ella es en sí -y debiera serlo mucho más- un campo de actuación y vivencia de esa realización del hombre. En efecto, la realización humana y la felicidad que genera consisten en muchas cosas, pudiéndose señalar entre ellas: a) hacer, crear, organizar e innovar, aplicando y expandiendo las capacidades personales y colectivas; mucho de ello se verifica en el proceso de producción; b) relacionarse con otras personas, participar en la construcción social, pertenecer a comunidades, donar, intercambiar y reciprocar; una parte relevante de esto se cumple en el proceso de distribución; c) satisfacer las necesidades, lograr las aspiraciones y cumplir los deseos, en los planos corporal y espiritual, individual y comunitario, lo cual se cumple en alguna medida en el proceso de consumo; d) proyectar el futuro, desplegar en el tiempo las propias capacidades y aspiraciones, alcanzar un grado prudente de seguridad personal y grupal, eliminar los temores removiendo sus causas, mirar el porvenir con optimismo y construirlo con realismo, en todo lo cual la acumulación económica juega un papel relevante.

"La presencia constante de los fines en el análisis económico, y la búsqueda de una economía orientada a garantizar la realización humana, nos ha llevado a integrar -en la que pretendemos sea una nueva estructura del conocimiento-, lo fáctico y lo valórico, el ser y el deber ser, el análisis del pasado, la crítica del presente y la proyectación del futuro. Convicción fundamental de nuestra elaboración ha sido que la economía no puede ser un cuerpo teórico independiente y autosustentado teóricamente, sino que depende de otros saberes más amplios y superiores, debiendo articularse con diversos campos del conocimiento científico, filosófico y ético.

"Aunque no ha sido nuestro propósito declarado, quizás con ello hayamos puesto las bases de la que podría ser una nueva disciplina necesaria -para la cual sugerimos el nombre de metaeconomía o, mejor, ecosofía-, que no rehuya la cuestión de los valores, que explicite el concepto de hombre subyacente a la formulación científica, que se plantee abiertamente el tema de la felicidad y de la realización humana, que se interrogue por la racionalidad económica sin prescindir de otras dimensiones de la existencia humana cuales son la solidaridad y la convivialidad, la libertad y la espiritualidad. En qué medida hayamos contribuido a tan ambicioso proyecto es algo que no podemos ni nos corresponde dilucidar.”

 

 

CIENCIA DE LA HISTORIA Y DE LA POLÍTICA.

 

Introducción.

 

En el Prefacio del libro Tópicos de Ciencia de la Historia y de la Política ofrecí una breve explicación del sentido de esta ‘nueva ciencia’. Digo ahí que la “ciencia de la historia y de la política” no es el nombre de una disciplina que se reconozca en el mundo académico y en la actual institucionalidad de las ciencias sociales. En las universidades y centros de investigación, la historia y la política son estudiadas y desarrolladas como dos disciplinas distintas y separadas.

Quien formula por primera vez la expresión “Ciencia de la Historia y de la Política” fue Antonio Gramsci, y lo hace al pasar, sin ahondar en la idea que subyace a los términos, aunque el análisis de sus Cuadernos permiten entrever lo que busca al proponerlo como el nombre de un nuevo conjunto de estudios. En efecto, Gramsci había estudiado en profundidad, y criticado analíticamente, la ciencia política, la sociología, la economía política y el materialismo histórico, que eran las disciplinas o saberes que en su tiempo se presentaban con pretensiones de cientificidad, que articulaban el conocimiento de los procesos históricos y sociales, y que guiaban las propuestas de acción transformadora de la economía y la política. A partir de la crítica a esas disciplinas Gramsci formula la necesidad de una nueva ciencia que sirviera para sustentar con rigurosidad la acción social transformadora.

La sociología, la ciencia política, la ciencia de la administración pública, la economía política, la economía, el derecho, han sido las disciplinas que recogen, elaboran y formalizan los conocimientos necesarios para sostener, articular y conducir la economía y la política en la civilización moderna en sus diversas fases, esa civilización capitalista en lo económico, estatista en lo político y naturalista en lo cultural, cuyos orígenes pueden rastrearse hasta el siglo XVI y que perdura hasta hoy.

Sabemos que cada civilización tiene sus estructuras del conocimiento que la fundamentan, organizan y orientan. La civilización medieval en Europa fue fundamentada, organizada y guiada por la filosofía escolástica y la teología dogmática. El fin de aquella civilización coincidió con el surgimiento de la filosofía empirista, la economía política, la ciencia del derecho, la ciencia política y, después, la sociología. 

La civilización moderna se encuentra actualmente en crisis orgánica, significando esto que ha agotado sus potencialidades, y que el desarrollo humano y el progreso social requieren el tránsito hacia una nueva y superior  civilización. Con la crisis de la civilización moderna han entrado también en crisis esas ciencias que la han fundamentado y guiado, las cuales ya no se muestran capaces de orientar la solución a los problemas y contradicciones surgidas en esta fase agónica de esa ya vieja civilización moderna, ni menos de fundamentar, organizar y guiar la creación y el tránsito hacia una nueva civilización. Se necesitan, en consecuencia, nuevas estructuras del conocimiento, y más específicamente, nuevas ciencias.

Esto que afirmamos no puede ser comprendido en su plenitud desde los marcos teóricos de esas ciencias sociales que caracterizan a esa civilización moderna. Su fundamentación analítica y racional forma parte de las nuevas ciencias, a saber, de aquellas estructuras del conocimiento que han de fecundar una nueva civilización. Su formulación y demostración es parte de la propia Ciencia de la Historia y de la Política.

Sostenemos que la “ciencia de la historia y de la política” es una de esas nuevas ciencias necesarias. Ella surge, precisamente, con el propósito de comprender las condiciones y de proyectar las iniciativas que puedan dar inicio a la creación de una nueva civilización. No es la única disciplina intelectual necesaria. Una nueva civilización requiere también una nueva filosofía y teoría del conocimiento y de la práctica transformadora, y también una nueva ciencia de la economía, en cuya dirección propusimos una Teoría Económica Comprensiva”. Pero aquí nos centramos en ésta que, adoptando la expresión gramsciana, denominamos Ciencia de la Historia y de la Política.

Esta nueva ciencia es ante todo ciencia de la historia; pero no la historia entendida como la sucesión de hechos y acontecimientos singulares que van conformando el devenir cotidiano de las sociedades, sino la historia misma como objeto de estudio, en sus procesos de larga duración, en sus tendencias evolutivas, en sus procesos civilizatorios, en sus transiciones de una época a otra.

Esta nueva ciencia es también ciencia de la política. No de la política como  actividad tediente a la conquista del poder y del gobierno del Estado; sino de la política entendida como la estructura de la acción organizadora del orden social y dinamizadora de los procesos históricos. De la política que, en la presente fase histórica, se presenta como el conjunto de las actividades teóricas y prácticas con las que pueda resolverse la actual crisis orgánica de las sociedades modernas, mediante la creación de una nueva civilización.

Así entendidas la historia y la política, ellas se entrelazan constituyendo un objeto de estudio unificado. La relación entre la historia y la política es expresión de la continuidad inescindible entre el pasado, el presente y el futuro. En efecto, la política no puede separarse de la historia porque ella es continuación de la historia y creadora de historia.

Suele decirse que la política está condicionada por las estructuras, y que su tarea es cambiar las estructuras. Las estructuras son la sedimentación de la historia, que continúa aún presente, conformando a las personas y condicionando sus comportamientos, actividades y relaciones. La historia identifica las condiciones; la política proyecta las iniciativas.

Las iniciativas son las que crean lo nuevo, lo distinto, lo que cambia las condiciones, influyendo sobre las personas y sus comportamientos y actividades; las iniciativas parten de las condiciones dadas, y crean nuevas condiciones. La política, constituida por las iniciativas, nos abren al futuro, en cuanto van creando las nuevas estructuras que vendrán a reemplazar a las anteriores, superándolas.

 

Así se comprende que todo cambio de estructuras es, y no puede ser otra cosa sino el resultado de una multitud de iniciativas portadoras de nuevos modos de pensar y de actuar, de nuevas formas de hacer economía, política, cultura.

 

De este modo se suceden unas tras otras las civilizaciones. Entre los grandes temas de la Ciencia de la Historia y de la Política está identificar rigurosamente las formas y contenidos de la civilización moderna, así como los fenómenos y procesos que marcan su crisis y declinación. La crítica de la política que forma parte constituyente de la civilización moderna; la crítica de sus contenidos intelectuales, de sus estructuras organizativas y de sus modos de acción, es un momento teórico sin el cual no es posible acceder a la comprensión de una nueva, autónoma y más eficaz estructura de la acción transformadora.

El estudio histórico de la larga travesía que conduce desde el agotamiento y la declinación de la civilización medieval, hasta el surgimiento, consolidación y crisis de la civilización moderna, conforma un conocimiento necesario para elaborar una teoría de las civilizaciones y de sus procesos de surgimiento, consolidación y crisis.

Con todo ello, y sólo con todo ello, es posible reconocer científicamente, y proyectar y organizar prácticamente, los procesos, iniciativas y acciones (en los ámbitos cultural, político y económico) que puedan ser portadores de las formas y contenidos propios de una civilización nueva, creativa, autónoma y solidaria.

Son éstas las cuestiones que abordamos en los artículos, conferencias, videos y libros que recojo bajo esta común denominación de Ciencia de la Historia y de la Política, y que procedo ahora a reseñar brevemente.

 

Dos libros escritos en Italia “a partir de Gramsci”.

 

Ya relaté cómo me encontré, en Italia, con un Antonio Gramsci desconocido hasta entonces, y cómo con Pasquale Misuraca escribimos los dos libros que, actualizados años después, constituyen la obra LA TRAVESÍA, que paso a reseñar.

El primero de estos libros, publicado en Italia por De Donato Editores con el título Marxismo e Sociologia nella Critica di Gramsci y que constituye el Libro Primero de La Travesía, subtítulado “De la Crítica del Marxismo y las Sociologías a la Propuesta de una Ciencia de la Historia y de la Política”, es en lo fundamental la escritura del recorrido de una investigación que se basó en la lectura crítica de Los Cuadernos de Gramsci. El libro consta de dos partes: la primera es la Crítica, la segunda es la Propuesta.

El tema y la tesis principal del libro es que “las ciencias históricas y políticas  se encuentran hoy en la necesidad de comprender, explicar y dar respuesta a un conjunto de fenómenos y de problemas que afectan a los estados contemporáneos, cuya complejidad y novedad son tales que  ponen en evidencia las carencias de los instrumentos cognoscitivos que están a disposición de las culturas más avanzadas. El conjunto de estos fenómenos y de estos problemas es habitualmente entendido con el término genérico de ‘crisis’; pero las teorías elaboradas  hasta ahora sobre las crisis económicas y políticas  no parecen ser suficientes para dar razón de la novedad y complejidad que caracterizan esta crisis actual, ni para indicar las políticas adecuadas para enfrentarla. Esto pone de manifiesto que la crisis abarca a las mismas ciencias históricas y políticas”. 

De esta crisis, definida como ‘orgánica’, se destaca su impactar al conjunto de los estados, y su comprometer unidamente a la economía, la política y la cultura. Junto con destacar que la persistencia de la crisis se conecta con las insuficiencias  teórico-científicas en la comprensión y en las respuestas a ella, se fundamenta y explica por qué su superación requiere la construcción de una nueva ciencia de la historia y de la política, capaz de iniciar la transición hacia una nueva época política.

La crítica que desarrollamos en esta parte del libro, centrada por un lado en la sociología y por otra en el marxismo, no es solamente una crítica epistemológica y teórica, sino también histórico-política, en cuanto se dirige al modo de hacer política que se desenvuelve en relación a esas elaboraciones teóricas. Se inserta, aún más ampliamente,  en la crítica a una cierta cultura predominante a lo largo de la civilización moderna. Si se centra en ‘las sociologías’ es porque éstas constituyen la forma específica que asume la ideología de las clase dirigentes para responder a las necesidades del desarrollo del capitalismo y del orden político estatal como organizador del consenso de las masas. Y si en seguida se concentra en el materialismo histórico entendido como ‘sociología popular revolucionaria’, es en razón de que dicha propuesta teórica y política no supera los límites epitemológicos del positivismo materialista propio de la cultura moderna, en el que se funda una civilización que es capitalista e industrialista en lo económico, y estatista y partítica en lo político. El materialismo histórico, devenido en estalinismo, en socialismo industrialista y estatista, no es capaz de trascender una visión mecanicista y determinista de la historia, que hace imposible siquiera pensar en una civilización realmente diferente a la industrialista y estatista. Dicho de otro modo, el materialismo histórico y dialéctico no alcanza el nivel de autonomía epistemológica que requieren las ciencias capaces de orientar la superación de la crisis de la civilización moderna. Y de hecho, los países del ‘socialismo real’, fundados en dicha concepción teórica, fueron y son desde todo punto de vista, formas de organización económica, política y cultural ‘modernas’, que han experimentado, incluso agravada, la misma crisis orgánica que afecta a los regímenes capitalistas.

La segunda parte del libro comienza identificando las características, las formas y estructuras fundamentales de la nueva ciencia de la historia y de la política. ¿Cuál puede ser el modo en que esta nueva ciencia se funde y despliegue? No puede basarse en una filosofía o concepción del mundo y de la historia anterior, como ocurrió con las sociologías y el marxismo que se fundaron en el empirismo y el positivismo. Tratándose de una ciencia ‘nueva’, que debe además ser ‘autónoma’ respecto a los saberes anteriores, no queda sino la posibilidad de fundarse en la experiencia. Pero no la experiencia de los datos registrados metódicamente, como fue entendida la experiencia en el empirismo y en la sociología,  sino la experiencia como “la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad”, vivida por los sujetos activos de la acción política e histórica transformadora. Gramsci define este primer momento de la elaboración científica como “filología viviente”; pero ésta no es todavía ciencia, pues la ciencia requiere ‘conceptos’ y ‘teorías’ que den cuenta de la racionalidad inherente a las actvidades y procesos históricos y que orienten las iniciativas necesarias para su transformación. La propuesta de Gramsci puede resumirse en estos términos: la ciencia es el conjunto de las actividades teórico-prácticas tendientes a reorganizar la experiencia y a fundar una nueva racionalidad histórico-política.

Así concebida esta ciencia, el libro avanza en la comprensión y exposición de dos primeras ‘teorías’ en las que Gramsci adelantó conceptos esenciales: la teoría de la crisis orgánica de la civilización moderna, que incluye un exhaustivo análisis de los más importantes fenómenos y procesos históricos del siglo en que le tocó vivir;  y la teoría de la burocracia moderna, que contiene una extraordinaria comprensión del Estado moderno y de las diferentes formas que ha asumido.

Pero los conceptos más amplios y las teorías más profundas que en ese estudio ‘a partir de Gramsci’ desarrollamos, quedaron expuestos en el Libro Segundo de La Travesía, subtitulado: “De la crítica del Estado y de los Partidos al comienzo de una nueva y superior civilización”.

Ya en 1977, cuando escribimos este libro, identificamos en el Prolegómenos, los fenómenos de la crisis de los partidos políticos que hoy, 40 años después, ya son muchos los que reconocen: 1. El proceso de descomposición de las relaciones tradicionales de los grupos dirigentes con las bases militantes, bajo el impacto de las nuevas técnicas de comunicación; 2. El cambio de función que cumplen las ideologías en los partidos, que provoca una separación entre teoría y práctica y un desdoblamiento al interior del momento teórico; 3. La tendencia a la subsunción del personal dirigente de los partidos por parte de un nuevo sistema decisional técnico-burocrático que se ha desarrollado al interior del Estado: 4. La pérdida de capacidad de los partidos para establecer vínculos orgánicos entre ciencia y política; 5. El surgimiento de ‘movimientos’ que se constituyen por fuera de los partidos políticos como formas de acción colectiva difrente y alternativa.

La comprensión prematura del nexo entre la crisis de los partidos y la crisis orgánica de la civilización moderna, nos permitió realizar una reconstrucción histórica del proceso de formación de los partidos políticos en el proceso constituyente de la civilización estatal. Un proceso que analizamos exhaustivamente en la Primera Parte de este Libro Segundo.

El análisis histórico comienza desde los antecedentes y orígenes de la nueva civilización, que empiezan a aparecer en el contexto de la crisis y la disgregación de la anterior civilización católico-medieval en Europa.

El estudio histórico de la génesis, formación y consolidación de la civilización moderna, capitalista, estatista y cientificista, lo realizamos buscando no solamente comprender las dinámicas de un proceso histórico anterior, sino en función de extraer de éste los conocimientos que sirvan para comprender y proyectar la gestación, formación y consolidación de una civilización nueva, superior a aquella moderna estudiada en sus dinámicas constituyentes y en sus estructuras consolidadas. Como hemos dicho, este es un rasgo esencial de la estructura cognitiva de la que llamamos ciencia ‘de la historia y de la política’, que unifica la comprensión de los procesos históricos y la proyectación de sus transformaciones a través de iniciativas coherentes.

Analizamos el significado que tuvieron en el desmembramiento de la civilización medieval, procesos como los movimientos heréticos y su reabsorción en la Iglesia a través de las órdenes religiosas; los cambios en el lenguaje con los dialectos y la formación de los idiomas nacionales, así como el comienzo de la literatura escrita en ‘lenguas vulgares’; las organizaciones militares comunales y las guerras entre las Comunas; los conflitos entre facciones (como los Guelfos y los Guibelinos); el surgimiento de buguesías comunales, etc.

Sucesivamente examinamos los fenómenos culturales preparatorios de la civilización moderna, entre los cuáles destacan: el Renacimiento, la Reforma Protestante, el Humanismo y el Iluminismo, Maquiavelo y la Ciencia Política,  la Contrarreforma y la Restauración, las Utopías y las Novelas Filosóficas. Y en el establecimiento de los  fundamentos teóricos de la civilización moderna, el papel cumplido por la Ciencia de la Economía, la Ciencia del Derecho, las ‘ciencias de las ideas’ y el empirismo, el inmanentismo, el materialismo y el positivismo filosófico. En la consolidación de la cultura moderna analizamos la estructura cognitiva que es propia de las ciencias sociales y políticas, y la figura intelectual del científico y del profesional moderno.

En cuanto al proceso constituyente de los partidos políticos y del Estado, destacamos la importancia y el significado que tuvo el movimiento de los Jacobinos, el partido de los jacobninos, y todo el proceso de la Revolución Francesa. Cómo a través de ellos se llegó a la concepción, instauración y desarrollo del Estado moderno y su típica conformación burocrático-representativa, teorizada en el modelo de la democracia moderna.

Finalmente, el análisis histórico muestra el surgimiento de los Nacionalismos, la gestación del llamado Imperialismo,  hasta que comienza el proceso que Gramsci califica como ‘crisis orgánica’.

La Segunda Parte del Libro Segundo de La Travesía, se concentra en la comprensión teórica de la estructura de la política en el Estado moderno, y en la búsqueda y formulación de una nueva estructura de la política y de la acción transformadora, en función de superar la ‘crisis orgánica’ de la civilización moderna mediante la creación progresiva de una nueva civilización.

Un capítulo aborda el Modelo Teórico del Estado Democrático Moderno con sus distintas configuraciones según las relaciones que en ellos se establece entre los órganos de la burocracia y los órganos de la representación política, y en los modos en que se concibe y realiza la relación entre clases o grupos sociales, partidos políticos y aparato estatal.

En otro capítulo examinamos los paradigmas de la política moderna, básicamente el modelo de política revolucionaria y el modelo de política evolutiva y reformista. Ellos son estudiados distinguiendo los siguientes factores: a) Los modos y ritmos de la acción y de realización del proyecto; b) El tipo de actividad predominante y los niveles  de la organización social en que se concentra la acción transformadora (sociedad civil y/o sociedad política, mercado y estado); c)  Los tipos de estrategia que se adoptan para organizar y desplegar la acción transformadora: d) Las relaciones con el adversario y los modos de lucha para vencerlo; e) Las formas de organización de los partidos; f) Los modos de relación que se estalecen entre los dirigentes y los dirigidos (o bases militantes).

La última sección del libro aborda la cuestión de una nueva política, un nuevo paradigma de política. La reconstrucción histórico-crítica del proceso de formación, desarrollo y crisis de la civilización estatal moderna, permitió comprender que la forma partidista de la política moderna y sus estructuras fundametales, forman parte integrante de la crisis orgánica del Estado moderno. De ahí que la superación histórica de esta crisis no puede realizarse por medio de la política y de los partidos. Se plantea, así, la necesidad de elaborar y experimentar un nuevo conjunto de actividades transformadoras, una nueva política, que sea capaz de abrir el tránsito hacia una nueva civilización.

En este sentido se abordan los temas esenciales que constituyen la política, re-pensados en función de un nuevo proyecto histórico: la elaboración de las ideas y del proyecto; la organización cultural y la comunicación; la educación, la escuela y sus niveles de formación; la relación entre la política y el conocimiento; el papel de la experiencia y la relación entre teoría y práctica; las relaciones entre dirigentes y dirigidos; la relación entre los medios y los fines; entre la ética y la política; el nexo entre el proyecto transformador y la tradición; las relaciones con el adversario; las relacione entre ciencia y política en cuanto configurantes de un nuevo tipo de intelectual, entre otros.

 

Desarrollo temático y difusión de la Ciencia de la Historia y de la Política. Dos libros, un Curso y un Programa de Formación.

 

La Ciencia de la Historia y de la Política me llevó a comprender la necesidad del surgimiento de una nueva economía, y en consecuencia de una nueva comprensión científica de la economía, como requisito y componente esencial de la transición a una nueva civilización. Eso explica mi dedicación sistemática, durante muchos años, al desarrollo teórico y práctico de la economía solidaria, y a la elaboración de la Teoría Económica Comprensiva. En ese contexto, el tema específico de la relación entre la creación de una nueva economía y la creación de una nueva política estuvo siempre presente en mis trabajos.

Fue así que en los libros de economía y en diversos artículos y conferencias abordé una serie de temas y cuestiones que son propias y específicas de la Ciencia de la Historia y de la Política, tales como:

- La relación entre teoría y práctica.

- Libertad Individual y Estado.

- La acción transformadora como uno de los caminos de la economía solidaria.

- La economía como motor de la transformación social.

- La economía solidaria en la perspectiva de una nueva civilización.

- Las relaciones entre economía y política.

- El Estado como actor económico y sus funciones como regulador del mercado.

- La relación entre la democratización económica y la democratización política.

Un tema central de la Ciencia de la Historia y de la Política es el de las estructuras de la acción transformadora, que incluye la cuestión de la organización de la nueva política que participe en la creación de una nueva civilización y que sea parte de la transición a ésta. Una serie de trabajos en que abordo esta temática los recogí en el libro Tópicos de Ciencia de la Historia y de la Política.

Un desarrollo ulterior, relativamente sistemático de las grandes cuestiones de esta nueva ciencia, lo realicé en ¿Cómo Iniciar la Creación de una Nueva Civilización? que es un libro y también un conjunto de breves charlas grabadas en Videos. En esta obra expongo de manera directa y al nivel de divulgación, un conjunto de cuestiones principales que deben ser comprendidas para participar activamente en este proceso:

¿Qué es una civilización? ¿Cómo es la civilización moderna, y por qué se encuentra en crisis? ¿En qué consiste el tránsito de una civilización a otra? ¿Qué se conserva y qué cambia en el paso de una civilización a otra? ¿Cuál es el sujeto iniciador de una civilización? ¿Se ha ya iniciado la nueva civilización, y qué elementos la distinguen? ¿Qué papel juega la creatividad en la creación de una civilización? ¿Por qué es necesaria la autonomía, en qué consiste, y cómo se alcanza? ¿Cómo interviene la solidaridad en el proceso? ¿Cómo concebir el tamaño de la nueva civilización, y en qué sentido tiene dimensión universal y dimensiones locales diferenciadas? ¿Cómo se definen los contenidos y el proyecto de la nueva civilización? ¿Cuál es el papel del conocimiento? ¿Y de las comunicaciones y redes? ¿Cuál ‘nueva política’, y qué estructuras de la acción organizadora y transformadora? ¿Qué relaciones entre la sociedad civil y la sociedad política? ¿Cómo se genera unidad e integración en función de un proyecto tan vasto, complejo y pluralista? ¿Cuál sería el papel, el lugar y las formas y contenidos del Estado en la nueva civilización? ¿Qué papel tendrían las naciones, las etnias, las comunidades nacionales? ¿Cuál y cómo será la economía en la nueva civilización? ¿Cómo organizar la producción, la distribución y el consumo? ¿Existirán, y cómo, el mercado, el dinero y las ganancias? ¿Qué concepción de la ética y la espiritualidad? ¿En qué sentido podemos hablar de un ‘hombre nuevo’, esto es, del tipo humano de la nueva civilización?

Una segunda presentación  sistemática y pedagógica de las cuestiones principales de la Creación de una Nueva Civilización la realicé junto a Pasquale Misuraca en la obra LA VIDA NUEVA, que es un Programa de Formación en Ciencia de la Historia y de la Política destinado a un vasto público, y que combina textos presentados en Power Point, fotografías e ilustraciones gráficas, y escenas tomadas de films. Se ofrecen además varias Lecturas Complementarias tomadas de LA TRAVESÍA

La obra está compuesta en cuatro partes:

* La crisis orgánica de la civilización moderna, que se analiza en su proceso y en sus principales aspectos.

* El proceso de formación y creación de la civilización moderna, identificando sus dinámicas constituyentes a nivel cultural y político.

* Las grandezas y miserias de la civilización moderna, que permiten apreciar sus contribuciones al desarrollo de la humanidad y sus límites y falencias.

* Una civilización nueva y superior: creativa, autónoma y solidaria. Se analizan aquí los procesos constituyentes de una civilización nueva y superior, en sus diversas dimensiones: humanas, cognitivas, educacionales, económicas y políticas.

Para la formación de personas en la Ciencia de la Historia y de la Política preparé dos Cursos: Desarrollo Humano Sustentable, y Las Relaciones entre Economia y Política en el Estado Democrático Moderno.

En el Curso de Desarrollo Humano Sustentable ofrezco una visión amplia y profunda de la crisis del desarrollo que afecta actualmente a América Latina y al mundo, y una conceptualización de lo que puede ser un desarrollo de nuevo tipo, centrado en el ser humano, que cumpla las condiciones de sustentabilidad social y medioambiental.

En una Primera Parte se examinan los problemas sociales, medioambientales y de calidad de vida que genera el actual modelo de desarrollo, tanto en los países avanzados como en los considerados subdesarrollados, poniendo en evidencia la profunda crisis que afecta al mundo contemporáneo, así como las contradicciones que lo hacen crecientemente inviable. Se abordan también las diferentes concepciones críticas al desarrollo, de fundamentos teóricos neo-liberal, marxista, ecologista y humanista.

En una Segunda Parte se propone una reformulación de los Objetivos del Desarrollo Deseable, y se los confronta con las concepciones convencionales del desarrollo económico conocido, de donde surge la necesidad de una urgente ampliación de los marcos teóricos necesarios para concebir un nuevo desarrollo para la humanidad. Se esbozan los contenidos de una nueva estructura del conocimiento, capaz de visibilizar y comprender las condiciones de posibilidad del tal Desarrollo Humano Sustentable.

En la Tercera Parte se plantea el problema de los Recursos para el desarrollo, discutiéndose las concepciones del agotamiento y escasez de los recursos, y proponiéndose una nueva concepción de los recursos, cuyas fuentes pueden ser activadas y potenciadas, haciendo posible la disposición de nuevos tipos de Factores y Categorías económicas capaces de permitir e impulsar un gran desarrollo económico, humano, sustentable social y ecológicamente.

En la Cuarta Parte se reformula el tema de las Necesidades Humanas, postulándose una profunda transformación del consumo, capaz de llevar a nuestras sociedades a una mejor y superior calidad de vida.

En el Curso sobre Las Relaciones entre Economía y Política en el Estado Democrático Moderno abordo el tema en dos planos.

Uno es el nivel que podemos considerar macro (macroeconómico y macropolítico). A este nivel, uno de los problemas más complejos que presenta actualmente la sociedad es la desarticulación de las relaciones entre economía y política. Es de fácil observación, en efecto, que a menudo los problemas económicos no encuentran adecuadas soluciones porque razones y circunstancias políticas impiden adoptar las decisiones que serían necesarias. Análogamente, la solución adecuada de diversos problemas políticos es a menudo imposible porque no existen las condiciones económicas que las tornen viables.

Siempre en este nivel 'macro', la desarticulación entre economía y política resulta, entre varias otras causas, del hecho que mientras la vida económica tiende cada vez más hacia el internacionalismo y la globalización, la vida política tiende hacia el nacionalismo. Así, la economía se desvincula de la política, y ésta carece de capacidad de controlar y regular a la economía. Esta desarticulación de las relaciones entre economía y política es una de las claves de la crisis de la civilización moderna, capitalista en lo económico y estatista en lo político.

Para comprender la profundidad y gravedad de este problema cabe advertir que la relación entre sociedad civil y sociedad política, en la que se enmarca la cuestión de las relaciones entre economía y política, entre mercado y Estado, es uno de los tópicos centrales del modelo teórico de la democracia moderna, que ha evolucionado conceptualmente en conexión con los procesos históricos que han ido modificando tales relaciones en las sociedades reales.

Así planteado en general, la búsqueda de rearticulación entre economía y política, y más ampliamente, la intención de generar e impulsar transformaciones sociales orientadas en la perspectiva de una nueva civilización, abren a una dimensión 'micro' y también 'sectorial' del problema. En efecto, procesos de creación de formas económicas alternativas a las capitalistas y estatistas predominantes, cuales son la economía solidaria, el cooperativismo, la autogestión, las finanzas éticas, el consumo responsabble, y variadas otras modalidades de organización y de búsquedas de alternativas económicas, se plantean la necesidad de incidir transformadoramente también en los procesos políticos. ¿Pueden, y de qué modos, incidir las organizaciones económicas 'alternativas' en las dinámicas políticas de la sociedad, en orden a establecer nuevas y coherentes relaciones entre economía y política?

Tales son los problemas y las preguntas que presento en este curso, en el que convergen elaboraciones propias de la Ciencia de la Historia y de la Política, junto a conceptos que se enmarcan más directamente en la Teoría Económica Comprensiva.

 

FILOSOFÍA – HACIA NUEVAS ESTRUCTURAS DEL CONOCIMIENTO.

 

Introducción.

 

Toda civilización se caracteriza por fundarse en una determinada estructura del conocimiento, una determinada concepción del ser humano, y una filosofía. Una nueva civilización también las requiere, y en tal dirección he trabajado también los grandes temas del  conocimiento, del hombre y del ser..

En la época moderna, a partir de la distinción cartesiana entre la "realidad extendida" y la "realidad pensante", el conocimiento asumió dos formas distintas y separadas entre sí. Por un lado se encuentra una forma del conocimiento de la realidad que podemos llamar 'cientismo positivista', el cual procede básicamente por inducción a partir de los datos de la experiencia empírica; conocimiento que se considera objetivo en cuanto sería verificable y cuantificable, y que se funda en concepciones filosóficas empiristas, positivistas, naturalistas y materialistas. Por otro lado está la forma del conocimiento que podemos llamar 'subjetivista', que procede básicamente por deducción a partir de las intuiciones y contenidos interiores de la conciencia; conocimiento que accedería a las dimensiones cualitativas y subjetivas de la realidad, y que se funda en concepciones filosóficas relativistas, idealistas y espiritualistas.

Ambas formas y concepciones del conocimiento se critican y se niegan recíprocamente su capacidad de acceder a la verdad respecto al ser de las cosas y al sentido del mundo, de la vida y del propio ser humano. Ambas conducen a una creciente fragmentación del conocimiento. El cientismo positivista, por la constante subdivisión y diferenciación de las disciplinas y de las especializaciones a que lleva la infinita variedad y multiplicación de los datos empíricos. El subjetivismo, como consecuencia de la natural diversidad de las conciencias individuales, cada una de las cuales generadora de creencias, convicciones, intuiciones, emociones e ideas diferentes.

Así, provistos de una infinidad de conocimientos parciales, dispersos y cambiantes, pero carentes de verdades integradoras aceptadas y reconocidas socialmente, el hombre y la sociedad contemporánea se encuentran sin respuestas ciertas a las grandes preguntas filosóficas, y desorientados respecto de las cuestiones éticas y prácticas, tanto a nivel individual como social y político.

La mencionada dualidad de formas que asumió el conocimiento en la civilización moderna, se manifiesta también en el ámbito del pensamiento social, económico y político. Se desarrollaron, en efecto, por un lado las llamadas 'ciencias sociales' (economía, sociología, ciencia política, psicología social, etc.), y por otro las grandes ideologías (liberalismo, socialismo, social-cristianismo, etc.).

Las primeras - construidas siguiendo el modelo de las ciencias naturales, pretendiendo proporcionar conocimientos objetivos y científicos sobre los procesos históricos y sociales -, primero diferenciaron y separaron en la realidad social los niveles económico, social, político y cultural, cada uno analizado por una disciplina diferente, y luego han continuado la subdivisión del conocimiento social a través de especializaciones temáticas y áreas particulares de la realidad, cuyo conocimiento da lugar a disciplinas particulares (por ejemplo, sociología rural, sociología urbana, sociología de la educación, del trabajo, etc.).

Las segundas, construidas conforme a las subjetivizaciones económicas y políticas de grandes agrupamientos sociales y culturales, intentando recuperar los intereses, la subjetividad social, los valores y el 'deber ser', han pretendido proporcionar respuestas universales, totalizantes y sistémicas a las cuestiones sociales; pero siendo ellas indemostrables en sus principios y en sus propuestas ideales, se han ido también diversificando a través de la multiplicación de posturas ideológicas que representan intereses o proyectos de grupos, clases, partidos y organizaciones particulares.

La fragmentación del conocimiento científico-social y la diversificación y antagonismo de las elaboraciones ideológico-políticas, impiden la articulación de saberes y formas de conciencia compartidos socialmente, que pudieran crear y mantener la indispensable 'unidad en la diversidad' cultural, social y política, sin la cual no son posibles la cohesión social, el orden institucional y la integración cultural en las sociedades.

A su vez, la fragmentación disciplinaria y crecientemente especializada del conocimiento científico social impide la comprensión y realización de diagnósticos certeros de la compleja problemática económica, social, política y cultural, de un mundo crecientemente internacionalizado y globalizado. Tampoco es posible elaborar respuestas eficaces a problemas que requieren diagnósticos y propuestas que integren las razones y las exigencias económicas, políticas y culturales, que ponen, cada una por separado, sus propias y contrastantes exigencias.

En este contexto, se hace necesario buscar y encontrar vías nuevas de acceso a la verdad y al conocimiento del ser. La tarea filosófica del presente, requerida para dar fundamentos consistentes a un proceso de creación de una nueva civilización, requiere elaborar nuevas estructuras del conocimiento y de la proyectación, que integren saberes y dimensiones actualmente separadas por el conocimiento moderno, y que articulen de modo nuevo el análisis de lo que es y la proyectación de lo que se quiere construir, el ser y el deber ser, la objetividad y la subjetividad, la realidad empírica de los hechos con las dimensiones éticas y valóricas inherentes a la realidad y la acción humana, individual y social. Mi trabajo en torno a estas cuestiones ha quedado plasmado en cuatro libros principales y en algunos artículos.

 

Cuatro libros de filosofía.

 

El primer libro, titulado El Misterio del Hombre, escrito en 1992, es una pequeña obra de reflexión y una exploración sobre la naturaleza del hombre como ser espiritual. Como afirmo en el Prólogo, “no es una obra sistemática que vaya recorriendo minuciosamente todos los aspectos y dimensiones del hombre, sino un ensayo en que el pensamiento se despliega libremente a través de pocos y breves capítulos. (...) Es una síntesis de múltiples conocimientos que se han ido integrando mediante la reflexión de tantas experiencias propias y ajenas y de innumerables lecturas de los más variados orígenes, fuentes y orientaciones.”

Mencionar los títulos de sus capítulos permite comprender el sentido en que se orienta la reflexión: 1. Intentando una nueva dfinición del hombre. 2. Más allá de la definición, buscando la esencia del hombre. 3. El desarrollo personal: buscando la realización de la esencia. 4. Una naturaleza herida que busca sanación y camina hacia un nuevo nacimiento. 5. La distinción de género y la sexualidad: la pareja humana. 6. Las potencias del espíritu y el agonismo del hombre. 7. El espíritu al encuentro de sí mismo. 8. El espíritu al encuentro de Dios. 9. Verticalismo y horizontalismo, una polaridad por superar.

El segundo libro de Filosofía - En Búsqueda del Ser y de la Verdad Perdidos - aborda las dos cuestiones filosóficas fundamentales: ¿Qué es la realidad, o qué es el ser? Y ¿Podemos realmente conocer y alcanzar la verdad?

El libro tiene tres partes. La primera comienza formulando teorética e históricamente la cuestión metafísica, y en seguida se procede a un recorrido por las distintas corrientes de la filosofía moderna y contemporánea, que han negado la posibilidad de conocer el ser y alcanzar conocimientos metafísicos verdaderos. Ello conduce a una reformulación del problema del ser y de la verdad, asumiendo la crítica y los cuestionamientos de la filosofía moderna, que no pueden ser soslayados.

La segunda parte del libro aborda el problema del conocimiento, analizando sus distintas fuentes: los sentidos, la conciencia y la razón. En primer lugar se procede a identificar con precisión cuáles son los alcances y los límites del conocimiento empírico, esto es, el que podemos alcanzar mediante los sentidos del cuerpo y la percepción inmediata. En seguida se aborda la cuestión de la conciencia interior y subjetiva, que proporciona una experiencia llamada ‘fenomenológica’, y que no conocemos empíricamente sino mediante la autoconciencia. El análisis de esta experiencia aborda en particular la cuestión de la interioridad y la exterioridad, que aparecen como centrales y definitorias de la realidad de la conciencia en su relación con la realidad empírica. De ahi se pasa a examinar la experiencia propiamente racional, que establece una conexión entre la realidad fenomenológica (interior) y la realidad empírica (exterior). Cuestión relevante en el análisis de la razón humana es la que interroga por la universalidad de los objetos lógicos, matemáticos, geométricos y simbólicos que elabora y relaciona la razón, lo que a su vez lleva a plantearse la cuestión de la trascendencia de una eventual ‘razón pura’.

En cuanto las experiencias empírica, fenomenológica y racional se conectan en la mente humana, aparece la cuestión de la  mente o del yo psíquico, como manifestación de la conciencia ‘situada’ en el mundo empírico y conectada al universo racional. Junto a ello, la cuestión de la comunicación intersubjetiva entre conciencias ‘cerradas’ cada una en sí misma, pero situadas en un mundo empírico compartido, y que razonan con similares o iguales objetos lógicos, matemáticos, geométricos y simbólicos, lo que hace posible su comunicación intersubjetiva y racional.

En la tercera parte del libro se aborda específicamente la cuestión de la verdad y de la eventual correspondencia entre el conocimiento y la realidad conocida. ¿Es ‘objetivo’ el conocimiento empírico? ¿Puede la conciencia humana alcanzar conocimientos indudables y alcanzar certezas? ¿Cuál es el horizonte de verdad que puede reconocerse a la razón, aplicada críticamente a las distintas experiencias cognitivas, de lo cual resultan las llamadas ‘ciencias’?

El libro concluye planteándose las condiciones de una determinación formal de una eventual experiencia y conocimiento metafísico, que conduce a la pregunta sobre el Ser absoluto, llamado habitualmente Dios. Cuestión que se formula con rigurosidad, quedando abierta la respuesta para futuras indagaciones epistemológicas sobre una posible experiencia espiritual.

El tercer libro propiamente filosófico es El Comos Noético – Proposiciones para una teoría comprensiva de la realidad, una obra centrada en la pregunta sobre la posible unificación del conocimiento humano, se funda en y desarrolla, la intuición fundamental de que el cosmos ha evolucionado en la dirección de generar el conocimiento de sí mismo. Intuición que se explica al comienzo del libro en estos términos:

Los seres humanos - sujetos cognoscentes sensitivos / autoconscientes / racionales - que hemos aparecido en el curso de la evolución de la realidad universal, somos parte de esa misma realidad. Esto implica que el conocimiento del que somos el sujeto, ha sido generado en la realidad y por la misma realidad que llegamos a conocer, en un momento o fase de la evolución del universo. Podemos entonces afirmar que la realidad, en nosotros, se constituye como realidad cognitiva, y que en tal sentido somos parte – derivada pero constituyente – de un ‘cosmos noético’ (del griego ‘κόσμος’ – cosmos - que significa orden y que suele utilizarse como sinónimo de universo, y ‘νόησις’ - nóesis, que significa conocimiento).

 

Pues bien, si el sujeto cognoscente es parte de la realidad, es necesario afirmar que la realidad es sujeto cognoscente y objeto conocido, no como dos realidades distintas y separadas sino como componentes de una misma realidad, tal como ha llegado a estar constituida en y por su propia evolución. Si consideramos esto como el proceso dinámico que ha sido y es, podemos afirmar que la realidad universal ha evolucionado en la precisa dirección de llegar a manifestarse y conocerse a sí misma.

 

En esta realidad única hay que reconocer, además, todas las dimensiones u ‘órdenes’ de la realidad que las diferentes experiencias cognitivas ponen de manifiesto. Así, mediante el conocimiento empírico que obtenemos con los sentidos y la percepción, reconocemos tres primeros ‘órdenes’ de la realidad, a saber, la realidad material o física, la realidad vegetativa o viviente, y la realidad sensitiva y perceptiva propia de los animales superiores. Mediante el conocimiento fenomenológico que experimentamos internamente adquirimos conocimiento de los fenómenos conscientes y autoconscientes, que podemos entender como el ‘orden’ de la realidad cognitiva consciente y autoconsciente. Mediante el conocimiento racional que nos proporciona la razón, reconocemos el que podemos considerar como el ‘orden’ de la realidad racional, constituida por todos los objetos ‘universales’ o abstractos que elabora y con los que opera la razón (conceptos, números, figuras geométricas, símbolos, etc.) y que nos permiten comprender las estructuras lógicas, matemáticas, geométricas y simbólicas de la realidad.

 

La existencia de esos tres tipos de experiencias cognitivas (empírica, fenomenológica y racional), por ser comunes a casi la generalidad de los seres humanos, no es discutida. No ocurre lo mismo con una posible experiencia cognitiva espiritual, que algunas personas sostienen haber tenido y afirman que es posible experimentar, y en base a la cual se accedería cognitivamente a una dimensión u ‘orden’ oculto o trascendente de la realidad, que pudiéramos denominar realidad ‘espiritual’ o ‘mística’. Si esta experiencia cognitiva existe, sería parte de la misma y única realidad universal en la que habría que reconocer que están ya presentes: la realidad material, la realidad viviente, la realidad sensitiva, la realidad consciente, la realidad racional y la realidad espiritual.

 

Independientemente de si la experiencia cognitiva espiritual sea real o ficticia, es necesario afirmar que ha sido la realidad misma la que, a través de su proceso evolutivo, ha generado órganos que hacen posible  distintas experiencias cognitivas. Tales órganos, propios de los sujetos cognoscentes, son parte de la realidad que conocemos y que asumimos también como objetos de conocimiento; ellos ponen de manifiesto las dimensiones empírica, fenomenológica, racional y (tal vez) espiritual de la realidad.

 

Dicho de otro modo, las realidades empírica, fenomenológica, racional y (tal vez) espiritual, son dimensiones de la misma y única realidad existente y evolucionante que conocemos, mientras que somos nosotros, en cuanto las experimentamos y reconocemos, quienes hacemos una distinción que es puramente analítica entre lo que consideramos sujeto (nosotros mismos en cuanto cognoscentes) y lo que consideramos objeto (aquello sobre lo cual versa el conocimiento), sin que en la realidad misma se encuentren como realidades separadas o de diferente nivel ontológico.

 

Al aparecer evolutivamente en la realidad el sujeto del conocimiento empírico (con los primeros seres vivos dotados de sensación y percepción y que tienen experiencia empírica), la realidad comienza a manifestarse y a conocerse en cuanto realidad empírica, material, física. Al aparecer después el sujeto del conocimiento consciente o fenomenológico (con los animales superiores y la especie humana), la realidad comienza a manifestarse y conocerse como realidad que es también fenomenológica, consciente y autoconsciente. Al aparecer el sujeto de la experiencia racional (los individuos humanos que tienen de la realidad una experiencia intelectiva racional, universal y abstracta), la realidad se manifiesta, se conoce y reconoce como racionalmente configurada. Del mismo modo, la existencia de sujetos capaces de tener genuinas experiencias cognitivas místicas implicaría que la propia evolución de la realidad, habiendo constituido esos cognoscentes espirituales, ha llegado a manifestarse y a ser conocida y reconocida ella misma como realidad que es también espiritual.

 

Lo anteriormente expuesto puede entenderse de dos maneras posibles. Puede pensarse que la realidad se constituye evolutivamente, primero como realidad material, luego como realidad viva, enseguida como realidad cognitiva (sensitiva, consciente, autoconsciente y racional), y finalmente como realidad espiritual, a medida que van surgiendo los respectivos órganos y sujetos cognoscentes. O puede pensarse que desde siempre la realidad contiene en sí misma las dimensiones material, viviente, sensitiva, consciente, racional y espiritual, que permanecieron ocultas hasta que se manifestaron y fueron conocidas, progresivamente, a medida que aparecían los sujetos provistos de los correspondientes órganos cognitivos, o sea dotados de las respectivas capacidades de experimentarlas cognitivamente.

 

En cualquiera de los casos, la materia, la vida, la percepción, la conciencia, la razón y el espíritu, habrían sido realidades sólo potencialmente cognoscibles hasta que emergieron en las respectivas experiencias cognitivas. Éstas son, han llegado a ser, parte de la misma realidad evolucionante que se manifesta y conoce progresivamente a sí misma en esas varias dimensiones.

 

Darnos cuenta, tomar conciencia y comprender esto, que en verdad resulta intuitivamente obvio una vez que lo pensamos, ha de llevarnos a cambiar profundamente las ideas que tengamos sobre lo que es la realidad - la materia, la vida, la cognición sensible, la conciencia, la razón, el espíritu - y sobre nuestro propio lugar y significado en ella.

 

El tema se conecta con una cuestión particular pero muy importante que inquieta actualmente a la ciencia y que ha ocupado desde siempre a la filosofía: la posibilidad de unificación del conocimiento humano. A ello siguen veinte proposicones, argumentadas, que desarrollan la intuición fundamental, y que conducen a la formulación de la que denomino ‘Conciencia Noética’, de la que se desprende la que sería nuestra misión fundamental como seres humanos.

 

El libro incluye, como Apéndices o Excursos, dos escritos distintos. El primero aborda la pregunta: ¿Sobre qué bases podemos creer que alcanzamos conocimientos verdaderos  sobre la realidad. La segunda desarrolla el tema de la relación entre la ciencia, la espiritualidad y las religiones, que deja abierta la cuestión de la existencia de Dios y su relación – de causa primera y causa  final - con el Cosmos Noético.

Finalmente, el último de mis libros de filosofía - ¿Hasta dónde puede llegar el ser humano? - recoge un conjunto de escritos que se encontraban dispersos, centrados en la identificación de las potencialidades del hombre en términos de su desarrollo, transformación y perfeccionamiento, tanto a nivel individual como social. Cuestión que se plantea en la perspectiva principal de  responder a la interrogante sobre la posibilidad que tengamos de crear y de transitar hacia una nueva y superior civilización, con todo lo que ello implica. Estando los seres humanos condicionados tan fuertemente por las estructuras económicas, políticas y culturales de esta civilización ¿contamos con, y subsisten todavía en nosotros, las energías y las potencialidades intelectuales, morales y espirituales que nos permitan alcanzar una vida nueva y una civilización superior?

En mis elaboraciones sobre ‘la economía solidaria y el mercado democrático’, así como en la formulación de la ‘teoría económica comprensiva’ y sobre el ‘desarrollo, transformación y perfeccionamiento de la economía en el tiempo’, ha sido constante la intención de no proponer utopías fundadas en deseos imposibles, sino de formular modelos y propuestas (micro, sectorial y macro) de una economía justa y solidaria, que sean posibles de implementar teniendo en cuenta lo que somos y cómo somos los seres humanos.

En mis  libros de ciencia de la historia y de la política (La Travesía I y II, ¿Cómo iniciar la creación de una nueva civilización? y La Vida Nueva) orientadas a formular los caminos que puedan conducir hacia una nueva civilización, me he detenido ampliamente en el estudio de las civilizaciones anteriores, y especialmente de sus procesos de gestación y formación histórica, de manera que las propuestas sobre cómo transitar hacia, e iniciar la creación de, una civilización superior, estén científicamente fundadas y sean realistas y consistentes con nuestra naturaleza humana y con nuestras potencialidades como especie y como sociedad.

En mis libros de filosofía – El Misterio del Hombre, En Búsqueda del Ser y de la Verdad Perdidos, y El Cosmos Noético – han sido centrales la cuestión de los alcances del conocimiento humano, la interrogante sobre la posibilidad de acceder al conocimiento de la verdad y del ser tal como es, y la comprensión de nuestras potencialidades de desarrollo como personas, teniendo en cuenta que hemos surgido evolutivamente de la materia y que sin embargo nos levantamos sobre ella y aspiramos a vivir en las dimensiones interiores de la conciencia, la libertad y el espíritu.

Y es que la pregunta que interroga ¿hasta dónde puede llegar el ser humano? siendo unificadora de muchas búsquedas, se ramifica en múltiples direcciones:

¿Pueden los seres humanos transformar real y consistentemente la realidad social, y construir una economía justa y solidaria, una política integradora, una cultura bella, verdadera, profunda y plural? En síntesis, ¿podemos crear una nueva y superior civilización que merezca verdaderamente el calificativo de humana?

¿Podemos cada uno de nosotros evolucionar, cambiar y perfeccionarnos, llegando a ser personas realmente libres y conscientes,  autónomas, creativas y solidarias, éticamente virtuosas y espiritualmente desarrolladas?

¿Puede el ser humano conocer verdaderamente la realidad tal como es? Conocerse a sí mismo y conocer el mundo, más allá de nuestra precaria subjetividad, y alcanzar un conocimiento verdadero y universalmente válido?

Son preguntas que se entrelazan constantemente, cada una de ellas llamando a las otras en cada ocasión en que se confronta el deseo de la perfección con la realidad condicionante de lo que es posible.

En esta búsqueda y en estas reflexiones  - reconociendo que desde niño me impactó aquello de que ‘somos imagen y semejanza de Dios’ - he llegado a la convicción de que los seres humanos tenemos potencialidades inmensas, casi infinitas, que han sido evidenciadas por los más grandes hombres y mujeres que han existido: sabios de todas las filosofías y espiritualidades, poetas de todas las inspiraciones, artistas de todas las artes, científicos de todas las disciplinas, pioneros de todas las industrias, inventores de todas las tecnologías, realizadores de todas las conquistas, creadores de todos los ‘mundos’ que hemos llegado a habitar en la tierra, en el mar, en el espacio.

Pero al mismo tiempo miro y no dejo de observar la pequeñez de innumerables seres humanos: empobrecidos, vulnerables, avaros, temerosos, dependientes, débiles, sometidos, ignorantes, presuntuosos, prepotentes, egoístas, viciosos. Estudio las sociedades y las descubro llenas de injusticias y de opresiones. Analizo las creencias que direccionan nuestra existencia y que presiden nuestras decisiones, y las percibo impregnadas de prejuicios, de errores, de inconsistencias y de contradicciones.

Y surgen entonces más preguntas. ¿Qué relación hay entre los ‘grandes hombres’ y las multitudes anónimas? ¿Pueden los primeros atraer a las segundas a sus alturas morales, intelectuales y artísticas? ¿O son esas masas informes las que finalmente arrastran hacia su ambiente de mediocridad a quienes han soñado alguna vez con volar en las alturas del conocimiento, de la poesía, de la santidad?

Buscando respuestas a todas estas preguntas, y a la pregunta que las enlaza a todas - ¿hasta dónde puede llegar el hombre? -, levanto al comienzo de este libro una cuestión inevitable y principal, cual es el análisis de las reales necesidades, aspiraciones y deseos de las personas, y la búsqueda de comprensión de lo que pudiéramos entender como la ‘naturaleza humana’.

Cuestión que en seguida nos lleva a pensar en la conexión entre la persona individual y la humanidad, como sociedad y  especie. ¿En qué sentido podemos decir que los humanos somos ‘iguales’, y cuál es la raíz de la obvia desigualdad que nos afecta? Pregunta acuciante que implica asumir que vivimos la contradicción entre querer diferenciarnos unos de otros, al mismo tiempo que buscamos identificarnos con y en entidades colectivas.

Esas preguntas hacen que aparezca y reaparezca siempre como cuestión decisiva la interrogante sobre el conocimiento. Pues lo que puede llegar a ser el hombre depende en primerísima medida, de lo que pueda llegar a conocer: del alcance de sus capacidades cognitivas, y de los logros que vaya obteniendo en el campo del saber y de los aprendizajes.

De ahí la necesidad de preguntarse qué importancia tienen las ideas y las teorías, cómo se relacionan con las obras, cuál es su participación en la creación de realidades nuevas, cómo interactúan la teoría con la práctica, el saber con el hacer, la realidad objetiva con la realidad subjetiva. Y acaso podamos verdaderamente acceder a un conocimiento comprensivo y universal sobre realidades que, por donde las miremos, nos muestran ante todo su vastedad y su sorprendente complejidad.

A partir de allí se nos hacen presentes cuestiones muy profundas: ¿qué significa ser verdaderamente humano, y qué implica vivir conforme a ello? ¿Por qué hacemos lo que hacemos, y cómo se conecta esto con lo que realizamos de hecho? ¿Qué es lo que nos mueve, en última instancia, a conocer, a amar, a actuar? Y ¿de dónde surgen nuestras grandes aspiraciones y proyectos sociales, que inevitablemente nos sobrepasan?

Cuestiones todas las anteriores que no pueden dejar de llevarnos a preguntarnos sobre la espiritualidad como experiencia cognitiva que, en el decir de quienes afirman haberlas vivido, constituiría el ámbito en que es posible y se cumple el desarrollo humano pleno. ¿Es que puede el ser humano llegar a ser espiritual?

Todo lo anterior nos lleva a la decisiva cuestión que resume todas las anteriores:  ¿cuán condicionados estamos por las estructuras, por el pasado, por nuestros contextos, en nuestra libertad para iniciar nuevos modos de pensar y de actuar, para crear nuevas formas de hacer economía, política, cultura; para explorar otras, mejores y superiores formas de ser humanos?

 

La Obra Literaria (o los libros de ficción).

 

Mis tres novelas – Los Cuadernos de Juan Soojuán, El Viaje de Ambrosio y La Conferencia de Matilde - , siendo obras de ficción, tienen la cualidad de representar en formas más libres de lo que permiten las obras filosoficas y científicas, y a través de personajes, situaciones y hechos, muchas de las concepciones e ideas que forman parte de la Teoría Económica Comprensiva, de la Ciencia de la Historia y de la Política, y de la Filosofía o ‘nueva estructura del conocimiento’. Me limito a presentarlas someramente.

Los Cuadernos de Juan Solojuán cuenta los encuentros y desencuentros que va teniendo un barbudo pordiosero que deambula por la ciudad, mientras va escribiendo en cuadernos, agudos apuntes sobre la economía y la política, el amor y la sexualidad, el conocimiento y la educación, la religión y la espiritualidad. Los cuadernos son recogidos por diferentes personas que por variadas circunstancias se van encontrando y viviendo experiencias significativas que les cambian la vida.

El Viaje de Ambrosio es la historia de un joven de 18 años, que después de la muerte de sus padres en un accidente, desorientado, parte en busca del sentido de la vida, recorriendo distintos lugares de Chile. En este viaje, Ambrosio y su hermana Matilde de 14 años, y varios amigos, tienen ocasión de vivir las más variadas experiencias: la sexualidad, el trabajo, la amistad, el amor, la religión, el arte, la filosofía, la violencia, la política, los alucinógenos, la familia, el acoso, las injusticias sociles, las culturas originarias, la espiritualidad.

La Conferencia de Matilde es una novela futurista, en la que reaparecen los personajes de las dos novelas anteriores. Ambientada en 2056, después de que han ocurrido en Chile y en el mundo tres fenómenos catastróficos – el Levantamiento de los Bárbaros, la Gran Devastación Ambiental y la Dictadura Constitucional Ecologista – narra el enfrentamiento político y tecnológico entre Matilde, Juan Solojuán, Ambrosio y otros personajes, con la temida Central de Información y Control Ideológico; una confrontación que se produce en torno a una anunciada conferencia de la escritora Matilde Moreno sobre la necesidad de repensar la política y el orden social, tema considerado subversivo por quienes controlan el poder. Junto a esta historia se presenta en la novela los argumentos de otras dos noveles. La primera es una escrita por Matilde, ambientada en un futuro lejano, en que un Consejo Superior Intergaláctico interviene sobre las mentes de los seres humanos intentando evitar el colapso del planeta tierra que parece irreversible. La segunda describe el proceso de invención de una futura novela ambientada el año 3.056, que muestra a la humanidad dividida en tres grandes tipos humanos: los Potenciados Biológicos, los Full Informatizados, y los Espíritus Cordiales.

Además de estas tres novelas, menciono finalmente entre las obras literarias el libro Evangelio Laico de Feliciano, una obra que escribí en conjunto con Pasuale Misuraca. Este libro fue publicado en primera instancia con el título El Proyecto de Jesús. Ampliado varios años después con nuevos capítulos, le dejamos el título definitivo Evangelio Laico de Feliciano.

Este es un libro de ficción y de reflexión, y no un estudio sobre la persona histórica de Jesús de Nazareth ni de su pensamiento y enseñanzas tal como son presentados en los Evangelios. Lo que hacemos es una representación literaria, libre de toda pretención apologética, exegética o filológica, de la que imaginamos que pudiera haber sido la personalidad humana de Jesús, sus acciones y su pensamiento íntimo, pero ubicados fuera del tiempo y del espacio, esto es, universalizados y propuestos para nuestro tiempo. Quien relata la historia es Feliciano, que supuestamente fuera uno de los muchachos que en un momento rodean a Jesús y juegan con él.

 

De este modo termino esta presentación muy personal de los resultados de mi trabajo intelectual, que he expuesto en diferentes lenguajes y empleando todos los medios que he considerado útiles para su difusión: libros, ensayos, artículos, cursos, videos, conferencias, novelas.  A ello sólo puedo agregar algunas poesías y pequeñas notas que he publicado en mi sitio web y en las redes sociales.

Actualmente, considerando que he completado la obra que en mi juventud me propuse realizar, continúo el estudio y la búsqueda intentando una comprensión lo más rigurosa y profunda que me sea posible, de la que ha sido llamada “experiencia espiritual”, una dimensión que me parece que constituye el nivel más avanzado y profundo del esfuerzo humano por ‘ser más’ y ‘ser mejor’ de lo que hemos llegado a ser.

 

Espero tener, en los próximos años, nuevas cosas que contarles.

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Apostillas finales:

"El pensador, y también el artista, que han puesto lo mejor de sí mismos en sus obras, experimentan una alegría casi maligna al ver como el tiempo lentamente afecta y destruye en ellos el cuerpo y el espíritu: es como si desde detrás de una esquina viesen a un ladrón empeñarse alrededor de su cofre y supieran que éste está vacío, y que todos sus tesoros se encuentran ya a salvo". (Friedrich Nietzche en 'Humano, Demasiado Humano'.)

 

“Hay un instinto hacia la vida. Pero es un aspecto de un instinto más fuerte. El instinto esencial es el instinto de la permanencia. Y aquél que ha sido construido viviente de carne busca su permanencia en la permanencia de su carne. Y aquél construido en el amor del niño busca su permanencia en el salvamento del niño. Y aquél construido en el amor de Dios busca su permanencia en su ascenso hacia Dios. No buscas lo que ignoras, buscas salvar las condiciones de tu grandeza en la medida en que la sientes.” (Antoine de Saint Exupéry, Ciudadela, n. 191)

 

 

Luis Razeto Migliaro

Diciembre 2016