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TIEMPO A FAVOR, TIEMPO EN CONTRA. o El Valor del Tiempo

TIEMPO A FAVOR, TIEMPO EN CONTRA, o el Valor del Tiempo.

Cuando era niño me tocaba escuchar los cuentos de fantasmas, penaduras y animitas que los campesinos contaban a los afuerinos para atemorizarlos y evitar que se quedaran mucho tiempo en el lugar, asustándose de paso a sí mismos en las noches oscuras de lluvia.

En cierta ocasión contaron del monstruo de dos cabezas que se aparecía a los jornaleros que después de entretenerse en la cantina regresaban a sus casas desprevenidos y alegres por el vino, en noches de luna en cuarto menguante. Con su cabeza de rostro sonriente, amable e insinuante aquél monstruo los invitaba, seducía y atraía; pero entonces mostraba su otra cabeza fría, cruel y terrible, con la cual los atrapaba, despedazaba y engullía sin compasión.

–Así es el tiempo- musitó mi padre como hablando consigo mismo y sin esperar que alguien comprendiera el sentido de sus palabras.

El paso de los años me ha llevado a entender lo que quiso tal vez decir mi padre: que el tiempo es un enemigo malo y engañoso, que nos atrae, nos invita y seduce pero que también nos quiebra, destruye y mata. Sí, me refiero al tiempo, al simple e inevitable transcurrir de los minutos, las horas, los días, los meses y los años. Porque el tiempo nos espera e invita, nos atrae y seduce, pero también todo lo deteriora y corroe, todo lo rompe y destruye, todo lo vanaliza y lleva al olvido, y siempre con su transcurrir silencioso nos aproxima a la muerte.

Que el tiempo es un enemigo malo y engañoso como ningún otro demonio sería capaz de serlo, empecé a entenderlo y asumirlo cuando entré a formar parte de una empresa asociativa. Porque en efecto, ocurrió que a partir de ese momento experimenté una transformación completa, interior y exterior, en mi relación con el tiempo.

Ese cambio tan importante, el más importante de todos los cambios que experimenté al dejar mi anterior empleo y decidirme a crear una empresa asociándome con algunos amigos, fue precisamente en mi relación con el tiempo. Lo puedo resumir en una frase:

"Cuando era dependiente el tiempo corría siempre a mi favor; ahora, como empresario y trabajador independiente, el tiempo corre inevitablemente en mi contra."

Cuando era empleado el pasar de los días me acercaba al fin de mes, o sea al día en que me pagaban el sueldo. Y por cierto esperaba ese día, con una consecuente y confiada actitud de espera.

Mis ahorros los tenía depositados a plazo en el banco, y al llegar el día establecido me pagaban los intereses correspondientes. Y esperaba ese día con impaciencia.

El local que aporté para la empresa asociativa antes lo tenía arrendado, y al comienzo de cada mes iba a cobrar la renta establecida. Esperaba ese día como se espera una cita placentera.

Así valoraba económicamente el paso de los días y el transcurrir del tiempo, que siempre me aproximaba a las fechas en que recibiría los dineros a que tenía derecho según estaba firmemente establecido por contratos. No había que apurarse en lo que hacía, no importaba mucho lo que lograba realizar cada día, pues de todas maneras el transcurrir del tiempo acercaba el momento alegre de la recompensa. El tiempo era mi socio y compañero, siempre corriendo a mi favor.

Creía yo que el tiempo era mi amigo, sin darme cuenta que lo que hacía conmigo el pasar del tiempo en la espera dependiente de los ingresos que periódicamente me proveía, era acercarme pasivamente hacia la muerte, en una vida económica sin iniciativas y sin riesgos, pero también sin realizaciones de las que pudiera enorgullecerme.

Ahora que soy empresario y que tengo a mi cargo administrar nuestra empresa asociativa, las cosas han cambiado completamente. El pasar de los días no hace más que acumular costos, mientras cada día que pasa nos acerca a las fechas en que debemos efectuar los pagos.

Cada día que pasa están más cerca las fechas en que hemos comprometido pagos a los proveedores, y especialmente el fin de mes en que debemos contar con el dinero para pagar a los trabajadores según los contratos establecidos.

Cada día que pasa acerca ineluctablemente la fecha en que debo ir al banco a cancelar la cuota del crédito que asumimos.

Cada mes que pasa percibo la necesidad de efectuar mantención y reposiciones en el local, en las instalaciones y las máquinas y herramientas que empleamos en la empresa.

Cada día que pasa nos acerca a la fecha en que debemos declarar las ventas y pagar el impuesto correspondiente.

Por eso, estoy siempre apurado, acelerando los trabajos, intentando acortar los tiempos de la producción y reducir la distancia entre el momento en que se termina de elaborar un producto y el momento en que se vende al cliente, en que se toma una decisión y que se ejecuta, en que se tiene una idea y que se la lleva a la práctica. Mi mente está siempre activa, mi voluntad se impacienta y mi imaginación está creativa como nunca.

Es que el tiempo, que ha dejado de ser nuestro socio y que se comporta como adversario y verdugo, nos apremia, nos exige, siempre corriendo en nuestra contra, sin darnos respiro ni descanso.

Parece haberse percatado el tiempo mismo, de que ya sé que es un enemigo perverso y engañoso, y actúa entonces abiertamente como tal. Pero ahora conscientemente lo combato, y siento que vivo de verdad, y que nuestras obras, trascendiendo el tiempo y la muerte, nos harán vivir para siempre.

(Pero me preocupa e inquieta que algunos compañeros y socios en la empresa parecen no darse cuenta del cambio, y siguen comportándose como si el tiempo transcurriera a su favor, manteniendo con el tiempo –y con la vida y la muerte- la misma relación que tenían cuando eran empleados dependientes. Siguen actuando como si el tiempo transcurriera a su favor, sin percatarse que las demoras, los atrasos, los tiempos de espera, la duración excesiva de las reuniones de coordinación, el prolongarse del lapso que va desde que tomamos una decisión hasta que la ejecutamos, en fin, el paso del tiempo, de los minutos, de las horas, los días y las semanas, es un enemigo poderoso que está constantemente dificultando nuestros logros, aumentando los costos, acrecentando nuestros sacrificios, y reduciendo los beneficios que esperamos obtener con nuestra empresa. Y todo el comportamiento y las opiniones y puntos de vista que expresan en las asambleas y reuniones estos compañeros de mentalidad dependiente, me confirman cada día que no han crecido lo suficiente para ser libres, ni accedido aún a la condición de trabajadores autónomos y empresarios solidariamente asociados. Están todavía atrapados por la engañosa apariencia del tiempo, que les hace creer que es amigo cuando en realidad es el más feroz y mortal adversario de la vida y los trabajos y las obras de los seres humanos).

 

                                                                                                                                                                         Luis Razeto M.