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LIBERTAD DE NEGACION

 

LIBERTAD DE NEGACIÓN
 
Luis Razeto M.
 
Todos los hombres y mujeres de esta tierra
son autorizados por la fuerza de esta ley
a decir no con voz  firme y entera.
Infinitos son los ¡no! que hay que decir
y muchísimos los modos de decirlos.
¿"No" siete veces cada día?
No  ¡setenta veces siete!
con cada molécula del cuerpo
con todas las emociones del alma.
 
Diremos ¡no! tranquilamente y sin violencia
con decisión sin embargo irrevocable
cuando cualquier poderoso tunante
político empresario sacerdote o guerrero
pretenda convertirnos en masa obediente
que aplauda su arenga vacía y mentirosa.
 
Los niños dirán no cantando en coro
jugando a la ronda de San Miguel
alrededor de las todopoderosas industrias
que envenenan el aire los ríos y la sangre.
Encumbrando coloridos volantines
rechazarán los arsenales de fogueo;
empinados en las ramas de los árboles
renunciarán a simular que se entretienen
con fastidiosos embelecos de plástico;
bañándose en ríos de fluir cristalino
rehusarán abrevar dulces aguas asesinas
enmugradas con sabores de mentira;
imaginando cuentos o jugando al pillarse
despreciarán las baratijas supuestamente inocuas
con que adultos insulsos pretenden mantenerlos
tranquilos razonables y sumisos.
 
¡No! dirá también el vigoroso adolescente
a la mujer ansiosa aunque diga ser su tía
que quiere enseñarle un amor mentiroso
cuando él sólo anhela el beso de la amiga
que le habla de canciones y de sueños
al salir abrazados del colegio.
 
Dirá que no la mujer a su marido
cuando no quiera sentir su hedor de vino,
le dirá ¡no! con valiente porfía
aunque la amenace con el puño apretado,
cerrará la puerta con hierro sangre y lodo
y en la calle él quedará aunque granice.
 
Y dirá ¡no! el que pacientemente espera
su turno ante un gris funcionario
cuando cualquiera con gesto prepotente
aunque sea una mujer seductora y distinguida
-su sonrisa esconde un rictus de desprecio-
se adelante pretendiendo con soltura
que su caso es más urgente.
 
Niños, mujeres o quien sea que sienta
que el fluir interminable de imágenes falaces
le atrofian el alma y los talentos,
dirán que no, que basta ya, que se acabó;
que no aceptan más engaños ni espejismos
ni héroes ridículos ni divas de plástico
ni falsos espectáculos ni noticias trucadas.
La simple presión de una tecla es suficiente
para liberarse del dominio y la mentira;
pero aún mejor será tirar por la ventana
de una sola vez a todos los famosos juntos.
 
También hay noes delicados y sutiles
que se enuncian con temblor del corazón,
como el no a la muchacha que amamos
con tierna y serena hermandad
cuando anhela entregarnos su vida
con ingenua pasión desbordada;
o el no filial a la madre que sueña
para el hijo un destino de triunfos
cuando él sólo quiere enhebrar extasiado
los recónditos espacios de su alma sensitiva
con versos luces silencios y armonías
de ensoñada poesía.
 
No a una vida sin metas opaca y mezquina,
no a ciudades inmensas dominadas
por la envidia la codicia y el hastío,
no a hombres y mujeres reducidos temerosos y fríos
sin pasiones sentimientos ni verdades.
 
Libres repitamos con la fuerza de Moisés
los diez ¡NO! que defienden nuestra vida:
¡No! al que ensucia lo que es santo
¡No! al que jura con mentiras
¡No! al que nos hace trabajar en día de descanso
¡No! al que injuria a nuestra madre y a la tierra
¡No! al que mata al inocente: árbol ave o niño
¡No! al que viola a la ingenua con lascivia
¡No! al que nos roba una flor y al que explota al obrero
¡No! al que adula chantajea y habla engaños
¡No! al que pretende arrebatarnos el amor del alma
¡No! al que sufre tristezas por el bien ajeno.
 
Decir ¡no! es virtud verdadera
del que piense ser más que una caña
que se flecta sumisa ante la moda
el capricho el poder o la riqueza.
Pero siendo virtud al comienzo dolorosa
se decreta que el valiente que la siga
queda autorizado para alzar la cabeza
y vivir y ser él mismo eternamente
si desea.