LA TRAVESÍA. Libro Primero. De la Crítica del Marxismo y la Sociología a la Propuesta de la Ciencia de la Historia y de la Política.

Imagen libro
Portada Libro

Autores: Luis Razeto Migliaro / Pasquale Misuraca

Primera edición: De Donato, Roma – Bari, 1978
Edición crítica actualizada: Santiago de Chile, Septiembre 2009
(Figura de portada: Umit Inatci, Pittura, 2004, acrilico sobre tela, 90x90cm.)

Reg. Prop. Intelectual Nº 184524

I.S.B.N. : 958-956-332-167-8

Ponemos a disposición de los interesados en conocer este libro sus PROLEGÓMENOS y el ÍNDICE, que permiten formarse una idea de sus contenidos. 

Quién desee adquirirlo lo encuentra en digital e impreso en papel, en este enlace:

www.amazon.com/dp/1973204428

 

Indice

LA TRAVESÍA. Libro Primero. De la Crítica del Marxismo y la Sociología a la Propuesta de la Ciencia de la Historia y de la Política.

 

Primera Parte I. LA CRÍTICA DE LAS SOCIOLOGÍAS. 

Capítulo 1. El sujeto de la crítica.

Capítulo 2. La sociología en cuanto ‘tendencia deteriorada’ del marxismo.

Capítulo 3. La sociología en cuanto ‘ciencia social’ y como alternativa al marxismo. Actualizad0.

Capítulo 4. Crítica de las leyes históricas, económicas y estadísticas. Actualizado.

Aegunda Parte LA CIENCIA DE LA HISTORIA Y DE LA POLÍTICA. 

Capítulo 5. De la experiencia a la filología y a la ciencia. actualizad

Capítulo 6. Teoria de la crisis orgánica.

Capítulo 7. Teoría de la burocracia moderna.

 

NOTAS TEÓRICAS
 

Capítulo 1

Al lector

Ha pasado más de una generación desde que este libro fue escrito en Roma (entre 1975 y 1977) y publicado (en 1978). Preparando esta edición crítica, al confrontar los textos de ayer con las realidades de hoy, hemos constatado su actualidad.

 

Ciertamente las situaciones y las circunstancias han cambiado notablemente: se derrumbó el mundo del socialismo real y el mundo capitalista victorioso manifiesta señales de su debilidad estructural; el marxismo y la sociología están en una profunda crisis intelectual y moral; la economía, que completó su proceso de internacionalización, experimenta una gravísima caída, las comunicaciones se han globalizado; la política se ha convertido en espectáculo. Pues bien, estos y otros procesos en curso fueron previstos en los años Setenta del siglo pasado en este libro. Lo que escribimos en aquellos años juveniles, y especialmente las tesis centrales de esta obra teórica, nos parece hoy que continúa siendo sustancialmente verdadero y relevante.

 

¿De qué depende la escasa acogida que recibió este libro por parte de los intelectuales y políticos de aquella época, empezando por los marxistas y los sociólogos? La causa nos parece que ha sido precisamente la crisis del marxismo y de las sociologías, que entonces anunciamos y criticamos, y frente a la cual propusimos como solución una nueva ciencia: la ciencia de la historia y de la política.

 

En esta edición el texto es ofrecido tal como era originalmente, con pequeñisimos ajustes que facilitan la comprensión; pero lo hemos actualizado con anotaciones críticas, reflexiones integradoras, contextualizaciones históricas, que enriquecen su contenido y facilitan su comprensión. Dichas actualizaciones son reconocibles por este color azul del texto. 

 

Ciertos párrafos que se refieren a cuestiones que en esos años eran importantes pero que ya no interesan demasiado, los editamos con letra chica, dejándolos así a disposición de lectores especializados. 

 

Además, hemos agregado subtítulos a conjuntos de párrafos que identifican determinados temas o problemas, y hemos destacado en amarillo algunas proposiciones sobre las cuales queremos llamar la atención especial de los lectores.

 

La traducción al castellano de las citas es nuestra, por lo que hemos mantenido las referencias a las ediciones italianas de las cuales las tomamos originalmente.

 

El título LA TRAVESÍA incluye dos libros de una misma investigación y obra teórica: este Libro Primero y un Libro Segundo que publicaremos próximamente, subtitulado “De la crítica de los partidos y del Estado a los comienzos de una nueva civilización”. 

 

Santiago de Chile, invierno de 2009

Capítulo 2

PROLEGÓMENOS

“Lo viejo muere y a lo nuevo le cuesta nacer.”

Antonio Gramsci

Las ciencias históricas y políticas se encuentran hoy en la necesidad de comprender, explicar y dar respuesta a un conjunto de fenómenos y de problemas que afectan a los estados contemporáneos, cuya complejidad y novedad son tales que ponen en evidencia las carencias de los instrumentos cognoscitivos que están a disposición de las culturas más avanzadas. El conjunto de estos fenómenos y de estos problemas es habitualmente entendido con el término genérico de ‘crisis’; pero las teorías elaboradas hasta ahora sobre las crisis económicas y políticas no parecen ser suficientes para dar razón de la novedad y complejidad que caracterizan esta crisis actual, ni para indicar las políticas adecuadas para enfrentarla. Esto pone de manifiesto que la crisis abarca a las mismas ciencias históricas y políticas.

 

Podemos entrever la naturaleza compleja y nueva de esta problemática, a través de una consideración preliminar de algunos entre los síntomas más evidentes de la actual situación crítica:

 

En el mundo capitalista se verifica un proceso de ruptura de los equilibrios del mercado internacional, precisamente en el momento en que el entrelazamiento de los problemas (desocupación, inflación, estagnación en cuanto fenómenos no puramente coyunturales sino más bien tendenciales, consecuencias y partes del modo en que las fuerzas productivas se han desarrollado), exige soluciones internacionales que, sin embargo, son contradichas por los intereses y las razones políticas de los Estados nacionales. Aún más: la oposición –activa y pasiva- al sistema institucional, siempre más extendida y profunda, que pone en discusión la separación entre dirigentes y dirigidos, empuja a estos últimos a cuestionar la legitimidad de la representación en sus formas actuales. En fin, está la pérdida de capacidad de las ideologías dominantes para suscitar el consenso indispensable para asegurar la integración social y para evitar los cada vez más vastos fenómenos de descomposición moral en la convivencia civil.

 

En el mundo socialista, a su vez, se evidencia la dificultad de las relaciones entre los diferentes Estados (el agudo conflicto entre la Unión Soviética y China popular, la ocupación de Checoslovaquia por parte de las fuerzas militares del Pacto de Varsovia como manera de garantizar un cierto sistema de relaciones intersocialistas), precisamente en el momento en que la competencia entre los sistemas capitalista y socialista y la necesidad interna de un desarrollo socialista basado en una planificación que incluya a los diferentes Estados, hacen necesario un internacionalismo que alcance un nivel cualitativamente superior. Aún más: se manifiesta la contradicción entre un conjunto de transformaciones revolucionarias en la estructura social y cierto éxito en el crecimiento económico, por un lado, y las cristalizaciones burocráticas de las superestructuras políticas y culturales por la otra; entre la planificación centralizada y técnica y la necesidad de participación y control de las masas en los procesos decisionales. En fin, está la persistencia en recurrir a prácticas administrativas frente a la intelectualidad disidente.

 

Actualización: En el mundo capitalista, aquellosos procesos que identificamos en la mitad de los años setenta del siglo pasado se mantienen vigentes, hasta el punto que pueden describirse hoy con las mismas palabras que utilizamos entonces. La única novedad inportante es la conformación de la Unión Europea, que es el único paso adelante en la dirección de superar la contradicción entre los intereses y las razones políticas de los Estados nacionales y el carácter global que necesariamente han de tener las soluciones de los problemas económicos.

 

En el mundo socialista, los procesos y contradicciones que identificamos en aquella época como amenazas al sistema se agudizaron en tal grado que llevaron al derrumbe del llamado ‘socialismo real’. Dichos procesos no pudieron ser enfrentados exitosamente porque el marxismo, las ideologías y las estructuras cognitivas que guiaban a ese sistema, no estaban en condiciones de comprender en profundidad los problemas y su complejidad, ni menos de ofrecer las respuestas y soluciones apropiadas.

 

Sin proponer todavía una interpretación de estos fenómenos y problemas, podemos por ahora captar en ellos dos características que definen la crisis actual. Su impactar al conjunto de los Estados, y su comprometer unidamente la economía, la política y la cultura. El mundo contemporáneo, a saber, atraviesa una fase de crisis orgánica generalizada, que tiene contenidos y adopta formas diferentes en los Estados capitalistas y socialistas, manifestándose sin embargo en ambos sistemas a través de fenómenos interrelacionados. Es una fase en la cual las variadas formaciones económico-políticas están frente a la necesidad de efectuar opciones radicales, tales que reorienten globalmente su desarrollo futuro. La persistencia de la crisis se conecta con las insuficiencias teórico-científicas en la comprensión y en las respuestas a ella, y su superación se vincula con la construcción de una nueva ciencia de la historia y de la política, capaz de iniciar la transición a una nueva época política.

 

Comprender esta relación entre crisis y ciencias, implica examinar la crisis orgánica actual como resultado de un proceso histórico cuyos orígenes remontan a aquella otra época histórica de crisis internacional, que marcó el comienzo de la actual estructura del mundo. Decisivos fueron los años 1929-1932. Los años, en el mundo capitalista, en los cuales la agudización del desequilibrio económico-financiero fue la premisa de una reorganización institucional del ciclo de acumulación marcado principalmente por la intervención sistemática del Estado como factor regulador necesario. La crisis actual pone de manifiesto el agotamiento de aquél proyecto de desarrollo económico, re-estructutación del Estado y recomposición de las relaciones entre economia y política. En el mundo socialista, en aquel tiempo representado solamente por la URSS, eran los años del ‘gran salto adelante’ caracterizado por la política de industrialización acelerada y de colectivización de la agricultura, que tuvo como corolario el fenómeno que conocemos como ‘Stalinismo’. La crisis que hoy atraviesa el mundo socialista expresa el agotamiento de aquél ‘modelo’ de desarrollo económico, de organización del Estado, y de relaciones entre dirigentes y dirigidos.

 

Actualización: La caída de la Unión Soviética era absolutamente inesperada cuando escribimos esta página, y nuestra observación sobre el agotamiento de su sistema económico y político fue acogida con incredulidad y desprecio por los intelectuales y políticos de izquierda. Sólo quince años después, el muro de Berlín es despedazado y el movimiento comunista in ternacional entra en una fase de descomposición.

 

Ahora bien, el análisis de aquella crisis (de los años treinta) y la elaboración de las respuestas que se dieron a ella, fueron conducidos por determinadas ciencias sociales, las cuales, si bien conservaban sus diferentes estructuras conceptuales –de derivación marxista en el mundo socialista, de derivación sociológica en el mundo capitalista-, tenían en común un conjunto de fundamentos teóricos y de connotaciones metodológicas que nos permiten asumirlas bajo la denominación común de sociologías. El agotamiento de aquellos análisis y de aquellas respuestas a la crisis marca hoy la crisis de esas estructuras cognoscitivas, y evidencia la necesidad de la construcción de una nueva ciencia, que comprenda, explique e dé respuestas a la crisis orgánica actual. Este es nuestro programa de trabajo.

 

Un conjunto de experiencias políticas y teóricas –maduradas en relación al problema italiano y a los acontecimientos chilenos (nos referíamos a la aproximación del Partido Comunista al poder en Italia, que planteaba la necesidad de elaborar una cultura de gobierno adaptada a la situación; mientras que en Chile había ocurrido recientemente el golpe militar que puso fin a una experiencia de gobierno socialista carente de la cultura política necesaria para gobernar) - nos llevaron a concentrarnos en Gramsci, quien después de la derrota del movimiento obrero en Europa (en los años veinte – treinta del siglo pasado) y en el contexto de la reestructuración diferenciada de los Estados contemporáneos, anota en los Cuadernos de la Cárcel sus estudios críticos sobre el marxismo y sobre la sociología y su análisis de la crisis orgánica a él contemporánea. Gramsci reflexionaba sobre estos problemas precisamente en el momento histórico en que los ‘modelos’ que hoy ponen de manifiesto sus propias limitaciones, se organizaban y comenzaban a concretarse. (Nos referíamos a los modelos socialdemócrata y del Estado benefactor en el mundo capitalista, y a la planificación tecnocrática en el campo socialista). Es claro que la coindencia cronológica no quiere decir nada más que una genérica relación que siempre enraiza a los hombres en su propia época, el pensamiento teórico en el contexto histórico. Pero el nexo histórico que legitima buscar en Gramsci un punto de partida para un planteamiento científico de los problemas reales y actuales, está dado por el hecho que su investigación se concentra precisamente en la problemática histórica que en aquél tiempo tendía a imponerse, formulándose ya entonces como crítica de las respuestas (o ‘modelos’) dadas, y cuyo agotamiento constituye la esencia de los problemas presentes. Y también por el hecho que Gramsci enfrentaba dicha problemática mediante la crítica de las concepciones teóricas y de las ideologías (la sociología por un lado, un cierto modo de entender el marxismo por otro) que estaban a la base de aquellos ‘modelos’. Es en este sentido y sobre esta base que atribuimos actualidad a Gramsci, una actualidad determinada.

 

(Ver Nota teórica I, pág. 151)

 

Sobre las interpretaciones del pensamiento de Gramsci.

 

El análisis de los problemas sobre los cuales nos hemos propuesto intervenir exige no solamente la lectura directa de los textos de Gramsci, sino también examinar críticamente las diferentes interpretaciones de que ha sido objeto su pensamiento. Esto es, por un lado, un prerequisito de la propia lectura filológica, puesto que hoy no es posible leer e interpretar la obra gramsciana prescindiendo de la mediación de las interpretaciones que de ella se han hecho. Por otro lado, es una exigencia de la problemática que nos ocupa, la cual surge en un contexto cultural del que forman parte las interpretaciones de la obra de Gramsci.

 

Cuarenta años de estudios gramscianos que ofrecen una variada constelación de interpretaciones divergentes del pensamiento de Gramsci – considerado sea en su conjunto como en temas específicos -, nos ponen frente a la existencia de dificultades de lectura y comprensión. En efecto, las interpretaciones de Gramsci, con mayor o menor suerte, recorren prácticamente toda la gama de las posibilidades lógicas. Ha sido entendido como leninista consecuente, como revisionista, como político comprometido con el intento de poner teóricamente la cuestión de la transición al socialismo en los países occidentales, como historicista absoluto, como parcialmente historicista, como precursor del estructuralismo, etc.

 

(Ver Nota teórica II, pág. 152)

 

Este “destino” de Gramsci es paradójico, teniendo en cuenta su constante preocupación por ser preciso y explícito (en los límites que le permitía su condición de encarcelado); en efecto él vuelve muchas veces sobre los mismos apuntes, persiguiendo en sucesivas redacciones y en nuevos desarrollos teóricos de las mismas cuestiones, la profundización y clarificación de aquello que le parece aún impreciso.

 

¿Qué es lo que explica la multiplicidad de las interpretaciones del único Gramsci? Formular de esta manera la pregunta, a saber, incluyendo el adjetivo ‘único’, significa rechazar la aceptación a priori de la hipótesis contraria, levantada sobre la posibilidad lógica de que exista una carencia de unidad teórica en la exposixión gramsciana, una mezcla de posiciones teróricas contradictorias. De una ‘hipótesis’ como esa podría derivar una ‘explicación’ mecánica de la existencia de interpretaciones tan diferentes, pero con el resultado de no indentificar las dificultades de interpretación.

 

Ha habido obstáculos para una lectura filológicamente rigurosa de los Cuadernos. Hasta la reciente Edición Crítica (1975) no era posible examinar los escritos gramscianos en el orden cronológico en que fueron elaborados, lo que impidió comprender la evolución intelectual del autor. Además: la organización temática de los Cuadernos en las anteriores ediciones, era una opción a posteriori que respondía a una determinada interpretación de los textos. El contexto temático (impuesto exteriormente por otros) atribuye sentido y contenidos a cada párrafo particular en cuanto lo inserta en cierta problemática teórica, y le quita concreción a los conceptos, tornándolos ‘genéricos’ en cuanto deja en la sombra la ligazón con un determinado momento histórico y con el orden del pensamiento del autor. Que el contexto temático atribuido a los escritos de la cárcel no corresponda al contexto problemático original en el que Gramsci desenvuelve su exposición, sólo ahora es posible entenderlo. En efecto, el ordenamiento cronológico que hoy está a nuestra disposición, permite acceder a un nuevo (antiguo cuanto los Cuadernos manuscritos) orden problemático. En base a esto será destacable comprobar que contradicciones aparentes ‘en la letra’ –en las afimaciones textuales de Gramsci- en realidad no son tales: derivan más bien de haberse incluído en un mismo nudo problemático proposiciones que en el pensamiento original del autor se referían a cuestiones diferentes. Es obvio que estas confusiones dieron lugar a sugestivas diversidades interpretativas.

 

Es oportuno captar al respecto otro aspecto de la relación estrecha que existe entre el problema filológico y el problema de la diversidad de interpretaciones del pensamiento de Gramsci. Cierta forma muy difundida de ‘leer a Gramsci’ puede ser entendida, en efecto, como una auténtica teorización (justificación) de la posibilidad de formular interpretaciones ‘libres’. Algunos estudiosos sostienen, en efecto, que para penetrar en el verdadero sentido, en el ‘espíritu’ del pensamiento gramsciano, es necesario ir más allá de las palabras, del texto escrito, casi como si la letra no correspondiera a dicho ‘espíritu’, como si Gramsci hubiese experimentado una dificultad expresiva insuperable. Esta forma de lectura libre permite soslayar las aparentes contradicciones entre proposiciones que están insertas en contextos diferentes, en la medida que no se toma en cuenta el sentido inmediato de las afirmaciones mismas, y se termina aceptando como verdaderamente coherente con el ‘espíritu’ gramsciano, unas y no otras de las proposiciones que contrastan entre sí. Decisivo es, a este punto, hacer referencia al hecho de que una interpretación de la obra de un autor es más válida que otra en la medida que comprenda de ella más partes, que dé cuenta de más elementos, y en el límite, de la formulación entera.

 

 

Sobre el concepto de sistematicidad.

 

Otro problema de lectura depende de la forma aparentemente desordenada de los escritos gramscianos, y consiste en el problema de cuál sea el criterio de sistematicidad con el cual hay que aproximarse a los textos. También a este respecto surgen precisas indicaciones en base a la edición crítica. La edición temática anterior fue un tentativo de sistematización, y en cuanto tal exterior, en el exacto sentido de una sistematización que se propone resolver una presunta falta de sistematicidad original. El criterio de sistematización editorial correspondía a una determinada interpretación de la obra gramsciana (y a una determinada interpretación de los criterios de sistematicidad declarados varias veces por el mismo Gramsci), y al proyecto político de divulgar la obra de Gramsci facilitando su comprensión. Se muestra hoy como una sistematización formal basada en unidades temáticas, que ha condicionado el debate respecto a si exista sistematicidad en la obra gramsciana, haciendo desaparecer las cuestiones referidas al ‘orden de la exposición’ y al ‘orden (lógico) de la investigación’.

 

La reconstrucción filológica de los Cuadernos permite replantear el problema de la sistematicidad de la obra más allá de cualquier mediación que derive de sistematizaciones soprepuestas. En efecto, se torna claro que Gramsci constantemente busca una determinada sistematicidad, sea en la exposición como en la investigación; y es reductivo interpretar esta búsqueda como la simple lucha contra la fragmentariedad de las condiciones psicológicas y técnicas de la vida en la cárcel, pues el significado decisivo de dicho esfuerzo reside en la búsqueda de un nuevo tipo de sistematicidad, interior, que es parte constitutiva de la lógica de su pensamiento, y que es todo lo contrario de lo que podría considerarse una sistematicidad temática.

 

El concepto gramsciano de sistematicidad de la teoría y del trabajo teórico puede constituir el objeto de estudios específicos; nos limitamos aquí a individualizr los puntos de referencia esenciales que indican la dirección en la que deben ser convocados los esfuerzos orientados a desanudar estas dificultades de lectura.

 

Un punto de partida puede ser el que Gramsci ofrece en dos cartas a Tania en las que expone sus proyectos de trabajo intelectual. Leemos en la primera: “estudiar es mucho más difícil de lo que pareciera [...] quisiera, conforme a un plan preestablecido, ocuparme intensamente y sistemáticamente de algún tema que me absorba y centralice mi vida interior. He pensado en cuatro temas hasta ahora, y ya esto es un índicador de que no logro concentrarme”. {A.Gramsci, Lettere dal Carcere, Einaudi, Turín 1973, pág. 58. (La fecha de la carta es del 19 de marzo de 1927)}. Encontramos aquí el concepto de sistematicidad de la investigación, entendida como la ocupación intensa conforme a un plan preestablecido, en torno a un tema que centraliza de manera absorbente la vida interior del investigador. Es verdad que enumera a continuación cuatro temas sobre los que se propone ocupar, diferentes (y no es la única vez que hace listados temáticos); pero por un lado subraya que en la base de estos ‘temas’ está la unidad de un nudo problemático ( “en el fondo, para el que observe bien, entre estos cuatro temas existe homogeneidad: el espíritu popular creativo, en sus diferentes fases y grados de desarrollo, está en la base de ellos en la misma medida” ( cfr. pág. 59); por otro lado advierte esplícitamente que proponerse trabajar sobre temas diferentes “es ya un indicador de que no logro concentrarme”.

 

En la carta del 23 de Mayo de 1927 aparece aún más claramente el sentido de la sistematicidad que se propone: “un verdadero y exacto estudio creo que me sea imposible, por tantos motivos, no solamente psicológicos, sino también técnicos; se me hace muy difícil abandonarme completamente a un tema o materia, profundizar sólo en ello, tal como se hace cuando se estudia en serio, de modo de captar todas las relaciones posible y conectalas armónicamente.” (Cfr. pág. 92) Siempre la misma idea: no la sistematicidad formal y exterior, ordenamiento y organización de distintos temas, y tampoco la sistematicidad cuyo criterio consista en el relacionamiento de problemas y temas entre sí, sino la profundización en un único nudo problemático, para descubrir en él todas las relaciones posible y vincularlas todas alrededor de un centro unificador.

 

Esta sistematicidad debe, pues, ser identificada en la lógica interna de los mismos Cuadernos, pues esrá implícita en la investigación y en la exposición teórica. De aquí la dificultad: desde el momento que el concepto de sistematicidad de la teoría es parte de la teoría misma y de la propia sistematicidad de la teoría, se revela indispensable partir – como única manera de romper el círculo- del nivel filológico. La tendencia a comprender los textos haciendo referencia al ‘espíritu’ gramsciano, se manifiesta como un modo de hacerle el quite al problema, como un sustituto arbitrario de un elemento esencial de la teoría.

 

En base a esta manera de entender el problema de la sistematicidad, una lectura que ponga en condiciones de acceder a la determinada teoría-sistematicidad gramsciana, implica analizar cada párrafo como un todo coherente en sí mismo y autónomo, estructurado conforme a una lógica concreta y particular que debe ser comprendida. En cada razonamiento gramsciano está presente tendencialmente –e implícitamente – el núcleo de su pensamiento complejo, y es por esto que la autonomía de los párrafos no significa separación y desconexión de los otros, sino por el contrario, una radical unidad interior.

 

La forma de la exposición gramsciana (la aparente asistematicidad, el trascurrir de un tema a otro), que aparecía oculta bajo el velo de la inorganicidad de las ‘notas dispersas’, se manifiesta en cambio como una forma de exposición que es coherente con el método de la investigación y con el contenido del análisis teórico.

 

El paso que da Gramsci al organizar las notas de los primeros cuadernos en las redacciones sucesivas, no consiste en la simple reorganización formal del material, sino en la superación cualitativa de los análisis, que concentra en nudos problemáticos identificados más precisamente, una mayor cantidad de relaciones conectadas armónicamente. Es el despliegue de la lógica particular del objeto específico.

 

El comienzo de esta investigación se articula en torno a la lectura de algunas notas de los Cuadernos en las que Gramsci concentra sus reflexiones críticas sobre el marxismo y sobre la sociología, y en las cuales analiza el problema de la crisis y de la reestructuración de los Estados contemporáneos. Sin embargo el tema del que nos ocupamos – a través de esta lectura - trasciende los confines tanto del texto como de la problemática que Gramsci examina en ellos. Esto significa que nuestra preocupación no es prioritariamente filológica sino científica y política. Más precismente, significa que el trabajo filológico lo hacemos en función de los problemas teóricos y prácticos: es la intencionalidad científica y política la que nos lleva a la filología, al análisis de los textos. El tránsito de la teoría y la política a la filología, y de ésta a la problemática científica y práctica, tiene como punto de partida los problemas reales y actualesde la ciencia y de la política; en otras palabras, ‘leemos’ a Gramsci en la medida que por su intermedio parece posible acceder a un nuevo planteamiento de los problemas actuales, e identificar puntos de vista válidos que nos permitan entrar en la perspectiva en que pueden recibir respuesta.

 

Este trabajo es el resultado de una investigación iniciada en la primavera de 1975 y desarrollada a través de discusiones teóricas y lecturas metódicas, realizadas unidamente por los autores. Cada cuestión ha sido examinada por ambos hasta en los detalles y cada proposición es el resultado no de mediaciones sino de la construcción de un texto común.