LA TRAVESÍA. Libro Segundo. De la Crítica del Estado y de los partidos al comienzo de una nueva y superior civilización.

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Primera versión: Roma, 1977 - 1980

Edición crítica actualizada, Santiago de Chile - Roma 2011

(Dibujo de portada: Umit Inatci, Harmonia mundi, 2010,
acrílico sobre tela, cm 90 x cm 90.)

Ponemos a disposición de los interesados en conocer este libro sus
PROLEGÓMENOS y el ÍNDICE, que permiten formarse una idea de sus contenidos. 

Quién desee adquirirlo en papel o en digital, lo encuentra en el siguiente enlace:

www.amazon.com/dp/197322710X

 

 

 

 

Indice

LA TRAVESÍA 

Libro Segundo. De la crítica del Estado y de los partidos al comienzo de una nueva y superior civilización.

 

PROLEGÓMENOS.

 

Primera parte

ORÍGENES Y FORMACIÓN DEL PARTIDO

POLÍTICO EN EL PROCESO CONSTITUYENTE

DE LA CIVILIZACIÓN ESTATAL.

 

1. Introducción.

2. Disgregación de la civilización católica medieval.

3. Renacimiento y Reforma.

4. Las Utopías y las Ciencias políticas.

5. Ciencia de la economía.

6. Ciencia del derecho.

7. Ciencia de las Ideas.

8. La estructura cognoscitiva de las ciencias políticas

y la figura intelectual del científico.

9. El Iluminismo.

10. La iniciativa jacobina y la Revolución francesa.

11. El partido jacobino.

12. Desarrollo y difusión del Estado moderno.

13.Nacionalismo, imperialismo y crisis orgánica.

 

Segunda parte

 

POLÍTICA Y PARTIDOS EN EL ESTADO REPRESENTATIVO-BUROCRÁTICO, Y BÚSQUEDA

DE UNA NUEVA ESTRUCTURA DE LA ACCIÓN TRANSFORMADORA.

 

1. El modelo teórico del Estado representativo-burocrático.

2. Paradigmas de política en la civilización moderna.

3. Hacia un nuevo paradigma de política.

 
Capítulo 1

Al lector,

han transcurrido más de treinta años desde que este libro fue escrito. Preparando esta edición crítica hemos constatado su actualidad. Cierto, las situaciones y las circunstancias histórico-políticas han cambiado notablemente. Por un lado hemos asistido a la disolución del mundo comunista y a la obsolescencia del marxismo; por otro, al retroceso del Estado de Bienestar, y primero al ascenso y luego a la declinación de la llamada globalización y del neoliberalismo. Se ha venido manifestando de formas cada vez más agudas una crisis general que afecta el medio ambiente, la economía, la política y la cultura. Estos y otros procesos en curso los hemos previsto en la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado, como está testimoniado en este libro y en el anterior (LA TRAVESÍA. Libro Primero. De la crítica de las sociologías a la ciencia de la historia y de la política).

En esta edición crítica el texto es presentado en su versión original, y actualizado por anotaciones críticas, reflexiones integradoras, contextualizaciones históricas que enriquecen su contenido, reconocibles por la letra de color azul. Algunos párrafos que se refieren a cuestiones que en aquellos años eran importantes pero ya no interesan mucho, los editamos con letra chica, dejándolos así a disposición de los lectores especializados. Además,  destacamos en gris algunas proposiciones sobre las que queremos solicitar una atención especial, y agregamos subtítulos a grupos de párrafos que identifican temas o problemas determinados.

 

Santiago, Chile – Roma, Italia / 2011.

 

 

 Luis Razeto Migliaro (www.luisrazeto.netluisrazeto@gmail.com) y Pasquale Misuraca (www.pasqualemisuraca.commisuracapasquale@gmail.com)

Capítulo 2

PROLEGÓMENOS

 

 

PROLEGÓMENOS.

 

 

“Tu puedes vivir solamente de aquello que transformas.

Vivir, para el árbol, significa tomar de la tierra y transformarla en flores”

Antoine de Saint Exupéry

 

 

El gran problema que tienen frente a sí hoy las instituciones, los partidos y los intelectuales es el de elaborar y organizar una estrategia de superación de la ‘crisis orgánica’ de los Estados contemporáneos. El problema no consiste tanto en la búsqueda del cómo los sujetos políticos existentes deban desarrollar su propia acción, sino de quiénes estén en condiciones de cumplir tal empresa. Es preciso en efecto preguntarse: ¿son los partidos políticos las organizaciones en condiciones de guiar la resolución de la crisis? La crisis orgánica actual ¿no es también crisis de la política, de las instituciones y organizaciones dadas, de los partidos mismos?

 

Podemos entrever la existencia de un nexo interno entre ‘crisis orgánica’ y crisis de los partidos políticos, a través de una consideración preliminar de algunos de los signos más evidentes de su actual situación crítica.

 

El más evidente de estos signos está dado por el proceso de descomposición de las relaciones tradicionales de los grupos dirigentes con las bases militantes, bajo el impacto de las nuevas técnicas de comunicación, cuya acción molecular intensiva media de modo nuevo las relaciones entre los dirigentes y los dirigidos, reforzando la comunicación descendente de las decisiones y de las informaciones y debilitando la comunicación ascendente de la base hacia el vértice. Las ‘masas’ son organizadas como público, más que como sujetos activos, las multitudes son desarticuladas molecularmente y recompuestas de manera que cada ‘hombre-masa’ se convierte en público que escucha todos los discursos, y el público de cada partido es cada ‘hombre-masa’. Ello no es el resultado de un proyecto teóricamente guiado por los partidos, sino del desarrollo tecnológico general al que ellos tienden a adaptarse, de manera que resultan cada vez más parecidos entre ellos.

 

Otro signo de la crisis es observable en el cambio de función que cumplen las ideologías en los partidos, que provoca un proceso de separación entre teoría y práctica y un desdoblamiento al interior del momento teórico. Los programas y las opciones prácticas tienden a fundarse cada vez más en análisis empírico-sociológicos de la realidad inmediata, mientras que las ideologías son utilizadas para llevar a cierta coherencia la heterogeneidad resultante del empirismo y del pragmatismo, encuadran las decisiones en una tradición cultural y política. Junto a las relaciones entre teoría y práctica cambian aquellas entre dirigentes y dirigidos: desde una situación en la que las ideologías realizaban la cohesión de las masas y aseguraban una estrecha conexión entre los intelectuales y los simples en cuanto representaban un elemento común a ambos, se ha venido pasando a una situación en la cual el discurso ideológico que ha entrado en crisis no está ya en condiciones de reproducir una conciencia y voluntad colectiva unitaria.

 

Un ulterior signo de la situación crítica es la tendencia a la subsunción del personal dirigente de los partidos por parte de un nuevo sistema decisional técnico-burocrático que se ha venido formando y desarrollando al interior del Estado. Se trata de un proceso de burocratización de los partidos políticos que se desenvuelve en relación con la tecnocratización de los sistemas de decisión estatales, en los cuales la burocracia experimenta una significativa expansión y transformación. El desarrollo de centros decisionales económico-políticos concentrados, operantes por encima de los órganos representativos y administrativos del Estado, y compuestos por cooptación del personal más eficiente y prestigioso escogido de vez en vez en la industria, en las finanzas, en los partidos, en los sindicatos, en los medios de comunicación, determina una reducción de la incisividad de la intervención de los partidos en cuanto las instituciones y los lugares donde recae su acción han perdido capacidad deliberante y decisional. Los partidos políticos están progresivamente reducidos a actuar al lado del poder y se reducen sus posibilidades de iniciativas autónomas y alternativas.

 

Otro signo más de la crisis de los partidos políticos puede captarse en su pérdida de capacidad de establecer vínculos orgánicos entre ciencia y política. Con la disminución del valor conectivo de las ideologías entre dirigentes y dirigidos, cae también su eficacia en la mediación entre ciencia y política. La ciencia no experimenta más la primacía de la política y reivindica plena autonomía y la función de guía. En esta situación la política ofrece siempre menos un terreno de encuentro entre la ciencia y el sentido común, como se nota en el hecho que el ‘sentido del realismo’ en la política tiende a producir opciones pragmáticas en vez de críticas; el partido político no puede ya constituir un orden intelectual, en cuanto la ideología, las opciones prácticas, los conocimientos científicos, las actividades organizativas “no pueden reducirse a unidad y coherencia ni siquiera en la conciencia individual, para no hablar de la conciencia colectiva: no pueden reducirse a unidad y coherencia ‘libremente’, porque ‘autoritariamente’ ello podría suceder. {Antonio Gramsci, Quaderni del carcere, Edizione criticaa cura diValentino Gerratana, Einaudi, Torino 1975, p. 1378.}

 

Finalmente, signo de la crisis es el surgimiento de ‘movimientos’ que se constituyen por fuera de los partidos políticos como formas de acción colectiva diferente y alternativa; asociaciones que involucran a grupos y categorías particulares y que expresan demandas y necesidades sectoriales, que no consideran el conjunto del Estado. El difundirse de tales movimientos indica que los partidos no logran integrar determinados intereses e iniciativas de los individuos y de los grupos, de modo que el conjunto de las actividades políticas no encuentra en los partidos aquél momento de síntesis y de universalización que es su específica función en la organización estatal moderna. En estos movimientos se experimentan nuevas formas de acción política, de relaciones y de comunicaciones internas; pero la superación de la actual crisis orgánica exige muy otras iniciativas y actividades teóricas y prácticas.

 

Estos signos de la crisis de los partidos manifiestan que en ellos están en curso los mismos fenómenos que definen la crisis orgánica del Estado y de la civilización moderna: la separación entre dirigentes y dirigidos, entre teoría y práctica, entre ciencia y política, entre ‘estructura’ y ‘superestructuras’. La crisis de los partidos es parte determinante de la crisis del Estado porque la organicidad de las relaciones entre gobernantes y gobernados es construida y garantizada precisamente por los partidos políticos de masas; ella se produce a medida que los partidos pierden capacidad de conectar con el Estado a los grandes grupos sociales de los que son históricamente representantes. Más en general, la crisis de la política es el elemento central de la crisis de la civilización estatal moderna, porque la racionalidad específica de ésta está fundada precisamente en el primado de la política. Todo ello trae al centro de la atención teórica los procesos de formación, desarrollo, crisis del partido y de la estructura de la política moderna, y lleva a delinear nuevos sujetos y nuevas formas de la acción transformadora.

 

 

Actualización: La crisis de los partidos, cuyos signos identificamos cuando surgían, se ha profundizado y ampliado, hasta el punto que hoy es admitida por los partidos mismos. Nosotros consideramos que los partidos están llegando a su fase terminal, en la que se pasa de la crisis al derrumbe.

 

En efecto, los que anteriormente formaban parte de las bases de los partidos en gran parte han abandonado a los partidos o han dejado de estar políticamente activos. Participan en la escasa vida política de los partidos aquellos que, a través de éstos, han encontrado y conservan un puesto en el sector público, o aspiran a ello. La vida interna de los partidos se ha reducido al cumplimiento de rituales, y sus dirigentes actúan, hablan a las bases, luchan entre sí, y se reproducen, a través de su presencia en los medios de comunicación masiva.

 

Los partidos no están ya en condiciones de elaborar ideas y proyectos nuevos. Los referentes ideológicos que antes sirvieron para encuadrar los discursos en una tradición cultural y política, han desaparecido e incluso son negados. Los programas y las decisiones no se fundan siquiera en análisis empírico-sociológicos de la realidad inmediata, sino en las encuestas de opinión y en los eventos que ocupan las primeras páginas de los diarios y de la televisión.

 

Las figuras que aparecen como líderes ya no son seleccionadas entre el personal más eficiente y de prestigio sino en base a su presencia física, facilidad de palabra, capacidad de seducción y espectacularidad. Los verdaderos centros decisión concentrados tecnocráticamente, no operan visiblemente, y son casi desconocidos por el público.

 

La ciencia, habiendo fallado en su intento de alcanzar una función de guía en los partidos y en el Estado, se ha alejado de la política y se ha encerrado en sus instituciones propias, de modo que la relación entre científicos y políticos se ha roto definitivamente. Los partidos no son ya instrumentos de conocimiento sino máquinas de poder, han perdido la capacidad de convocar el compromiso de los científicos, y sólo en casos particulares logran instrumentalizar algunos de ellos a sus propios fines.

 

En cuanto al surgimiento de ‘movimientos’ que se constituyen fuera de los partidos políticos y como formas de acción colectiva diferente y alternativa, asociaciones que involucran a grupos y categorías particulares y que expresan demandas y necesidades sectoriales que no afectan al conjunto del Estado, se han multiplicado y buscan nuevas formas de relacionarse entre ellos y tener impacto político a través del empleo de las redes virtuales.

 

Antes de entrar en materia conviene, llevando adelante el razonamiento iniciado en los Prolegómenos y en las Notas teóricas I y II de LA TRAVESÍA. LibroPrimero. De la Crítica de las Sociologías a la Ciencia de la Historia y de la Política, dar algunas indicaciones sobre el significado de la relación de nuestro estudio con Gramsci y sobre el método de lectura de los Cuadernos. En aquél trabajo anterior hemos analíticamente encontrado que Gramsci en loa Cuadernos desarrolla una crítica sistemática del marxismo y de la sociología, en cuanto estructuras cognoscitivas que fueron elaboradas para comprender y dirigir los procesos de transformación social y política, y que en cambio se revelan no ser suficientes para dar razón de la novedad y complejidad que caracterizan la crisis orgánica contemporánea, y para la elaboración de las iniciativas aptas para afrontarla. Sobre la base de tal juicio y del proyecto gramsciano de la preparación de una estructura cognoscitiva y de dirección superior, hemos buscado delinear los fundamentos de una nueva ciencia de la historia y de la política, y de iniciar su construcción con la ‘Teoría de la crisis orgánica’ y la ‘Teoría de la burocracia moderna’.

 

Continuando esta dirección de investigación, afrontamos ahora la elaboración de la ‘Teoría del partido, del Estado y de la política’, y la búsqueda de una Nueva estructura de la acción transformadora’. Lo hacemos a partir de Gramsci. El estudio filológico de los Cuadernos. Lo hacemos tomando a Gramsci como punto de partida. El estudio filológico de los Cuadernos y la reflexión metódica de los problemas histórico-políticos reales y actuales, nos llevaron a tomar la crítica gramsciana del marxismo y de la sociología como momento integrante de un análisis global de la política y del Estado modernos. Así también los análisis teóricos sobre la crisis orgánica, la burocracia moderna, los partidos políticos, son momentos constituyentes del estudio del proceso de formación, desarrollo y crisis del Estado.

 

Es posible identificar en los Cuadernos el recorrido de una investigación sistemática de carácter histórico-crítico que sigue el hilo conductor del partido político como articulación de la civilización estatal. Es en este contexto que adquieren nuevo significado y ubicación, un conjunto de fenómenos de ‘voluntad colectiva’ que se desarrollan sucesivamente en el arco del último milenio – desde la declinación de la civilización católica medieval europea hasta la crisis orgánica mundial de la civilización moderna: desde los movimientos heréticos hasta las órdenes religiosas, desde las Comunas hasta el Tercer Estado, desde las utopías hasta la ciencias políticas, desde la revolución francesa hasta el régimen de los partidos, desde el partido jacobino hasta los partidos de masas. 

 

Interconectada con esta investigación histórica se encuentra la elaboración de un modelo teórico de las relaciones entre el partido político y el Estado representativo–burocrático, y la identificación de los paradigmas fundamentales a los que pueden reconducirse las estructuras y las dinámicas de la política. De la crítica histórica y teórica de los partidos y de la política moderna, parte finalmente la construcción de los lineamientos fundamentales de una nueva política, de un nuevo sistema de acción transformadora, capaz de superar la crisis orgánica mediante el paso a una civilización superior.

 

El análisis de esta problemática está distribuida entre los diferentes Cuadernos, sin mostrar un orden temático; sin embargo la investigación es desarrollada metódicamente, como se ve en el hecho que en su conjunto afronta con su propia integralidad los variados aspectos y las diferentes fases del proceso. La sistematicidad de la investigación gramsciana debe ser identificada en su concentrarse sobre un nudo problemático unitario y comprensivo, cuyo estudio lo conduce a indagar la multiplicidad de los elementos y de las relaciones que lo constituyen. Tal ‘sistematicidad interior’, para ser identificada y reconstruida, requiere tanto un trabajo filológico riguroso y una reconsideración teórico-científica del mismo nudo problemático (en su configuración actual).

 

Gramsci proporciona algunas indicaciones para la lectura de los textos teóricos (que se refieren también a sus propios escritos, y que consideramos útiles también para comprender mejor los nuestros): “Cuestiones de método. Si se quiere estudiar el nacimiento de una concepción del mundo que por su fundador no ha sido nunca expuesta sistemáticamente (y cuya coherencia esencial debe buscarse no en cada escrito particular o en una serie de escritos, sino en el desarrollo completo del trabajo intelectual variado en el cual los elementos de la concepción están implícitos) es preciso hacer preliminarmente un trabajo filológico minucioso y llevarlo adelante con el máximo escrúpulo de exactitud, de honestidad científica, de lealtad intelectual, de ausencia de todo preconcepto y apriorismo o toma de partido. Es preciso, ante todo, reconstruir el proceso de desarrollo intelectual del pensador en referencia, para identificar los elementos que llegan a ser estables y ‘permanentes’, o sea que han sido asumidos como pensamiento propio, diferentes y superior al ‘material’ precedentemente estudiado y que haya servido de estímulo; sólo estos elementos son momentos esenciales del proceso de desarrollo. Esta selección puede ser hecha por períodos más o menos largos, como resulta de lo intrínseco y no de noticias exteriores (que también pueden ser utilizadas), y da lugar a una serie de ‘descartes’ o sea de doctrinas y teorías parciales de las cuales el pensador pudo haber tenido, en ciertos momentos, una simpatía, incluso haberlas aceptado provisoriamente y haberse servido de ellas en su trabajo crítico o de creación histórica y científica. Es una observación corriente de todo estudioso, como experiencia personal, que cada nueva teoría estudiada con ‘heroico furor’ (o sea, cuando no se estudia por la mera curiosidad exterior sino por un interés profundo) durante cierto tiempo, especialmente si se es joven, atrae por sí misma, se empadrona de toda la personalidad, y será limitada por la teoría sucesivamente estudiada, hasta que no se establezca un equilibrio crítico y se estudia con profundidad pero sin rendirse inmediatamente a la fascinación del sistema o del autor estudiado. Esta serie de observaciones valen tanto más cuanto más el pensador en referencia sea más bien impetuoso, de carácter polémico y le falte el espíritu de sistema, cuando se trata de una personalidad en la cual la actividad teórica y aquella práctica están insolublemente entrelazadas, de un intelecto en continua creación y en perpetuo movimiento, que siente vigorosamente la autocrítica en el modo más despiadado y consecuente. [...] La búsqueda del leit motiv, del ritmo del pensamiento en desarrollo, debe ser más importante que las afirmaciones particulares casuales y que los aforismos separados.” (Cuadernos, 1840-42)

 

Debemos hacer una ulterior observación sobre las razones por las que procedemos a elaborar las teorías de los procesos histórico-políticos pasando a través de un análisis filológico de los textos de Gramsci. Los Cuadernos son los materiales teóricamente elaboradossobre los cuales trabajamos, no tanto para dar de ellos su justa interpretación, sino para acceder a la realidad histórico-política representada en ellos. En la medida en que Gramsci ha logrado exponer teóricamente un conjunto de nexos constituyentes de la experiencia histórica y política sujeto de nuestro estudio, los suyos se revelan como instrumentos eficaces para acceder a la realidad. Las citaciones de los escritos de Gramsci no tienen por consiguiente la función de confirmar nuestra interpretación, sino la de ser elementos de información y de teorización que incorporamos en la investigación.

 

“Si es verdad que la filosofía no se desarrolla desde otra filosofía sino que es una continua solución de problemas que el desarrollo histórico plantea, es también verdad que cada filósofo no puede desconocer a los filósofos que lo antecedieron, e incluso a menudo opera precisamente como si su filosofía fuese una polémica o un despliegue de una filosofía anterior, de las obras concretas individuales de los filósofos anteriores. A veces incluso, ‘ayuda’ proponer un descubrimiento propio de una verdad, como si fuera el desarrollo de una tesis de otro filósofo, porque es una fuerza injertarse en el proceso particular de desenvolvimiento de la ciencia particular en la que se colabora”. (Cuadernos, 1273)

 

Este trabajo es la transcripción de una investigación realizada entre el invierno de 1977 y el verano de 1980 a través de lecturas teóricas efectuadas unidamente por los autores. Cada cuestión ha sido examinada por ambos hasta sus detalles, y las afirmaciones particulares no son el resultado de mediaciones, sino de la construcción de un texto común.