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IDEAS PARA UN PROYECTO DE DESARROLLO DE UN SECTOR DE ECONOMIA POPULAR DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO PARA SUPERAR LA POBREZA Y LA MARGINACION

Con el término del gobierno militar y la llegada de la democracia política, a fines de los años 90, en Chile numerosas personas, organizaciones y entidades que veníamos trabajando desde la ‘sociedad civil’ en iniciativas y proyectos de pequeña escala, nos planteamos la posibilidad de pasar a una fase de mayor irradiación e impacto tomando como base las experiencias de economía popular y de solidaridad que estábamos impulsando. Existía entonces, o al menos así lo creíamos muchos, la posibilidad y la expectativa de que ‘en democracia’ pudiera darse el anhelado paso desde lo muy pequeño a procesos de mayor envergadura e impacto. Pero había que formular un proyecto que expresara dicho proceso, para proponerlo, discutirlo y promoverlo entre todos quienes pudieran contribuir a su desarrollo.
 
Atento a dicha expectativa –por por cierto se vería frustrada en los años sucesivos, dada la adopción del modelo de desarrollo neoliberal por parte de las fuerzas políticas democráticas que ascendieron al poder gubernamental en el país -, formulé el siguiente conjunto de “ideas para un proyecto de desarrollo de un sector de economía popular de solidaridad y trabajo para superar la pobreza”.
 
Pienso que un proyecto como el que esbozamos entonces está vigente, en espera de realización, y pudiera actualizarse y renovarse para su implementación en países en que se estén desarrollando procesos de democratización política, en el actual contexto de crisis del modelo neoliberal.
 
El texto del proyecto, escrito en febrero de 1992, es el siguiente:
 
I.- EL PROYECTO COMO PARTE DE UN PROCESO MAS VASTO DE DEMOCRATI­ZACION INTEGRAL
 
     Después de un período prolongado de autoritarismo y en el actual contexto nacional, nos planteamos como objetivo fundamen­tal y como idea central de un proyecto necesario y posible, UN PROCESO DE DEMOCRATIZACION INTEGRAL, que abarque las dimensiones económica, social, cultural y política de la vida nacional.
 
     Hablamos de un "proceso" porque no se trata de una meta específica a lograrse en corto tiempo, sino de un camino pro­longado, multifacético y complejo, que partiendo del actual estado de las cosas va avanzando progresivamente en el logro de una democratización creciente. Decimos que tal democratización ha de ser "integral", para enfatizar que no es posible una de­mocratización política si no se encuentra acompañada de una correspondiente democratización de la economía y de la cultura. ¿Podría haber una real democracia política, consolidada y es­table, si el poder económico se mantuviera concentrado como está ahora y si una gran parte de la sociedad siguiese excluída y mar­ginada de las posibilidades de trabajo, ingreso, satisfacción de sus necesidades vitales y participación social y cultural?
 
     Un proyecto debe ser realista, en el sentido que debe partir de la realidad existente, considerar las efectivas fuerzas y ca­pa­cidades que pueden desplegarse en su realización, y proponerse objetivos y caminos factibles. Al mismo tiempo, un proyecto debe ser idealista, en el sentido que debe proponerse objetivos eleva­dos que correspondan a ideas, valores y propósitos superiores, ca­paces de despertar, motivar y potenciar las energías morales y espirituales indispensables para su realización.
 
     Por otra parte, cuando pensamos en una perspectiva nacional de democratización, es preciso que los objetivos, estrategias y actividades necesarias para concretizarlo puedan ser asumidos por amplios sectores sociales, por una variada gama de actores socia­les, y por todas las personas que se interesen en participar. Cuánto del proyecto se llegue a realizar será proporcional a las fuerzas que se logre concitar para su realización.
 
 
II.- INSERCION DEL PROYECTO EN UN PROCESO DE DESARROLLO Y TRANSFORMACION DE LA ECONOMIA
 
     En nuestra formulación del proyecto no se postula una de­terminada concepción ideológica según la cual exista un sólo modo de organización económica justo y racional, sino que se postula la conveniencia del pluralismo en cuanto a los agentes organiza­dores de la economía, las formas de propiedad, los sistemas de asignación de recursos y distribución de los ingresos, las ra­cionalidades y lógicas de comportamiento, etc. Más específica­mente, postulamos la conveniencia del desarrollo de tres princi­pales sectores económicos, cada uno de los cuales podrá cumplir sus propios roles y hacer sus particulares aportaciones al con­junto.
 
     En tal sentido, nuestro proyecto recoge las orientaciones que formulara S.S. Juan Pablo II en su discurso de la CEPAL du­rante su visita a Chile:
 
     "El Estado no debe suplantar la iniciativa y la responsabi­lidad que los individuos y los grupos sociales menores son capa­ces de asumir en sus respectivos campos; al contrario, deben fa­vo­recer activamente esos ámbitos de libertad; pero al mismo tiempo, debe ordenar su desempeño y velar por su adecuada inser­ción al bien común.
 
     Dentro de ese marco caben figuras muy diversas de correla­ción entre la autoridad pública y la iniciativa privada. De cara al drama de la pobreza, importa sobremanera que entre ambas ins­tancias exista una mentalidad de decidida cooperación. ¡Trabajad unidos, integrad vuestros esfuerzos, no antepongáis un factor ideo­lógico a un interés de grupo a la indigencia del más pobre!
 
     El desafío de la pobreza es de tal magnitud, que para supe­rar­lo hay que recurrir a fondo al dinamismo y a la creatividad de la empresa privada, a toda su potencial eficacia, a su capacidad de asignación eficiente de los recursos y a la plenitud de sus energías renovadoras. La autoridad pública, por su parte, no puede abdicar de la dirección superior del proceso económico, de su capacidad para movilizar las fuerzas de la nación, para sanear ciertas deficiencias características de las economías en desarro­llo, y en suma, de su responsabilidad final con vistas al bien común de la sociedad entera.
 
     Pero Estado y empresa privada están constituídos finalmente por personas. Quiero subrayar esta dimensión ética y persona­lista de los agentes económicos. Mi llamado, pues, toma la forma de un imperativo moral: ¡sed solidarios por encima de todo! Cualquiera sea vuestra función en el tejido económico, ¡construid en la región una economía de la solidaridad!.(...) Creo que en esa economía solidaria ciframos todos nuestras mejores esperanzas para la región".(S.S. Juan Pablo II en la CEPAL, Santiago de Chile, 3 de abril de 1987).
 
     La democratización económica ha de abarcar, naturalmente, esos tres principales sectores económicos, y específicamente el sector del mercado de intercambios, el sector público y estatal, y el sector solidario; respecto a cada uno de ellos son nece­sarios procesos y acciones transformadores, que los democraticen. Aunque no estamos en condiciones de detallar las acciones a im­plementar en cada sector, podemos proponer y dejar indicadas las que nos parecen ser las orientaciones globales más importantes que debieran ser desplegadas en ellos, si se quiere democratizar la economía. En tal perspectiva será posible apreciar el lugar que podría tener en el conjunto del proceso el aspecto particular que nos interesa especialmente, esto es, la construcción de un sector de economía popular de solidaridad y trabajo.
 
     A partir de la situación y de los problemas reales y actua­les de la economía nacional, un proyecto de desarrollo y democra­tización económica debiera contemplar tres grandes tareas, a saber, democratizar el mercado, poner el Estado al servicio de grandes objetivos nacionales de desarrollo y democratización, y construir un sector de economía popular de solidaridad y trabajo para superar la pobreza y la marginación.
 
A.- DEMOCRATIZAR EL MERCADO. El mercado -en cuanto sistema de asignación y distribución de los principales factores, bienes y servicios que circulan en la economía-, responde a la concreta relación de fuerzas económicas y sociales dadas. Así, el mercado puede encontrarse más o menos concentrado o desconcentrado, y ser más o menos oligárquico o democrático.
 
     En términos generales un proceso de democratización del mer­ca­do implica avanzar en las siguientes direcciones:
 
a)   Ampliar la libertad económica y las posibilidades de acceso al mercado, para todos quienes quieran ofertar o demandar factores, bienes y servicios, y organizar unidades y activi­dades económicas, sean personas independientes, asociacio­nes, cooperativas, comunidades, trabajadores, técnicos, etc.
 
     Actualmente en el país existen condiciones formales que re­co­nocen esta libertad económica y facilitan el acceso. Subsisten, sin embargo, problemas serios al menos en tres campos, que hacen necesarias las siguientes acciones:
 
-    Reconocer el sector de la economía popular y facilitar su formalización, creándole condiciones adecuadas para su de­sarrollo.
 
-    Eliminar las actuales trabas a la organización de cooperati­vas y de otras formas de empresasas autogestionadas, y favo­recer su constitución en los más variados ámbitos y sectores de la actividad económica.
 
-    Crear líneas especiales de crédito para el fomento de ini­cia­tivas empresariales nuevas de parte de personas desocu­padas, familias, trabajadores, profesionales, técnicos y empresarios jóvenes que tengan proyectos económicamente viables.
 
b)   Desconcentrar la propiedad e incrementar la participación de los trabajadores y de la comunidad en general en las deci­sio­nes económicas.
 
     La economía chilena se encuentra altamente concentrada, y será conveniente desplegar acciones favorables a su descon­centración. Son en este sentido acciones posibles:
 
-    Ampliar las oportunidades de participación de los trabajado­res y del público en general en la propiedad accionaria de las empresas.
 
-    Propiciar procesos de reforma de las empresas, que favorez­can su desconcentración y descentralización, así como la par­ticipación de los trabajadores y de los diferentes grupos funcionales en la toma de decisiones y en la distribución de los beneficios.
 
c)   Aumentar la movilidad de los factores y la integración so­cial entre los diferentes agentes económicos: empresarios, trabajadores, técnicos, etc. Una tarea importante en esta dirección será:
 
-    Modificar y perfeccionar la legislación laboral, de modo que resulten mejor distribuídos y establecidos los derechos y de­­beres de cada sujeto económico, especialmente de los tra­bajadores.
 
d)   Perseguir la plena ocupación de los factores. Es en este sentido que se manifiestan quizá las mayores urgencias. Las principales líneas de acción al respecto serían:
 
-    Fomento y creación de fuentes de trabajo productivo que per­mi­tan reducir la desocupación laboral.
 
-    Fomento y creación de pequeñas y medianas empresas que per­mi­tan aprovechar las capacidades tecnológicas y empresaria­les socialmente disponibles.
 
-    Incentivar la investigación y aplicación de tecnologías apropiadas a las condiciones locales y nacionales, para el aprovechamiento de los recursos inactivos y el estableci­mien­to de combinaciones tecnológicas que permitan una más proporcionada utilización de los factores disponibles.
e)   Perseguir permanentemente una más equitativa, justa y equi­librada remuneración de los factores (salarios, rentas, in­tereses y ganacias), eliminando los elementos de distorsión que periódicamente se manifiestan en el mercado.
 
 
B.- PONER EL ESTADO AL SERVICIO DE GRANDES OBJETIVOS NACIONALES DE DESARROLLO Y DEMOCRATIZACION. Al Estado le competen impor­tantes funciones económicas y sociales, y de hecho desarrolla una gran cantidad de actividades en los procesos de producción, dis­tri­bución, consumo y acumulación. Tales actividades, sin embar­go, pueden tener diferentes orientaciones, de manera que no siempre una mayor o más intensa actividad pública se traduce en una economía más democrática.
 
     La acción económica del Estado puede ser poco democrática tanto si asume funciones económicas que no le competen y que re­ducen la autonomía de las personas, asociaciones intermedias y comunidades, como si deja de cumplir funciones de beneficio so­cial y nacional que le son propias, y también si orienta sus actividades en un sentido que en vez de democratizar favorezca la concentración económica.
 
     Poner el Estado al servicio de grandes objetivos nacionales de desarrollo y democratización requiere, junto a todo lo que pueda hacer por la democratización del mercado y el desarrollo de la economía popular solidaria, avanzar en las siguientes di­reccio­nes principales:
 
a)   Cumplir un rol de coordinación y dirección superior del proceso económico, incentivando un programa de desarrollo autosostenible, social y ecológicamente viable, que lleve a un mejoramiento de la calidad de vida y al bien común.
 
b)   Ampliar y perfeccionar sus acciones de beneficio social (educación, salud, previsión, vivienda, subsidios, etc.) de manera que se orienten cada vez más precisamente hacia los sectores más pobres y hacia las necesidades sociales más fun­damentales y urgentes, persiguiendo el empleo y aprove­cha­miento de las fuerzas de trabajo y de las capacidades organizativas de los propios beneficiarios.
 
c)   Fomentar una cultura de respeto por la naturaleza y sus equilibrios vitales. Desarrollar todas las medidas y accio­nes que tiendan a la protección, conservación y mejoramiento del medio ambiente, normando y controlando las actividades económicas con criterios ecológicos rigurosos.
 
d)   Cumplir un papel relevante en la formación, activación y movilización económica de recursos, especialmente en vistas de desarrollar empresas y procesos de beneficio nacional para las cuales no exista la capacidad o el interés de parte de los agentes privados o comunitarios, o que por sus carac­terísticas estratégicas para el bien común sea la voluntad democrática que las realice el Estado, pero evitando la for­mación de innecesarios monopolios públicos que aumenten la concentración económica.
 
e)   Supervigilar y controlar a los agentes económicos que operan en el país, tanto nacionales como extranjeros, para que su actividad se desarrolle conforme a normas de comportamiento justas que impidan la concentración económica.
 
f)   Desplegar eficientes políticas antimonopólicas y favorables a la desconcentración y descentralización, así como también corregir distorsiones del mercado que generen injustas ex­clu­siones y marginaciones, desplegando las más adecuadas po­líticas fiscales, monetarias, arancelarias, etc.
 
g)   Crear condiciones para la cooperación e integración nacional e internacional, desarrollando las mejores condiciones de se­guridad y paz interna e internacional. En especial, im­pul­sar la integración latinoamericana y el establecimiento de un mercado común en la región.
 
 
C.- CONSTRUIR UN SECTOR DE ECONOMIA POPULAR DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO PARA SUPERAR LA POBREZA Y LA MARGINACION. Existen ac­tualmente múltiples experiencias económicas alternativas, en las que vigen relaciones de cooperación y solidaridad y en que el tra­bajo ocupa un papel decisivo en la organización y gestión. Tales experiencias desarrollan modos de operación y funciona­miento que expresan una cierta racionalidad económica especial, distinta a las del sector privado y del sector público. La mul­tiplicación de esas experiencias, su articulación e interrela­ción, y el despliegue más pleno de su peculiar racionalidad, per­mite avanzar hacia la configuración de un verdadero sector -un tercer sector económico-, que se vincule dinámicamente al mercado y al Estado.
 
     La construcción y desarrollo de este sector de economía po­pu­lar de solidaridad y trabajo, junto con aportar directamente a la solución de los grandes problemas sociales, significaría un aporte transformador y democratizador de la economía global. En particular, contribuiría a introducir en la dinámica global los valores de la cooperación, solidaridad y el compromiso con los más pobres, llevando a una más estrecha colaboración entre todos quienes pueden aportar a la promoción y desarrollo de los grupos subalternos.
 
     En tres aspectos podemos resumir el impacto potencial que un sector solidario suficientemente extendido tendría sobre la eco­no­mía global y sobre los sectores de economía de mercado y públi­ca:
a)   Un primer efecto es la movilización y utilización económica de significativos recursos que los otros sectores no pueden aprovechar: fuerza de trabajo desocupada, y disponibilidad laboral de tiempos parciales, especialmente de mujeres, jó­ve­nes y ancianos; capacidades organizativas y empresariales difundidas socialmente y que no han tenido oportunidad de ser desarrolladas productivamente; el espíritu popular crea­tivo, y capacidades creativas e innovadoras de varios orí­genes, también tradicionalmente desempleados; medios de pro­ducción desechados por obsolescencia, y que pueden ser reci­clados al ponérselos a operar con una distinta lógica eco­nómica; etc.
 
b)   Un segundo importante efecto va en la línea de la democra­tización de la economía global y del mercado. La incorpo­ración de amplios sectores marginados al ejercicio de fun­ciones económicas útiles, el acceso al mercado de nuevos agentes productivos, las transferencias de recursos desde los que tienen más a los que tienen menos, el incremento del control comunitario de las condiciones de vida locales, y otras tendencias implicadas en el crecimiento de la economía popular solidaria, son parte de un proceso de desconcentra­ción del poder económico y de descentralización de las deci­sio­nes, acrecientan la participación, difunden socialmente la propiedad, etc.
 
c)   Por último, el crecimiento de un sector de economía solida­ria tiene el efecto de favorecer una estructura económica más integrada y participativa, donde los procedimientos de asignación de los factores y distribución de la riqueza reducen su conflictualidad y se hacen más fluídos y pací­ficos. La competencia y la lucha por los recursos y la riqueza resulta morigerada, y los circuitos por donde fluyen los bienes y servicios tienden a articularse en base a rela­ciones económicas menos competitivas e individualistas y más solidarias e integradas.
 
     Sobre la construcción de un sector de economía popular de solidaridad y trabajo para superar la pobreza se centra nuestra propuesta específica, y a ello nos referiremos en lo que sigue.
 
 
III.- LA CONSTRUCCION DE UN SECTOR DE ECONOMIA POPULAR SOLIDARIA COMO PROLONGACION AMPLIADA DE UNA ACCION ACTUALMENTE EN PLENO DESARROLLO.
 
     El actual contexto político nacional plantea condiciones que hacen posible y necesario efectuar un avance cualitativo en las orientaciones y perspectivas de nuestro trabajo con las organiza­ciones económicas populares, talleres laborales, cooperativas, empresas autogestionadas, microempresas, etc. Se trata de pasar a una etapa en que todo lo que hemos venido construyendo hasta ahora se proyecte hacia el futuro y se inserte en dimensiones y perspectiva nacional.
 
     Esta nueva etapa debiera estructurarse en torno a un proyec­to muy amplio, capaz de involucrar en su realización a una multi­plicidad de sujetos: organizaciones económicas populares, movi­mien­to cooperativo, instituciones de apoyo, instancias políticas y públicas, sectores sindicales, empresariales, profesionales, etc.
 
     En términos globales, el proyecto se articula en torno a un gran objetivo: HACER UNA CONTRIBUCION SERIA Y SIGNIFICATIVA A LA SUPERACION DE LA POBREZA Y LA EXCLUSION, MEDIANTE EL DESARROLLO DE UN SECTOR DE ECONOMIA POPULAR SOLIDARIA, ORGANIZADO, EFICIENTE E INTEGRADO A LA ECONOMIA NACIONAL.
 
     Planteamos este proyecto en términos que su realización in­vo­lucra como protagonistas a múltiples actores. Por ello, esta­mos pensando en un proceso que emerge desde la sociedad civil y no desde el Estado, aunque también a éste le corresponderán im­portantes funciones que cumplir. Pero en lo sustancial, el pro­yecto no consiste en una propuesta que se elabora en orden a que sea el Estado quien asuma su implementación, o frente al cual deba reivindicarse su cumplimiento. Es, fundamentalmente,una propuesta de acción que se hace a los mismos sujetos que han de beneficiarse con su realización, y que deben participar como pro­tagonistas esenciales en su implementación, a partir de sus pro­pias experiencias organizativas. En realidad, muchas organi­zaciones están ya implementando el proyecto, en la medida que de hecho actúan en la perspectiva de sus objetivos.
 
     Es para recalcar la idea de un proyecto a realizarse entre muchos sujetos y especialmente por los propios sectores popula­res, que en su formulación enfatizamos dos ideas complementarias: "superar la pobreza", mediante "el desarrollo de un sector de economía popular y solidaria". Lo segundo lo vemos como requisi­to esencial de lo primero: la pobreza y marginación no se supe­ran sino mediante el desarrollo e integración de los mismos po­bres, y no mediante políticas que se hacen desde fuera en bene­ficio de ellos.
 
     El motivo del fracaso de tantos planes que se han propuesto terminar con la pobreza y marginación ha sido, precisamente, que se ha pretendido beneficiar a los pobres sin potenciarlos como sujetos capaces de asumir su propio desarrollo; beneficiar a los pobres buscándoles desde fuera (principalmente desde el Estado) soluciones a sus necesidades y demandas más urgentes lleva a es­tabilizarlos en situación de dependencia, marginación y pobreza, por más beneficios que se les otorguen.  Nuestro proyecto podría formularse, articulando sus dos ideas centrales, en la siguiente forma: avanzar en la satisfacción de las necesidades de los sec­tores marginados mediante el desarrollo de sus propias capacida­des para satisfacerlas. El énfasis del proceso está puesto, así, en la expansión del sujeto popular, que se torna capaz de asumir su propio desarrollo mediante la activación y organización de sus propias fuerzas.
 
 
IV.- LAS "BASES SOCIALES" Y LOS "ACTORES" DEL PROYECTO
 
     Un proyecto de estas dimensiones supone identificar adecua­da­mente y con gran amplitud las bases sociales en las que se fun­damenta, los sujetos organizados que lo protagonizan, las instan­cias que lo apoyan y favorecen, y los núcleos o centros que lo articulan. Tales bases sociales la constituyen el amplio mundo de los pobres y excluídos, y en particular quienes enfrentan los más agudos problemas de susbistencia por estar excluídos o mar­ginados de los sistemas de producción, distribución y consumo con­siderados formales o modernos. Ellos son los que sufren las carencias y problemas que identificamos como "pobreza y exclu­sión", y ellos mismos son los primeros llamados a participar en el proyecto. En esta base social debemos identificar más especí­ficamente los actores principales que pueden asumir el proyecto.
 
     En esto nos encontramos con las organizaciones y experien­cias de la economía popular y solidaria, que debemos reconocer en toda su amplitud. Se trata de una realidad extraordinariamente heterogénea, en la cual podemos distinguir analíticamente:
 
a)   Las formas asociativas, como las organizaciones económicas populares, las cooperativas, empresas de trabajadores y ta­lleres autogestionados, talleres solidarios, huertos fami­lia­res y comunitarios, comprando juntos, ollas comunes, coo­pe­rativas de vivienda, grupos de autoayuda, etc.
 
b)   Las formas familiares, entre las que encontramos numerosas microempresas y pequeños talleres y negocios que llevan a configurar las familias como verdaderas unidades de trabajo.
 
c)   Las formas individuales, entre las que distinguimos las mi­croempresas de un dueño que contratan trabajadores, y las formas de trabajo por cuenta propia, de trabajo artesanal, de comercio ambulante, servicios domiciliarios, "pololos" y trabajos eventuales, etc.
 
     Estos tres modos de respuestas frente a la exclusión y mar­ginación constituyen las formas de actividad que los sectores po­pulares más pobres despliegan en vistas de asegurar la subsisten­cia y satisfacción de sus necesidades fundamentales. A menudo va­rias de ellas se encuentran combinadas al interior de una misma familia o comunidad, aunque deberá comprenderse que detrás de estos distintos caminos para enfrentar los problemas están dife­ren­tes culturas y experiencias previas.
 
     Este diferente condicionamiento cultural y grado de desarro­llo de capacidades propias deberá ser tenido en cuenta al formu­larse las políticas y acciones adecuadas para cada forma, pues sólo así podrá involucrarse a los mismos interesados en la reali­zación del proyecto de su propio desarrollo. Evidentemente, el grado de participación activa y de protagonismo que pueda espe­rarse de parte de los sujetos involucrados será diferente en estas distintas formas de economía popular; sin embargo, respecto a todos ellos es posible esperar algún proceso de activación.
 
     Junto a las organizaciones e instituciones de la economía popular se encuentra un conjunto de instituciones de apoyo y servicio que la acompañan, fomentan y ayudan en su proceso de desarrollo. Tales instituciones son también de varios tipos: privadas, religiosas, no gubernamentales, del sector público, etc. En la medida que ellas aportan recursos y capacidades a la economía popular y que mantienen un compromiso en su desarrollo y perfeccionamiento, pueden considerarse parte del fenómeno social y también involucrarse como sujetos y actores del proyecto de que hablamos.
 
 
V.- ALGUNOS OBJETIVOS GENERALES QUE PUEDEN IMPULSARSE A PARTIR DE LA ECONOMIA POPULAR
 
A)   HACER DE LA ECONOMIA POPULAR UNA ECONOMIA EFICIENTE.
 
     La eficiencia es una condición necesaria para la afirmación de cualquier unidad económica y de cualquier modo de hacer econo­mía.
 
     La economía popular es precaria, pobre en recursos, insufi­cientemente integrada al mercado. Opera con tecnologías de bajo rendimiento, con formas de gestión rudimentarias, con fuerza de trabajo de reducida calificación. En función de la eficiencia de esta forma económica hay mucho que hacer: provisión de recursos financieros, desarrollo de las capacidades empresariales, califi­cación de la fuerza de trabajo, innovación y apropiación de tec­no­logías, inserción dinámica en los mercados abastecedores y con­sumidores, etc.
 
     En función de este objetivo, la tarea principal es la crea­ción de un sistema de apoyo adecuado y eficiente él mismo, que opere coordinadamente en los aspectos de capacitación, financia­miento, comercialización, asistencia técnica, gestión, etc.
 
     Se hace necesario también un trabajo de investigación, orien­tado a identificar aquellos rubros de producción y servicios en los cuales estas formas económicas pueden presentar y desarro­llar sus ventajas comparativas, y a identificar los mercados de factores y de productos en los cuales pueda operar eficazmente.
 
     Hay que elaborar instrumentos adecuados de apoyo y servi­cios. La asistencia técnica, la gestión, la empresarialidad, la capacitación el manejo financiero, deben efectuarse de manera que respondan apropiadamente a las características reales y actuales de estas formas económicas, a sus problemas y a sus potencialida­des.
 
B.   HACER DE LA ECONOMIA POPULAR UNA ECONOMIA DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO
 
     En la economía popular existen gérmenes de lo que puede ser una economía solidaria fundada en el trabajo. Se despliega en ella una racionalidad económica peculiar, derivada del hecho de que en ella los principales factores económicos son el trabajo y la cooperación. Estos gérmenes de economía de trabajo y solida­ri­dad pueden ser potenciados y desarrollados.
 
     En este sentido, hay un gran esfuerzo cultural que realizar.  Descubrir el valor del trabajo bien realizado, del "buen traba­jo", del "trabajo realizado en amistad". Descubrir y potenciar el sentido de solidaridad, de cooperación; el valor de la organi­za­ción solidaria, la importancia del "factor C".
 
     Elaborar e implementar modelos organizativos apropiados para las distintas formas económicas, asociativas, familiares e indi­vi­duales, tanto al nivel de la producción como de la distribución y el consumo. Identificar las formas de propiedad, de reparti­ción de los beneficios, de organización del trabajo, de la adop­ción de decisiones, del relacionamiento en el mercado, de comprar y de vender, que permitan aprovechar, potenciar y desarrollar los valores y modos de ser propios de la economía popular y solida­ria.
 
     La afirmación económica y social de la economía popular como economía de solidaridad y trabajo no es tanto una cuestión de can­tidad como de calidad. Hacer las cosas bien, demostrar que haciendo economía solidariamente se obtienen beneficios superio­res y que la calidad del trabajo y de la vida se mejoran sustan­cialmente, es condición para que esta forma económica se consti­tuya como una real alternativa capaz de ser vista y seguida como una opción atrayente que vale la pena probar y experimentar.
 
C)   HACER DE LA ECONOMIA POPULAR DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO UN SECTOR ECONOMICO INTEGRADO
 
     A lo largo de los años de trabajo y servicio a la economía popular se han ido gestando experiencias de coordinación, de intercambio de experiencias, de acciones conjuntas, en las que participan diferentes grupos organizados. Sin embargo, permanece una inmensa cantidad de iniciativas individuales, familiares y asociativas aisladas, que buscan afirmarse solas en una muy di­fícil competencia en el mercado. La economía popular no consti­tuye aún un verdadero sector económico, y sin embargo su destino económico y social depende mucho de que éste llegue a formarse y consolidarse.
 
     La formación de un sector económico implica concretamente el establecimiento de un conjunto de articulaciones funcionales y operacionales. Tales articulaciones pueden establecerse en la forma de una suerte de "mercado intra-sectorial" en el cual se desplieguen diferentes modos de complementación e intermediación, que sin excluir la competencia entre las unidades económicas inde­pendientes favorecen flujos de recursos, de productos y de servicios que permiten a cada una aprovechar economías de escala y de asociación que resultan recíprocamente convenientes.
 
     Más concretamente, es posible pensar en la existencia de instancias cooperativas de intermediación, a nivel de recursos financieros (cooperativas de ahorro y crédito, fondos rotatorios, fondos de inversión, etc.), de abastecimiento y comercialización (compra en común de insumos, locales comerciales integrados, fe­rias y exposiciones, etc.), de capacitación y selección de fuerza de trabajo ("bolsas de trabajo", escuelas de capacitación, moni­tores populares, etc.), de perfeccionamiento tecnológico (bancos de proyectos y de diseños, talleres-escuelas, etc.).
 
     También resulta posible, en ciertos espacios locales y en determinados rubros de producción y servicios, cierto encadena­miento horizontal y vertical entre unidades económicas complemen­tarias.
 
D)   HACER DE LA ECONOMIA POPULAR DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO UN SUJETO SOCIAL CON IDENTIDAD Y PROYECTO
 
     La economía popular es el resultado de un amplio proceso de activación económica de los sectores más pobres y marginados de la sociedad, que movilizan sus propios recursos y capacidades para hacer frente a sus necesidades y problemas. Como todo pro­ceso de activación de un sector social numeroso, la economía po­­pular puede dar lugar a la formación de una identidad colectiva asumida consciente y voluntariamente por quienes participan en él, y que pueden llegar a ser portadores de un proyecto novedoso que haga un aporte más global a la sociedad, participando en su orientación y construcción histórica.
 
     La economía popular como tal, y especialemte en el desplie­gue de sus contenidos implícitos de solidaridad y trabajo, es por­ta­dora de valores humanos y sociales de extraordinaria impor­tan­cia, especialmente en el contexto de la actual horfandad de proyectos históricos transformadores.
 
     El desarrollo de una identidad social compartida y de un proyecto propio que la oriente y haga pesar en la sociedad impli­ca desarrollar, en base a las experiencias reales de economía popular y de solidaridad y trabajo, una multiplicidad de procesos complementarios: el intercambio de experiencias, el encuentro entre grupos para analizar los propios problemas y perspectivas, la elaboración de un pensamiento coherente que exponga sus valo­res y racionalidad, la difusión de experiencias e ideas a través de medios de comunicación apropiados, la formación de instancias de representación y coordinación, la propuesta de políticas co­munes a impulsar entre todos, la identificación de intereses y aspiraciones que conviene hacer presente ante las autoridades nacionales, regionales y locales, la interlocución con otros ac­tores de la vida económica, social y cultural del país, la for­mación de dirigentes y organizadores, etc.
 
E)   HACER DE LA ECONOMIA POPULAR DE SOLIDARIDAD Y TRABAJO UNA REALIDAD RECONOCIDA E INTEGRADA A LA SOCIEDAD
 
     La economía popular surge de sectores sociales excluídos o marginados de la sociedad, que buscan activamente su inserción económica y social. La economía de solidaridad y trabajo es un modo de vivir y de hacer economía alternativo, distinto al impe­rante en la sociedad, que tiene vocación transformadora. El sec­tor de economía popular de solidaridad y trabajo, aunque está en formación y constituye todavía una realidad marginal, ha de bus­car activamente su reconocimiento social y su inserción plena en la realidad nacional.
 
     En esta perspectiva, la primera etapa hacia la integración ha de llevarlo a que sea reconocido por la sociedad en su propia realidad e identidad. Este reconocimiento por la sociedad es parte de su propio proceso de afirmación y consolidación. Para ello debe darse a conocer, utilizando todos los medios idóneos que se encuentren a su alcance.
 
     El reconocimiento necesario no consiste solamente en que sea conocido como real, sino en que sea apreciado y valorado por el aporte que puede hacer a la solución de los grandes problemas na­cionales. En este sentido y por su naturaleza específicamente económica, es preciso que este sector se convierta en un agente de desarrollo, que efectúe un aporte útil a la satisfacción de las necesidades sociales. Su mejor inserción en los mercados aparece como una condición igualmente necesaria.
 
     Pero la economía popular de solidaridad y trabajo es más que una experiencia económica. Tiene contenidos culturales importan­tes, y es preciso que ella viva también en el mundo de la cultu­ra. Un aspecto muy relevante dice relación con el reconocimiento institucional y jurídico de las experiencias de economía popular y solidaria. Muchas de ellas existen actualmente de manera in­for­mal, no legalizada. Otras lo están, aunque no encuentran en la legislación vigente adecuados modelos de sociedad que reflejen sus reales modos de ser y funcionar. El reconocimiento social de este sector económico requiere la disposición de nuevos instru­men­tos legales y jurídicos, que debieran ser legislados con el aporte del sector en su fase de elaboración.
 
     Así mismo, como parte de la realidad nacional, el sector requiere desplegar también una presencia política. En la medida que forman parte de la economía popular (en sentido amplio) gru­pos sociales numerosos, constituye una fuerza potencial importan­te. El rol político que la economía popular ha jugado en países como Brasil y Perú, donde por su falta de cohesión e identidad ha sido y es instrumentalizado en función de propuestas y aventuras populistas de dudoso alcance democrático, lleva a pensar en la importancia de trabajar la insersión y participación política de este sector con autonomía y coherencia. El descubrimiento y ex­perimentación de "nuevos modos de hacer política" es talvez uno de los desafíos más importantes que asumir en los próximos años desde el mundo de la economía popular y de las experiencias al­ternativas y solidarias. La participación a nivel local, la re­lación con los partidos políticos, el rol a cumplir en el diseño y ejecución de las políticas sociales del Estado, la relación con el movimiento sindical, el cooperativismo y otros actores del "mo­vi­miento laboral", son temas escasamente explorados y que requie­ren urgente atención.
 
 
VI.- LA PLANIFICACION E IMPLEMENTACION DE POLITICAS Y PROGRAMAS PARA EL LOGRO DE ESTOS OBJETIVOS
 
     Los cinco objetivos mencionados son complementarios, se refuerzan recíprocamente, y han de ser impulsados simultánea y conjuntamente. Del análisis de cada uno de ellos se desprenden numerosas acciones posibles de ejecutar con los medios disponi­bles.
 
     De hecho, las organizaciones de base, sus coordinadoras, las ONGs que las apoyan, y diversos sujetos interesados en esta rea­li­dad, despliegan acciones orientadas hacia el logro de algunos de los objetivos planteados. Sin embargo, la acción actualmente en desarrollo se muestra dispersa y poco cohesionada, carente de planificación y, en consecuencia, manifiesta una reducida efica­cia.
 
     La principal dificultad para pasar de una acción dispersa y menos eficaz a una acción cohesionada y potente radica en la exis­tencia de una gran diversidad de ideas y opiniones relativas a la economía popular misma, a su realidad, sus problemas y po­ten­cialidades, y a los objetivos que puedan y deban ser plantea­dos. Hay diferentes enfoques, y aparecen también a veces con­flic­tos de intereses especialmente a nivel de las ONGs que tra­bajan en este terreno.
 
     Debe con todo reconocerse que existe un cierto conjunto de instituciones, organizaciones y personas que a lo largo del tiempo han ido convergiendo en un diagnóstico y proyecto de ca­racterísticas similares al que aquí se propone, y que han des­plegado y realizan acciones en conjunto orientadas a los objeti­vos planteados.
 
     El grado de cohesión y coordinación de su acción permanece sin embargo insuficiente como para que se aprovechen adecua­damente las oportunidades existentes para avanzar en la realiza­ción del proyecto y objetivos planteados.
 
     Es por esto que, como condición de la realización de un pro­yecto como el aquí propuesto a la discusión, se hace necesario un proceso de reflexión y elaboración efectuado con la amplia parti­ci­pación de los grupos, organizaciones e instituciones interesa­das.
 
     En este proceso se podría:
 
1.- Someter el presente "material de discusión" a la reflexión y análisis por parte de las personas, organizaciones e insti­tu­ciones que se estime tengan un grado significativo de apro­xi­mación a las ideas planteadas.
 
2.- Con el aporte de este proceso de reflexión y análisis, con­cluir en la elaboración de un "documento de consenso", que defina las orientaciones, líneas y objetivos generales del proyecto.
 
3.- En base a dicho documento de concenso, organizar talleres de reflexión centrados en la elaboración de objetivos particu­la­res, que especifiquen metas de mediano plazo a obtener en relación a cada uno de los objetivos generales, así como los medios de que pueda disponerse al efecto. Incluir el resul­ta­do de esta elaboración en un documento definitivo, que com­plete el documento de consenso.
 
4.- Proceder a la presentación del documento final a la conside­ración y análisis de todas las personas, organizaciones e instituciones que trabajen en el campo de la economía popu­lar. Como resultado de este tercer proceso de discusión, perfeccionar el "documento de consenso", y hacer un catastro de las acciones y programas que actualmente estén en desa­rro­llo y que aporten al cumplimiento de los objetivos gene­ra­les y específicos planteados.
 
5.- Organizar una red de información, que establezca y mantenga una relación entre las personas, organizaciones e institu­ciones que desarrollen acciones convergentes en el sentido del proyecto, que facilite algún grado de coordinación entre ellas, y que ayude a la elaboración de nuevos programas y acciones orientadas en el mismo sentido.
 
6.- Establecer instancias y mecanismos de retroalimentación en torno al proyecto, así como de coordinación de acciones que puedan ser desplegadas en común o separadamente por las organizaciones e instituciones integrantes de la red.
 
 
Luis Razeto M.
 

Santiago, abril de 1992