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EL POETA, EL CIENTÍFICO Y EL MÍSTICO

 

EL POETA, EL CIENTÍFICO Y EL MÍSTICO
 
Sentado en la banca de piedra a la sombra del sauce, el poeta recita los versos que va componiendo:
 
- Mi alma vagabunda / danza con el viento / entre las ramas / al son de los jilgueros / que tejen y deshacen / trenzas en la cabellera / de la casa de sus abuelos / donde regresan cada tarde / a calmar la melancolía / dulce que me subyuga.
 
El científico lo escucha caminando entre el sauce y el acacio, de ida y vuelta. Se detiene, alza la vista siguiendo la mirada del poeta, observa atentamente, y asevera con el seño fruncido:
 
- Sueñas, poeta amigo, y te engañas. Este que miras es un salix babylonica de la familia de los salicaceae. Caen las hojas porque es del tipo caducifolia. La corriente de aire mueve las ramas según las leyes inmutables de la física. Distingo entre las ramas tres especies de aves: Mimus thenca, Sporagra barbata, y Moluthrus bonariensis, llamadas vulgarmente tencas, jilgueros y mirlos.  Obsérvalos y verás sus diferencias. Pían conforme a su instinto natural para emparejarse y perpetuar sus especies. Y tu estás aquí abajo, sentado en la piedra, imaginando cosas que no existen.
 
Un místico que está casualmente de paso escucha los versos del poeta y las aseveraciones del científico, los mira en silencio con ternura, y camina lentamente hacia el sauce. Abraza el tronco del árbol, siente que su yo se disuelve y que su espíritu se confunde con el Existente que se oculta en el árbol, en el viento, en los pájaros, en los versos del poeta y en las verdades del filósofo.
 
El poeta lo saluda con un gesto pero no osa interrumpirlo, intuyendo el rapto sagrado en que ha entrado el místico. Se vuelve entonces desafiante hacia el científico:
 
- Tus ojos observan y tus oídos escuchan, pero no ves ni oyes la realidad invisible que siempre nos envuelve. Mira más allá, has que tus ojos perciban la belleza del universo, y déjate seducir. Para sentir la hermosura de las cosas debes crearla en tu interior, y proyectarla al mundo.
El científico replica, molesto con el poeta que lo ha interrumpido en su intento de formular una hipótesis que pudiera explicar el extraño comportamiento del místico:
 
- Eso que llamas belleza es una emoción subjetiva, una creación de tu mente sensitiva. Si observas con atención y método y no te dejas llevar por tus ensueños, puedes conocer la verdad objetiva y expresarla con conceptos claros y distintos y ecuaciones sencillas.
 
El poeta: - Tu conocimiento es frío e inerte, todo para tí son conceptos, teorías, ecuaciones y cálculos. Clasificas, encajonas y cristalizas la realidad.
 
El científico, condescendiente: - Poeta, puedo aceptar que ves en las cosas signos y metáforas de fenómenos que vives en tu mente. Pero no conoces cómo es en verdad la realidad externa, que miras sin comprender su orden racional, sus estructuras lógicas, geométricas y matemáticas, sus leyes de dinamismo y evolución, sus movimientos causales, sus equilibrios sistémicos y sus interrelaciones ecológicas.
 
El poeta no cede: - Tú observas y estudias las cosas con la intención de dominarlas, de someterlas a tus ambiciosos designios. Crees estar por encima del mundo, con derecho a transformarlo, a subyugarlo y hacerlo depender de tu inteligencia y de tu voluntad. Puedo aceptar que entiendes algo del mundo, pero no aprecias sus bellezas recónditas que alegran el alma de los hombres, y así las destruyes.
 
El científico, enfático: - ¡Yo busco la verdad! Tu en eres arbitrario, te dejas llevar por tus deseos y sueños, inventas significados que no existen; divagas, desordenas el mundo y le atribuyes el desorden que hay en tu propia mente.
 
El poeta: - ¡Yo encuentro la belleza, y donde no la hay la creo...!
 
El místico que se había mantenido inmóvil, ausente, ajeno al diálogo entre el poeta y el científico, ha regresado de su viaje espiritual. Vuelto hacia el poeta y el científico, mirándolos cordialmente a los ojos:
 
- La verdad y la belleza son dimensiones de la realidad que es única. Hay verdad en la poesía y hay belleza en la ciencia. Al buscar la verdad y la belleza buscáis lo esencial; pero habéis de saber que eso esencial está más allá de vuestro alcance porque mantenéis vuestras facultades separadas. Por eso estáis inquietos y distantes el uno del otro. Debéis saber que no hay distancia ni diferencia entre la verdad y la belleza, que vosotros las captáis escindidas porque las apreciáis desde fuera, en la forma en que aparecen al exterior. Pero ellas, en lo profundo del ser, son una y la misma cosa.
 
El científico: - No entiendo lo que dices. Yo busco la verdad entera, universal; avanzo lentamente y con método para no engañarme, paso a paso, expandiendo el conocimiento en espiral, sin distraerme. No desdeño ningún conocimiento, pero desecho todo aquello que me desconcentr y saca del camino emprendido, por bueno y agradable que sea.
 
El místico: - El alma intelectiva que busca la verdad vive inquieta y no encuentra la paz hasta que alcanza y se une a la verdad primera, que es el Existente.
 
El poeta: - Intuyo lo que dices, místico amigo. La belleza no tiene principio ni fin, está en todas partes, en todas las cosas. Pero es fugitiva y no puedo dejarla pasar sin que se pierda. Debo atraparla, recrearla interiormente cada vez, en todo tiempo y en cada lugar.
 
El místico: - El alma sensitiva que busca la belleza con pasión vive ansiosa y no descansa sino al unirse a lo sublime y perfecto, que es uno y eterno, que es el mismo Existente.
 
Una misma pregunta asoma en la conciencia del poeta y del científico:
 
- ¿Acaso debemos seguir tus pasos?
 
El místico, que conoce lo que hay en el corazón de los hombres, responde a la pregunta inexpresada:
 
- Cada uno debe ser fiel a su camino, sea el del arte, el de la ciencia o el de la acción. Lo que digo es que debéis abriros a aprender uno del otro. Y llevar cada uno su propia búsqueda hasta el final, hasta allá donde todos los caminos se unen, como los ríos en el mar. Sólo entonces encontraréis la plenitud de la belleza y de la verdad que deseáis.
 
El místico ha dicho lo que tenía que decir y retorna a su silencio. Con una venia respetuosa se aleja, dejando al poeta y al científico pensando.
 
Luis Razeto
(13/06/2015)

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